La mala experiencia de Peñarol con delanteros importados

El argentino Fernando Toledo será el décimotercer atacante extranjero en el nuevo siglo. Daniel Jiménez, Silvio Mendes y Alejandro Martinuccio fueron los únicos que se destacaron desde el 2001 a la fecha

La llegada del argentino Fernando Toledo a Peñarol desató el agradecimiento de los hinchas de Colo Colo por su salida, la bronca de los parciales mirasoles, que vieron como se descartó el arribo de Diego Ifrán, pero fundamentalmente una nube de dudas en cuanto a su contratación.

¿Toledo es el jugador que Peñarol necesita? El argentino de 27 años, que estuvo presente el domingo en el Estadio Centenario observando el triunfo de sus compañeros ante River Plate, debutó en Chacarita Juniors y desfiló por Sarmiento, Deportivo Cuenca de Ecuador, Al-Ahli de Arabia Saudita, Atlético Paranaense de Brasil, Rosario Central y Colo Colo de Chile. Sus números distan de ser los de un goleador de raza. El atacante sumó 64 goles en 208 partidos como profesional, promediando 0.30 gritos por juego.

Su mejor registro lo tuvo en la temporada 2008-2009 cuando, defendiendo a Chacarita en el Nacional B, marcó 16 goles en 28 partidos, al tiempo que su paso por Atlético Paranaense en 2010, ocho partidos sin goles, fue el punto más bajo de su carrera.

Con esas credenciales el hincha no se ilusiona demasiado. Más si tiene en cuenta que de los once delanteros extranjeros que reforzaron a Peñarol desde 2001 a la fecha, solo se destacaron Daniel Jiménez, Silvio Mendes y Alejandro Martinuccio.

Las consecuencias de las compras por catálogo

En agosto de 2001 fue presentado en Peñarol el brasileño José Adao Fonseca. Tras la marcha de José María Franco a Italia y la lesión de Carlos Bueno, el delantero de la selección de Santa Catarina llegaba como el salvador.

Adao fue titular en la mayoría de los partidos de Peñarol en el Apertura 2001 y anotó cuatro goles. Su mejor acción fue una asistencia en el clásico de ese torneo, para que Carlos Bueno anotara uno de los goles con que Peñarol venció a Nacional 2-1. Su último partido fue por el clásico del Clausura, donde Nacional ganó 2-0, donde salió lesionado por una fractura de clavícula.

En enero de 2002 la esperanza se depositó en el camerunés Joseph Akongo. “Cuando me dijeron Uruguay no tenía ni idea de lo que se trataba, solo conocía lo que me hablaban de las playas, pero me vine igual. La única idea del fútbol uruguayo que tengo es por Francescoli, a quien conocía de su paso por Marsella. Miraba mucho fútbol por televisión y recuerdo un partido en el cual todos los jugadores se tomaron a golpes”, lanzó en su presentación a radio Carve, en francés, haciendo referencia a los incidentes de 2001 que terminaron con jugadores tras las rejas.

La historia de Akongo con Peñarol fue una historia de amor. Pese a disputar 11 partidos y marcar solo tres goles, el hincha le tomó cariño y coreó su nombre luego de su alejamiento, seis meses después.

Para el segundo semestre de 2002 llegó desde Instituto de Córdoba el argentino Daniel Jiménez. El atacante estuvo un año y medio en el club donde redondeó buenas actuaciones y se consagró campeón Uruguayo en 2003, con Diego Aguirre como entrenador. El ariete argentino jugó 39 partidos con Peñarol y anotó 23 goles.

En setiembre de 2004 la apuesta fue por el colombiano Jorge Serna, quien llegaba a sus 24 años con más de 50 goles convertidos en el fútbol cafetero. El delantero compartió la ofensiva con Carlos Bueno y marcó cuatro goles en el Apertura de ese año. Relegado en la consideración del técnico y sin paciencia por parte de los hinchas se alejó del club en diciembre.

En agosto de 2005, José Pedro Damiani cerró el acuerdo con Roberto Brown, apodado como el Bombardero. El delantero panameño llegó a Uruguay recomedado por los hermanos Dely Valdés y acordó un premio económico especial en caso de ser el máximo goleador del campeonato Uruguayo.

Primero dirigido por Morena y luego por Garisto, el delantero nunca llegó al nivel prometido y luego de que Peñarol sumara solo dos victorias en ocho partidos, Saralegui se hizo cargo del equipo, dejando a Brown fuera del plantel.

La vuelta de Gregorio Pérez al club trajo consigo el arribo del argentino Alejandro Delorte. En agosto de 2006 el delantero de 1.99 metros de altura se hizo presente en Los Aromos y se puso a las órdenes del mismo entrenador que lo dirigió en Olimpo. El argentino jugó 15 partidos con Peñarol y anotó cinco goles. El más recordado fue ante Nacional en el clásico del Apertura, que ganó Peñarol 4-1.

Luego de la salida de Delorte al Brescia de Italia, Gregorio solicitó la llegada del brasileño Silvio Mendes, quien arregló un premio de U$S 250 por cada gol convertido. El norteño anotó nueve goles en Peñarol. Los más festejados por el hincha mirasol son los dos que les convirtió a Nacional en el clásico del Clausura.

La llegada de Gustavo Matosas a Peñarol derivó en el arribo del colombiano Leonardo Fabio Moreno al club. El delantero fue una verdadera decepción ya que llegaba precedido de buenas actuaciones en su país y en el fútbol argentino. Un solo gol, ante Miramar Misiones, le quitó la confianza del entrenador y los dirigentes.

La última gran llegada fue la de Alejandro Martinuccio en 2009. El delantero de Nueva Chicago fue recomendado por Fabián Césaro y debutó con Julio Ribas. Sus mejores momentos en el club fueron en la obtención del campeonato Uruguayo de 2011 y el vicecampeonato en la Libertadores de 2011, ambos torneos con Diego Aguirre. En total jugó 72 partidos con el mirasol y anotó 17 goles.

Los últimos tres arribos fueron también desde Argentina. Jonathan López llegó y duró seis meses. Una fuerte pubalgia lo marginó durante varios meses de la competencia oficial. Pudo debutar el 20 de setiembre ante Defensor Sporting y no marcó goles. Se fue a los seis meses. Nicolás Ramírez recorrió un camino similar.

El ex Lanús llegó por impulso de Juan Pedro Damiani en agosto de 2012 y debutó en octubre ante Central Español. No conformó y fue bajado a tercera División hasta la finalización de su contrato.

El 3 de febrero de 2013 se sumó a los trabajos Mauro Fernandez. El delantero llegaba de Estudiantes de La Plata y alternó con Jorge Da Silva, Diego Alonso y Jorge Goncálvez. Aún está bajo la lupa.

Las experiencias recientes le demostraron a Peñarol que la compra por catálogo no es efectiva. Toledo llega con antecedentes negativos a un equipo que tiene varios delanteros. El tiempo dirá si la apuesta valió la pena o si fue otro error importado.


Fuente: Danilo Costas, Twitter.com/DCostas8

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