La obra maestra de Tabárez

No hay planificación perfecta sin rendimientos superlativos: frente a Colombia, Uruguay tuvo el combo que le permitió quedar en la puerta para ir directo al Mundial

Es la noche perfecta. Soñada. Nadie se quiere ir del Estadio Centenario y ya no solo por la victoria 2-0 ante Colombia, el tercer triunfo consecutivo en la instancia más crítica del clasificatorio para Brasil 2014, mirar la tabla y compartir el cuarto lugar (que es quinto por diferencia de goles) con Ecuador –con el que la celeste jugará el 11 de octubre– y la posibilidad de pelear por la clasificación directa al Mundial. Nadie se mueve porque quiere rendirles el homenaje a esos leones que adentro de la cancha ejecutaron el plan perfecto. Ese que tuvo todo lo que se necesita para conseguir los grandes logros. Desde la planificación, hasta la ejecución. Con cada uno de los detalles bien cuidados y atendidos. Por la propuesta de Tabárez, que plantó en la cancha un equipo bien corto, que tomó la menor cantidad de riesgos posibles, y por 11 hombres que realizaron un despliegue encomiable. Así, desde principio hasta el final Uruguay ejecutó la obra perfecta, la obra maestra, que tuvo los ajustes necesarios para darle a la formación los toques que necesitaba en ataque para buscar el triunfo y que le permitió a los uruguayos volver a disfrutar con un grupo de futbolista que siguen haciendo historia.

Uruguay emociona casi hasta las lágrimas. Las palmas de los hinchas, bien coloradas, ya no dan más de tanto aplaudir. La garganta no aguanta más. Otra vez la selección de Tabárez les regala otra noche soñada, fantástica.

El impacto que genera el triunfo ante Colombia minimiza todas las dificultades que sufrió Tabárez para conformar la oncena. Eso magnifica aun más el logro. Sin cinco titulares del partido ante Perú, que también ganó la selección, dos por suspensión, dos por lesión y uno por elección, Uruguay salió a plantear su partido sabiendo muy bien cuáles eran sus debilidades y la necesidad que tenía de hacer un partido largo, que se resolviera en los últimos minutos.

Y así fue. El técnico protegió la defensa, el sector que más había cambiado, porque debutaba Giménez con 18 años, recurría a un bombero como Scotti –que tantas veces supo resolver asuntos de urgencia– y un futbolista que tuvo su momento de gloria como Fucile, pero hacía dos años había caído en desgracia. La blindó con una línea de cuatro volantes que tuvo la clara misión de formar un bloque de ocho hombres que debían desactivar el peligroso juego de los colombianos, que llegaban al Estadio como líderes, con goleadores temibles y una defensa que solo había recibido siete tantos en 14 partidos.

Pese a la buena planificación de Tabárez, el plan sufrió algunos inconvenientes en el comienzo porque Zúñiga superó permanentemente a Álvaro “Tata” González y de allí para atrás, los celestes padecieron algunos sobresaltos, que resolvieron Maxi Pereira y el debutante Giménez.

Colombia tuvo la pelota todo el primer tiempo y con tres remates de gol, que fueron evitados por Muslera, transformó al 1 de Uruguay en la figura de ese período.

Con dientes apretados, la memoria que tiene este plantel de Uruguay y con todo el amor propio, los celestes defendieron el triunfo que venía con valor agregado, por lo que significaba hilvanar la tercera victoria consecutiva.

Uruguay tuvo pocas acciones de riesgo en el arco rival, la primera en el arranque, en una corrida de Fucile, que Lodeiro no pudo aprovechar, y el tiro libre de Suárez a los 40 minutos, que detuvo Ospina. Antes y después fue el partido de Zúñiga y de James Rodríguez, de la pelota en los pies de los visitantes.

En el complemento, Tabárez completó su obra. Con los ingresos de Stuani y Gargano, el técnico le dio al equipo lo que le faltaba: Stuani, que fue puro sacrificio, como Cavani en el Mundial, realizó un gran trabajo como cuarto volante (yendo y viniendo por derecha, cubriendo los espacios que dejaba Maxi Pereira cuando se mandaba al ataque), y Gargano fue el complemento ideal de Arévalo Ríos. De todas formas, Uruguay mantuvo la aplicación a partir de ese 4-4-2 bien sólido y se jugó a encontrar la apertura de contragolpe. Fue así que, a los 77 minutos, Maxi Pereira corrió media cancha y puso un centro perfecto para que Cavani, con una definición también precisa, anotara de cabeza la apertura. Y el broche lo colocó el aprovechamiento de todas las situaciones: la concentración del equipo, que transformó un saque de banda en ataque en el gol de Stuani, que ingresó por el segundo palo.

Con el plan perfecto, por el diseño de Tabárez, la ejecución y el plus que pusieron los jugadores, Uruguay firmó un triunfo que lo devolvió a su lugar y lo dejó muy cerca de ir directo al Mundial.


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