La increíble maldición de Benfica sigue en pie

Hace 50 años el DT Bela Guttmann se fue y predijo que el club nunca alcanzaría otra copa europea. Este miércoles perdió su octava final, ante Sevilla y por penales

"Nem em cem anos o Benfica vai conquistar outra taça europeia" (Ni en cien años, el Benfica conquistará una copa europea). La frase, que pesa como una pierda en el club lisboeta, fue pronunciada por el entrenador austro-húngaro Bela Guttmann, cuando dejó el equipo portugués.

Guttmann, había ganado dos Copas de Europa, en los años 1961 y 1962 con el Benfica, fue despedido al no acceder el club a concederle un aumento de sueldo, poco después de ganar el segundo título continental.

Desde entonces, el club lisboeta ha disputado siete finales continentales, cinco de Copa de Europa o Champions League y dos de Copa de la UEFA o Europa League. Todas las ha perdido.

Este miércoles, en una nueva final de la Europa League, tenía la octava oportunidad de romper ese maleficio, en el partido decisivo contra el Sevilla en Turín. Pero a pesar de dominar gran parte de los 130 minutos del partido y el alargue, terminó cayendo por penales.

La historia.
Guttmann, licenciado en psicología y profesor de baile, como sus padres, llegó al Benfica en 1959 y remodeló la plantilla. Fichó a jóvenes de las colonias portuguesas de la época, como Mozambique, de donde trajo al mítico Eusebio.

Ganó dos Copas de Europa, en la finales ante dos equipos españoles. Primero, en 1961, derrotó al Barcelona (3-2), en la llamada 'final de los palos', en la que los catalanes estrellaron cuatro veces el balón en los postes, mientras que en 1962 derrotó al Real Madrid por 5-3.

Pocas semanas después de aquella final, sería despedido por pedir más dinero, y lanzó su maldición.

Desde entonces cayó en cinco finales de la Copa de Europa o Liga de Campeones: en 1963 (con el chileno Fernando Riera como técnico, ante Milan), en 1965 (contra Inter), en 1968 (en que su rival fue Manchester United), en 1988 (cuando cayó ante el PSV Eindhoven), y por último en 1990 (al perder con el Milan).

También perdió dos finales de la Copa de la UEFA o Europa League: en 1983 (contra el Anderlecht) y en 2013 (frente al Chelsea).

Guttmann entrenó en doce países, tres de ellos sudamericanos, ya que condujo al Quilmes argentino en 1972, al Sao Paulo brasileño en 1957-58 y Peñarol en 1962.

Creador del 4-2-4
En Brasil se dice que Guttmann tuvo un papel importantísimo en la conquista auriverde de su primer título mundial en 1958, ya que introdujo su revolucionario sistema 4-2-4 en Sudamérica cuando entrenó al Sao Paulo, con el que conquistó el campeonato paulista en 1957.

Para romper el conjuro de Guttmann, el 28 de febrero de 2014, el Benfica colocó frente a la puerta 18 del Estadio da Luz una estatua de bronce del extécnico, de dos metros de altura, realizada por el escultor húngaro Szatmari Juhos Laszlo.

"El embajador de Hungría, Norbert Konkoly, pensó en una solución para el problema. Habló con el presidente del Benfica y se decidió que la solución era colocar una estatua en el estadio con las dos Copas de Europa en sus manos. Así regresa al Benfica y la maldición desaparece, con lo que llegarán los resultados", dijo en la inauguración de la estatua, el secretario de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores de Hungría, Zsolt Nemeth.

Rui Gomes da Silva, vicepresidente del Benfica y exministro portugués, aseguró en la inauguración que "no se trata de exorcizar a ni nadie, sino de hacer el homenaje debido" al extécnico.

Benfica de esta forma trató de congraciarse con Bela Guttmann, un judío húngaro, que tiene un vacío en su biografía, ya que nada se sabe de él entre 1939 y 1945, durante la Segunda Guerra Mundial.

Un hermano suyo murió en un campo de concentración nazi, pero Bela Guttmann nunca contó qué hizo esos años. Cuando le preguntaban, el extécnico respondía: 'Dios me ayudó'. Seguramente, alguna ayuda de arriba tuvo para continuar la increíble maldición.


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