La intimidad del campeón

Malvín consolidó un proyecto que lo rescató de la quiebra y lo llevó a obtener otra estrella. La estadía en Punta Del Este, las bromas a Kanté y el sacrificio de Elsener son algunos de los secretos del playero

Lograr éxitos en un deporte tan competitivo y volátil como el básquetbol insume una ardua tarea. La tercera estrella obtenida por Malvín, es producto de la construcción de un proyecto sólido que lo rescató de la quiebra deportiva.

Prometerle a los hinchas playeros, en mayo de 2006, que algunos años después el equipo tendría tres Ligas Uruguayas en sus vitrinas era, de acuerdo a la coyuntura, un chiste de mal gusto.

“En febrero de 2006 asumimos la conducción total del club y realizamos un diagnóstico total para conocer a fondo los problemas estructurales y financieros. Convocamos una asamblea de socios para ponerlos al tanto. Estábamos a la deriva, totalmente desfinanciados y le debíamos sueldos al personal. Era imposible competir. Hicimos una campaña de socios, bajamos la cuota y realizamos un plan de negocios a futuro de acuerdo al equipo de trabajo que se formó. Hicimos las contrataciones de a poco y con incertidumbre, mientras buscábamos darle un perfil empresarial a la institución”, dijo a El Observador Sergio Somma, actual presidente del campeón.

En la edición 2006-2007 la gloria tocó la puerta del playero, confirmando la resurrección del club y la canonización deportiva de varios referentes como Fernando Martínez y Marcelo Pérez.

“Pasaron 69 años para ser campeón y no se olvida nunca más, aunque este logro también tiene un sabor exquisito porque fue muy complicado. Desde el inicio se nos lesionaron extranjeros y casi nunca pudimos tener todo el plantel a la orden”, agregó el titular.

“Malvín tiene un equipo de trabajo que me dio muchas satisfacciones. Cada jugador dio lo mejor que tenía para que el equipo creciera”, afirmó Pablo López, DT playero en las tres ligas ganadas.

Para el estratega, al trabajo grupal de todo el año se sumó una iniciativa muy interesante desde la dirigencia: llevar al plantel a trabajar a Punta Del Este luego de eliminar a Atenas en semifinales y esperar por los demás cruces. “El mérito es del presidente Somma que tuvo la iniciativa. Nos sirvió para trabajar, convivir durante algunos días y fortalecer el grupo.

Tenemos que destacar el excelente recibimiento de Alfredo Venditto en su restorán”, expresó el entrenador. 

“La idea a Punta del Este no fue una concentración, sino romper un poco la rutina y cambiar de aire. Las actividades fueron grupales, nunca individuales. Y creo que funcionó. Es muy importante el tema grupal. Obviamente los resultados ayudan. Pero también tuvimos nuestros puntos complicados”, dijo Somma sobre la experiencia.

“Lo fundamental fue tener mucho tiempo para nosotros como grupo. Las actividades en Punta Del Este nos ayudaron para lograr el objetivo. Fue un momento de unión. Nos juntábamos 12 jugadores en una habitación de 3x3 para hacer un campeonato de Xbox”, reveló Germán Silvarrey.

Como en todo vestuario, hay dos o tres jugadores bromistas. En el caso de Malvín, todas las voces apuntaron a Fernando Martínez y Silvarrey.

“Cuando llegué a Malvín ya tenía mucha afinidad con el ‘Enano’. Es un tipo muy gracioso. Hacemos bromas para levantar el ánimo. A Kanté le decíamos oso panda y se ponía malísimo, hasta que nos agarraba del cuello y nos paseaba por toda la cancha”.

El entrenador nunca participa: “De las bromas me mantengo lejos, pero sobre todo lejos de Kanté”, confesó López entre risas.

Un capítulo aparte es para Alexis Elsener. El argentino viajó en auto para ponerse a las órdenes a partir de la tercera final. “Que Elsener viniera manejando con sus padres desde Córdoba fue una muestra importante”, cerró el presidente del club que, junto a Peñarol, son los únicos en Uruguay que cuentan con el certificado de calidad ISO90001. Certificado de campeón.


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