La franja maldita: Danubio le cortó la ilusión a Nacional

El tricolor salió a su cancha con la ilusión de descontar puntos sobre Peñarol pero se encontró con un Danubio acostumbrado a arruinar fiestas
Acá estoy. Parado en las escaleras del Parque Central esperando que se abra la puerta para salir. Y como pocas veces se siente el silencio. A mi alrededor gente petrificada. Con una extraña sensación de describir. Sin ánimo siquiera de protestar para que la dejen salir. Siente como si algo se les hubiera escapado de las manos. Una sensación de vacío. A juzgar por los rostros y las escasas palabras, un golpe durísimo.

No era para menos. El equipo de Munúa tenía todo a pedir de boca. El Parque colmado como forma de reconocimiento por la entrega del equipo en la Copa Libertadores. La gente empujando desde las tribunas. Peñarol se había comido una goleada y regalaba la posibilidad de volver a sentir el campeonato al alcance de la mano. Danubio desembarcaba en el Parque Central sin cuatro figuras: el goleador Olivera, el generador de juego Grossmüller, el capitán Pablo Lima y el otro lateral titular, Peña. Era revivir.
Pero lo que pintaba para fiesta en tres colores terminó en pesadilla, recriminaciones, insultos y hasta algunos golpes en la platea. Terminó en una increíble noche de terror provocada por un equipo acostumbrado a estas historias.

¿Qué pasó? Se pueden brindar muchos argumentos. Agotamiento físico, lesiones, bajas. Es preferible definirlo de una simple forma: en la cancha hubo un equipo que fue superior al otro.
Después que Gamalho, un brasileño que no parece brasileño, se comió un gol a los tres minutos y que Etulain le sacó una pelota de gol a Carballo, Danubio despertó y fue la franja maldita de tantas veces. Parado con cuatro hombres en el fondo, tres volantes de marca, dos para generar y un punta, el equipo de Leo Ramos le cerró los caminos a Nacional.

Sin generador de juego y con un 9 de escaso aporte, el tricolor quedó a merced del ímpetu de Fernández y alguna diagonal de Barcia.

Pese al desorden, siempre estuvo latente el gol de Nacional. El tema es que nadie esperaba que su defensa viviera una noche para el olvido. A los 26' Polenta pretendió salir jugando, la perdió y adiós mi flor. La pelota le quedó a Sosa que de media distancia no perdona y colocó la pelota bien abajo, contra un palo, para poner en ventaja a la franja.

Y fue como un castillo de naipes. Fucile no acertaba una por derecha y empezó a jugar con la tribuna en contra. Espino pasó una pelota mal de cabeza, y Polenta era una buena y una mala. El tema es que Danubio no sacó provecho del desconcierto. Se quedó metido en la cueva y casi le cuesta caro. Sobre la hora del primer tiempo un tiro libre de Fucile besó el palo y Etulain salvó dos veces.

Para el complemento Munúa cumplió con el deseo de la gente. Movió piezas. Afuera Gamalho y Carballo para jugarse al todo o nada con Amaral y Barbaro.

Y Nacional empujó en los primeros minutos del segundo tiempo. Animado por su gente, con Amaral por derecha comenzó a generar problemas. Pero fue una ráfaga. Un remolino de gente en el área que terminó cuando Danubio empezó a aprovechas los espacios y supo leer el partido. Toque corto y que corra la pelota.

Fue así como la franja dispuso de tres situaciones de gol. A los 8' tapó Conde ante Tabárez, enseguida un remate de Sarachi pasó cerca y sobre los 15' Graví no pudo definir bien ante el golero tricolor.
Y de ese modo el partido fue camino a la zona donde los nervios entran a jugar un rol preponderante. Cuando la tribuna local exige, se perturba, pierde la paciencia y todo le molesta.

Y la irritación ganó el ambiente. Munúa volvió a probar con otro 9 de área al dar ingreo a Mascia, pero a esa altura Nacional estaba más para el golpe de nocaut que para empatar.

El medio se empezó a quedar sin piernas. Sustituido Romero, Porras quedó como navegante solitario y la cancha quedó más grande para un Danubio que se revolvió como pez en el agua.

Sobre la media hora avisó Barreto y a cinco del final Ardaiz se comió el segundo.
La historia se terminó de sentenciar a dos minutos del final. Conde tapó un cabezazo de Graví y el rebote le quedó a Barreto.

Fue el fin de una noche que comenzó con la ilusión de revivir y terminó con la pesadilla de hipotecar una buena parte del campeonato. Por culpa de la franja. l

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