La final es para los educados

Pizzi y Martino tienen equipos que tomaron lo mejor de Bielsa; un duelo de Rosario a Nueva York
Hoy a partir de la hora 21, Chile y Argentina, los dos mejores equipos del continente, volverán a verse las caras como hace un año para definir quien se queda con la Copa América.

Pese a que entre una final y otra pasó menos de un año, los equipos modificaron su fisonomía por diferentes situaciones pero mantuvieron intacta su esencia.

Chile cambió de entrenador tras la salida de Jorge Sampaoli y el arribo de Juan Antonio Pizzi, al tiempo que Argentina tuvo tiempo para que Gerardo Martino pueda darle forma permanente a un equipo que jugaba formateado con la idea mundialista de Alejandro Sabella.

La final de hoy no será una revancha para ninguno de los protagonistas, sino una oportunidad de ver en acción a los equipos que mejor juegan en América y que tienen en común la vocación ofensiva, la posesión del balón, el juego asociado y la intención de dar siempre espectáculo.

Detrás del método Bielsa

Detrás de esas características, aparece la mano maestra de Marcelo Bielsa. ¿Por qué? Porque fue el cultor de que Chile potenciara a una generación única de futbolistas, les cambió la mentalidad y los sometió al pánico de abandonar el discurso adaptado.

El miedo al cambio muchas veces paraliza, incluso a los que necesitan ese cambio más que nadie y más que nunca.

Desde su rigidez teórica, el rosarino los convenció a todos, no sin antes tener cruces con las estrellas de un equipo que no querían incorporar una nueva idea, entre ellos Arturo Vidal.

En Chile, el fenómeno Bielsa trascendió las fronteras del fútbol. Educó a un país en cómo utilizar los recursos genuinos para transformar la mentalidad, los convenció de que había materia prima para ser una potencia y desafío a las voces grandes del continente, contrarias a evolucionar como señal equívoca de perder identidad.

Fue eso lo que Bielsa inyectó en sus hombres: el deseo de tirar la identidad a la papelera de reciclaje y apostar por la construcción de una nueva. Era, sin dudas, el camino más largo y extenuante, pero la recompensa estaría en el tránsito y en el desafío de semejante cambio cultural.
Bielsa
Marcelo Bielsa sembró sus ideas en los dos finalistas de la Copa América.
Marcelo Bielsa sembró sus ideas en los dos finalistas de la Copa América.

Bielsa, ajeno a los flashes y los egos individuales, se fue cuando creyó que la revolución de las bases estaba completa luego del Mundial de 2010. Jorge Sampaoli, un sucesor con el libro de Bielsa como texto de cabecera, tomó el mando y se encargó de darle el puntillazo final en la Copa América de Chile.

Al margen de las teorías conspirativas, Chile fue el equipo que mejor jugó al fútbol y maniató desde el juego a equipos con una calidad individual superior.

El legado de Bielsa también está en lo corporativo de un equipo donde brillan Vidal o Sánchez, pero donde todos ejecutan la idea con la misma pasión e intensidad. Sampaoli equilibró aún más las fuerzas, dejó al equipo desarrollar su manual favorito y el resultado fue indiscutible.

En Argentina, Bielsa llegó al cargo luego del Mundial de Francia 1998 que tuvo a Daniel Pasarella y cosechó amores y odios por igual. El pánico escénico al cambio de paradigma vivía su momento más caliente.

Modificó figuras tácticas, potenció jugadores y quedó expuesto al juego despiadado que eleva a los ganadores y desprecia a los perdedores. Luego de una eliminatoria que cosechó elogios en todo el planeta, la eliminación tempranera en el Mundial de 2002 fue un golpe al mentón. Sin embargo su contrato fue renovado, señal de reconocimiento en el fracaso deportivo y dos años después ganó los Juegos Olímpicos por primera vez en la historia de su país con un equipo muy ofensivo y que –para riesgo de los conservadores- tampoco recibió goles en contra.

Luego de su alejamiento, Argentina vivió en el limbo de entrenadores sin un patrón definido, hasta la llegada de Martino, que le sacó el polvo a los guiones del Loco.

El remedio de los pragmáticos

Como los pragmáticos se agarran de los números porque ahuyentan especulaciones, el recurso es más que válido.

Argentina ganó todos los partidos disputados en el certamen, anotó 18 goles y solo recibió dos.
El reparto de goles tiene como protagonistas a Lionel Messi (5), Gonzalo Higuaín (4), Erik Lamela (2), Ezequiel Lavezzi (2), Ángel Di María (1), Ever Banega (1), Sergio Agüero (1), Nicolás Otamendi (1) y Víctor Cuesta (1).

El equipo de Pizzi fue de menos a más en el torneo, volvió a las raíces que lo refundaron como una potencia y se dio el lujo de anotar 16 goles. El reparto ofensivo tiene como actores a Eduardo Vargas (6), Alexis Sánchez (3), José Fuenzalida (2), Arturo Vidal (2), Edson Puch (2) y Charles Arangüiz (1).

Desde la arista que se someta el análisis, Chile y Argentina son los mejores y por más que edificaron sus carreras en equipos distintos, Martino y Pizzi llevan el sello de la escuela rosarina. Esa misma que algún día tuvo a Messi, Valdano, Menotti y a un loco más que cuerdo.

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