La gesta que faltaba

Barcelona, acostumbrado a acumular títulos y destrozar récords, logró una remontada épica para saldar a todo fútbol su clasificación a cuartos de la Liga de campeones

Debe existir alguna explicación lógica. No puede ser producto de la casualidad. Tampoco se puede atribuir a la suerte.

Cuando se dice, como escribió el diario Marca en la previa del partido que: “Lio no ha sido Messi en los últimos partidos importantes del Barcelona: la ida frente al Milan y los dos enfrentamientos ante el Real Madrid. Estuvo

desaparecido”. Y cuando se afirma diciendo: “La derrota en San Siro fue un golpe tan tremendo que todavía no ha sido digerido por un equipo incapaz de encontrar las soluciones a su baja forma”.

¿Qué se puede argumentar de un jugador al cual su propio compañero no lo ve bien?

“Yo no soy hipócrita, no maquillo las cosas. Es evidente que en los últimos partidos ha estado bajo anímicamente. ¿Por qué? No lo sé, no he buscado saberlo. Sólo quiero saber lo que a uno le interesa compartir. Y si a alguien no le interesa compartir su vida o lo que vive, ¿quién soy yo para preguntar? Respeto su espacio. Pero he notado que estaba un poco más cabizbajo de lo normal. Pienso que lo que le diferencia de los demás es que tiene mucha personalidad y cuando se equivoca, vuelve a insistir”, comentó Dani Alves sobre Lio Messi en el mismo periódico español.

Tampoco hay una razón lógica para explicarlo cuando las apuestas marcaban el avance de Milan.

“La remontada es poco probable según los traders de Betfair. El pase del Milan se paga a 1,61 euros por euro invertido mientras que el azulgrana se cotiza a 2,25 en Betfair”, reveló Marca.

Pero hay realidades que marcan y que son capaces de derrumbar cualquier pronóstico previo.

Quienes creen en el fútbol, en hacer posible lo imposible, en apelar a la épica a base de buen juego y de intensidad total volvieron a tener razón.

Barcelona borró a Milan de Camp Nou en una de esas noches que se recordará por mucho tiempo. Es que, al margen de la remontada, se debe tener en cuenta la forma en que se logró.

Barcelona no apeló al patoterismo, a salir a tirar el peso de la localía ni mucho menos. Hizo ni más ni menos que lo único que sabe hacer: jugar. A los 5’ Messi encendió la ilusión, a los 39 igualó la serie, a los 55’ Villa aseguró la clasificación y a los 92’ Jordi Alba, desató la fiesta.

Acostumbrado a destrozar récords, a acumular títulos como si no costara, a doblegar rivales en las finales con facilidad pasmosa, Barcelona necesitó esta vez remontar el 0-2 de San Siro y golear a Milan 4-0, una gesta que el equipo aun no tenía en su repertorio, para clasificar a cuatros de final de la Liga de Campeones.

Xavi dijo hace unos días que este equipo, esta fantástica generación que pasará a la historia no solo por todo lo que ha ganado sino por cómo lo ha ganado, quizá necesitaba una remontada épica para ser eterno. Y la logró de la mano del mejor Messi y ofreciendo todas las virtudes del decálogo futbolístico que le ha hecho grande y que parecía haber dejado olvidado estas últimas semanas.

Hay una explicación lógica. No es producto de la casualidad. Tampoco se puede atribuir a la suerte. Es Barcelona, el mejor del mundo.


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