La joya del estadio de Peñarol está cerca

A seis meses del comienzo de las obras, el futuro recinto carbonero va tomando forma y es una realidad

Lo que hace seis meses era un montón de césped y yuyos, hoy es una realidad: el futuro estadio de Peñarol está muy bien encaminado y va tomando forma.

Pese a que llovió mucho durante este tiempo, ya se llegó al 20% en una megaobra que hoy tiene a 170 obreros trabajando y que en un tiempo duplicará esa cantidad.

El director de la obra, Néstor Sclavi cuenta que los fines de semana “es una atracción turística. Cientos de automóviles paran al costado de la ruta y se tuvo que reforzar la seguridad porque la gente se metía en la obra”.

Además, llega gente que tiene trabajo estable, pero que pide “‘por favor, dejame trabajar acá’, porque quieren formar parte de la historia de Peñarol al trabajar en lo que será el futuro estadio”.

O la señora que le susurró al presidente Juan Pedro Damiani que “la fuerza que saca mi marido –quien está enfermo– para seguir con vida, es venir a ver el estadio”.

Y como esas, mil anécdotas más que se llevan contadas en estos seis meses que se cumplieron ayer del comienzo de la obra.

Alejandro Ruibal es el vicepresidente de SACEEM, la empresa que se encarga del estadio y no oculta su orgullo mesurado.

“La obra va muy bien pese al clima –que ha llovido mucho– en el primer semestre del año. Va en un muy buen ritmo y venimos dentro del cronograma”, explicó Ruibal a El Observador.

Y agregó: “Se está terminando el movimiento de tierra, en plena tarea de fundaciones, pilotaje, cabezales, sanitaria y el prefabricado de piezas para empezar a montar en breve las distintas tribunas”.

Eso comenzará sobre el 23 de agosto y para principios de noviembre –si el clima acompaña– se espera poder comenzar a sembrar lo que será la cancha.

Hay que estar allí para ver lo gigante que es esta megaobra.

El único que ya tiene su butaca allí es Fernando Morena, el máximo goleador en la historia del fútbol uruguayo. La misma aparece en soledad con el nombre escrito en el respaldo y es testigo todos los días.

Al respecto, Ruibal sostiene que “el palco tiene las comodidades que todos conocen, cerrado y permite tener otro tipo de reuniones. El butaquista en este estadio es un espectador privilegiado, va a tener una muy buena vista desde cualquier butaca en el lugar en el que esté ubicada, una buena distancia a la cancha y, además, la posibilidad de estar con todos los servicios que tiene el palquista, es decir, plaza de comidas o acceso preferencial. Creo que en este estadio, las butacas son un producto fundamental”.

Se podrían dar mil datos técnicos, pero lo que le interesa al hincha y al socio de Peñarol es ver que la obra sigue avanzando a buen ritmo.

En ese contexto, la venta de butacas continúa a buen ritmo y los palcos –como se sabe– están todos vendidos. La pasión aurinegra no tiene freno.

 

DAMIANI: "ES EL HIJO DE PEÑAROL"

El presidente de Peñarol no ocultó su alegría por cómo avanzan las obras del estadio. “Los que lo soñamos, lo vivimos muy intensamente y uno lo quiere como un hijo de cierta manera, aunque es el hijo de Peñarol. Va a ser como una catedral para los creyentes. Le pido a la gente que vaya, que vea eso, que participe porque lo vi el sábado con cantidad de niños y matrimonios y allí se van a escribir muchas páginas de gloria de la institución. Sentarme en lo que será la futura Tribuna Ámsterdam para mí fue muy movilizante”.


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