La muralla canaria

Wanderers se fue con bronca de no poder vulnerar a un equipo que hizo un gol y lo defendió
Cómo le puede explicar usted a los hinchas de Wanderers lo inexplicable?
Que en los primeros cinco minutos del partido se vean sorprendidos por su rival de turno. Que a los 4 Boselli sacudió el palo de Burián y que un minuto después el mismo jugador encaró en velocidad, buscando una pelota que le devolvió Alonso, para definir cruzado y poner en ventaja a Juventud en el Viera.

¿Cómo le explica a los parciales bohemios? Si las radios transmiten el mensaje de que el gol convertido por Caué Fernandes, para empatar, fue lícito y que no hubo fuera de juego.

¿Qué se les puede decir a los hinchas de Wanderers? Que vieron como un equipo con escaso plantel y desgastado por el trajín de la doble actividad, llegó al cierre del primer tiempo quemando dos cambios por jugadores sentidos. Y que con el correr de los minutos el golero Fabián Carini se fue transformando en la figura de Juventud al salvar en más de una oportunidad su arco.

¿Qué argumentos se pueden esgrimir para que entiendan lo que les pasó? Que luego del gol Juventud cedió terreno y los dejó andar con la pelota. El elenco canarió se plantó con un esquema 4-4-2.
Cerró espacios por las bandas metiendo a Varela y Boselli sabedor de que Wanderers le iba a tirar el peso arriba. Bajo esas perspectivas la cancha se inclinó. El bohemio empezó a golpear la puerta del gol pero Carini jamás la abrió. Es más, en una oportunidad sorprendió. Sobre la media hora sacó una pelota imposible de Scotti. El volante remató bajo, la pelota se metió en un mar de piernas y llevaba destino de red, pero apareció la mano de Carini para impedir el gol del empate.

¿Como se les puede hacer entender a los bohemios que fueron al Viera que no le pudieron ganar a un equipo que se metió en la cueva? El segundo tiempo fue un monólogo bohemio. Juventud había perdido a Puerari y el técnico se inclinó por Matías Mirabaje como sustituto. El volante se metió en la línea de volantes para formar una línea de cinco a la hora de defender, dejando a Alonso solo colgado arriba.

Y el juego se transformó en un incesante ataque bohemio que chocó contra un muro defensivo levantado por Juventud.

Los hinchas se embroncaron, maldijeron, insultaron al juez, se la agarraron con los jugadores de Juventud, que hicieron su trabajo y terminaron despotricando contra su propio técnico, Gastón Machado, cuando a 10 del final puso a Paiva dejando a Reymundez en el banco.

No había explicación posible para lo que se veía en cancha.
Wanderers probó con Cepellini como armador. Insistió siempre con Cabrera bien abierto por izquierda. Soltó más a Maxi Olivera en el complemento. Como no había forma de entrar por abajo, porque siempre encontró una pierna que opuso resistencia, mandó a Peinado en procura de un cabezazo salvador. Y terminó con un activo Gastón Rodríguez generando juego unos metros más atrás. Y mire como son las cosas: un equipo ofensivo como Wanderers, que busca llegar con juego elaborado, llegó una sola vez con peligro en todo el segundo tiempo. ¿Sabe cómo lo hizo? A través de un tiro de esquina al segundo palo que encontró un remate de Gastón Rodríguez que salvó Carini.

¿Cómo se le puede explicar a los hinchas de Wanderers lo inexplicable? Que dominaron todo el partido, que chocaron contra una muralla defensiva, que hicieron méritos para ganar. No existe una explicación lógica. Es fútbol.

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