La madurez de Cuevas se mostró ante Federer

Pablo Cuevas jugó de igual a igual y cayó ante Roger Federer en la final del ATP de Estambul; el balance de la semana le deja muchos puntos positivos

Si Pablo Cuevas necesitaba algo para convencerse –y convencer a algún incrédulo que quede en la vuelta- que está para pegar el salto y cumplir su sueño de top ten, ayer la realidad le mostró lo contrario. El uruguayo peleó durante una hora y 36 minutos con Roger Federer, el mejor tenista de la historia, en el polvo de ladrillo turco. No fue su mejor partido, como él mismo reconoció luego, pero con el asterisco de que el suizo lo forzó en cada punto como sólo lo pueden hacer los mejores. Pero Cuevas también lo hizo, para generar un segundo set de gran nivel y cabeza a cabeza. Al final, tras un break point que se fue a 24 puntos (13-11), el suizo le ganó al uruguayo 6-3, 7-6 (11) y se quedó con la final del ATP 250 de Estambul.

“Hoy no apareció mi mejor tenis, no saqué bien y no pude cruzar el revés, lo que me hubiera ayudado a poner a Roger más incómodo. En el segundo set, así y todo tuve oportunidades de ganar para jugar una última instancia”, reconoció Cuevas. Y eso es otro punto que se llevará de este torneo: la madurez para ver con claridad el juego y saber que no fue su mejor tarde. Le faltó esa intensidad de otros momentos del año e incluso de esta semana, cuando casi cada pelota era pesada y profunda, cuando el revés a una mano mandaba tiros cruzados que sacaban a sus rivales del cuadro de la tv, cuando su saque dejaba a sus rivales casi de rodillas.


Pero madurez también es encontrar respuestas cuando las cosas no aparecen. Fue, en alguna medida, lo opuesto a lo que pasó en Río, cuando Cuevas jugó algunos de sus mejores puntos del año, pero también sus peores, sobre todo en lo mental. Esta vez, Cuevas fue fuerte, y aún con molestias en su brazo que merecieron la atención médica, se levantó y terminó jugando su mejor tenis cuando la mano venía torcida.

En Estambul, el uruguayo la tuvo que remar todo el partido de atrás, desde que el suizo le quebró en el segundo game del primer set. Fue un parcial medianamente parejo, pero en el que el suizo sacó muy bien y casi no le dio opciones al salteño, además de presionarlo todo el tiempo con buenas devoluciones. Cuevas peleó, pero no tuvo opciones de quiebre, y el suizo se llevó el primer parcial 6-3.

Pero en el segundo set apareció otro Cuevas. Si el común de los casos es que los jugadores se terminen quebrando ante un rival como Federer, que mete prácticamente todo, allí apareció el mejor juego del uruguayo. El partido subió un escalón en intensidad, con un Cuevas que logró ser más agresivo y meter pelotas más profundas, mover al suizo y bajar la cantidad de errores no forzados, y forzar a Federer a sus primeros.

Ninguno había logrado quebrarse hasta el séptimo game, cuando el N°2 del mundo se puso 4-3 y quedó al borde del título. Sin embargo, Cuevas se levantó en el siguiente, para recuperar un quiebre que hubiese sido lapidario. Y después siguió luchando, para levantar tres break points en 0-40 y ponerse 5-4.

En el tie break fue otra volver a remar. El suizo tuvo cinco match points que levantó el salteño, que no pudo aprovechar los tres suyos: el más claro fue al subir y dejarla en la red para quedar 11-11, lo que llevó a que dos puntos después Federer asegurara la victoria y el título.

Cuevas perdió, pero se lleva muchas cosas de Estambul, además de los 150 puntos. Llegó a sula quinta final de su carrera (primera perdida), le ganó a Dimitrov (11° del mundo) y mantuvo su gran momento sobre polvo de ladrillo. Pero sobre todo, demostró que en esta superficie le puede pelear a cualquiera. Aun al mejor de la historia


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