La más linda del mundo

Los tricolores dicen que tienen la bandera más grande del mundo, algunos lo ponen en duda, pero lo único cierto es que para los albos es la más hermosa

La expectativa se creó mucho tiempo antes. Tanto, que muchos se habían olvidado que fue el 14 de agosto del año pasado el día previsto para inaugurar la bandera gigante. El clima no lo permitió ese día. Tampoco se pudo desplegar el 18 de setiembre. El jueves sí. Casi ocho meses después. Si habrán juntado ganas los hinchas tricolores y soportado las chanzas de los aurinegros. Pero el gran momento llegó y 45.000 personas estuvieron en el Centenario para vivirlo.

El jueves amaneció nublado. Luego asomó el sol. Y más tarde se nubló otra vez. Pero la decisión estaba tomada. Nada iba a impedir esta vez que el trapo de 2.500 kilos, de 600 metros de largo por 50 metros de ancho, fuera presentada en sociedad. “La bandera más grande del mundo”, según los organizadores.

Los 90 minutos de juego frente a Toluca pasaron inadvertidos antes de que el árbitro brasileño pitara el inicio. El tema de conversación era la bandera. Alegría, incertidumbre, emoción... sentimientos que fueron aumentando los latidos del hincha tricolor. 

Desde la mañana temprano, las redes sociales se hicieron eco de la ansiedad que había para que llegaran las 19:10, el momento indicado para presentarla en sociedad. Y como si fuera el despegue de un cohete a la luna, cuando faltaban 45 segundos, comenzó la cuenta regresiva en el reloj del tablero electrónico de la tribuna Colombes del Centenario. Ya cuando faltaban 10 segundos, acompañó la voz del locutor. Nueve, ocho, siete, seis...

El público se animó y lo siguió. Desde las primeras horas de la tarde la bandera esperaba ese momento arrollada en la parte más alta de la tribunas Colombes, Olímpica y Ámsterdam.

Cinco, cuatro, tres, dos, uno... Los árbitros estaban en el campo de juego, también los jugadores de Toluca. En ese momento asomaron los de Nacional. Pero, por primera vez quién sabe en cuántos años, nadie les dio bolilla. Ni el hincha más fanático se percató que habían ingresado al campo.

Con el cero comenzó la bajada de la bandera. Las cámaras de fotos y los celulares se elevaron al cielo. Los flashes iluminaron aún más la noche alba. Desde la tribuna América, todos filmaban y tomaban fotografías.

“Dale bolso, dale bolso” se escuchaba desde los cuatro costados del Centenario. El trapo continuaba desenvolviéndose y de a poco se observaban las figuras tan celosamente guardadas durante todo este tiempo.

El inmenso escudo de Nacional en el corazón de la tribuna Olímpica, coronado por la torre de homenajes. El Parque Central en la Colombes. Durante dos minutos la bandera onduló, mientras el canto era “a mí me volvió loco ser del tricolor”.

Cómo habrá sido de linda la fiesta que hasta los jugadores de Toluca se asociaron. Porque a los 10 minutos de juego, uno de los defensores le regaló la pelota a Gonzalo Bueno. El juvenil entró al área, eludió al golero y marcó el primer gol.

“Qué alegría, qué alegría, olé, olé, olé” surgió con más fuerza. Un rato después, el obsequio fue del golero y Nacional tampoco lo desaprovechó. El argentino Damonte, casi en la línea, tocó el balón para marcar el segundo. El estadio estalló en un “Da-moon-te”.

Los otros dos goles en el segundo tiempo esfumaron la mufa de las banderas gigantes. Cuando Peñarol inauguró la suya, perdió. El miércoles lo hizo Millonarios de Colombia, y también perdió. Nacional ganó. Y eso, para los hinchas, es un gusto doble.

La bandera volvió a desplegarse al inicio del segundo tiempo. Otra vez, durante dos minutos, se meció ocupando tres tribunas del Centenario. Los hinchas se dieron el gran gusto. Ya tienen su trapo más lindo del mundo. 

El trapo de 2.500 kilos

La confección de la bandera costó US$ 55.000. Se pagó con la venta de números de rifa, bonos colaboración y una cuenta en Abitab denominada “Bandera gigante”, en la que los hinchas colaboraban con un mínimo de $ 200. Alrededor de 5.400 personas depositaron en la cuenta y sus nombres fueron inscritos en la bandera, que pesa 2.500 kilos.


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