La final del mundo para Urrutia: campeón o se vuelve a casa

Para Santiago Urrutia, conquistar el campeonato de IndyLights este fin de semana es la única llave para abrir otra puerta en su futuro
Por Mario Rosa

Parece hasta cruel: después de levantar un año complicado en la Indylights, en la que llegó a estar a 45 puntos del líder, hoy Santiago Urrutia llega a la última fecha del torneo en la cima por apenas un punto, pero con una sola opción para poder seguir su carrera deportiva hacia lo máximo: ser campeón.

Ciertamente eso es un anhelo para los 15 pilotos que este año tomaron la salida en la IndyLights, pero solo uno lo alcanzará. ¿Y si no se logra?

Pues los otros 14 tienen la chance o bien de seguir en la misma categoría, o algunos incluso cerrar acuerdos para la siguiente temporada de la IndyCar, la máxima categoría de ese país y la segunda en importancia del universo de la competición.

Pero esa no es la situación de Santiago Urrutia. Todo lo contrario. Su menguada billetera no le permite siquiera sentarse a negociar con un modesto equipo, sea de IndyLights o de IndyCar. Porque así es la realidad del automovilismo: el piloto, además de talento, necesita espónsores que le ayuden a negociar la entrada en un equipo.

El título de la IndyLights, que está en juego hoy, es para el uruguayo una tabla de salvación: con él vendría la beca de la automotriz Mazda, que le daría cerca del 50% (un poco menos una vez que se descuentan impuestos) de los US$ 1.300.000 necesarios que un piloto debe poner sobre la mesa para negociar con un equipo para ingresar al gran mundo de la IndyCar estadounidense.

"No sé si en Uruguay tienen idea de lo que significa tener un compatriota en las 500 Millas de Indianápolis" Eliseo Salazar, Mánager de Santiago Urrutia
Esa beca sería un hecho histórico para su carrera deportiva pero también para el deporte uruguayo, ya que se convertiría en el primer celeste en competir en las 500 Millas de Indianápolis, la carrera más vieja del mundo (100 años) y la más taquillera, con 500 mil personas rodeando el impactante óvalo.

Pero la beca, al igual que en 2015 cuando la consiguió en la Pro Mazda, es la llave que le abre la puerta a su siguiente paso. Porque significa un dinero en mano que difícilmente consiga en Uruguay, y porque la misma beca genera interés en los equipos de IndyCar: con ese dinero asegurado, el piloto campeón pasa a ser apetecible para cualquier equipo.

No parece tener sentido que un piloto que en su primer año logra destacarse tanto en IndyLights, deba depender exclusivamente de ganar el título para seguir en carrera. Pero la experiencia no es nueva para Urrutia.

En 2015 el título de la Pro Mazda le permitió seguir un año más gracias a la beca de
US$ 350 mil asegurarse un lugar en la categoría superior, y tener entonces este presente formidable.
¿Y si no consigue el título? Es una buena pregunta de no simple respuesta. Pero el joven piloto de 20 años recién cumplidos, tiene dos puntos a favor que tal vez le empujen hacia la IndyCar.

"Sé lo que cuesta el dinero, así que lo que aporta mi país a mi carrera lo valoro mucho", Santiago Urrutia.
Por un lado, está inmerso en un automovilismo algo más humano que el europeo. Pese a que las reglas de juego son similares a Europa –billetera mata talento, se puede resumir– EEUU prioriza –todavía– el talento. Ese que ha distinguido al piloto coloniense a espacios de reconocimiento que ni en Uruguay era posible imaginar. Hoy el nombre Urrutia suena en todos los ambientes del automovilismo estadounidense con vigor, incluyendo su sorprendente éxito en las redes sociales.

Lo otro que le puede jugar a favores el "plan recambio" del automovilismo estadounidense. Los Montoya, Castroneves y varios referentes están en el ocaso de sus exitosas carreras y la entrada de jóvenes promesas es una oportunidad clara.

Sea como sea, todo el futuro está en sus muñecas, en la velocidad con las que las siga moviendo especialmente este fin de semana que todo se define.

Nadie le reprochará nada. La misión ha sido más que cumplida este año y si no consigue el título, para cualquiera que entienda o no de este mundo de las carreras de autos, Santiago Urrutia es un notorio ganador.

La presión –bien entendida– se la pone exclusivamente él. Para seguir allá hacia lo máximo, el título es la única opción. No es una presión, es una forma de competir que lo ha acompañado desde que en 2010 decidió solito con 13 años poner proa rumbo a Europa.


La prueba Indycar en Sonoma

Europa y la Fórmula 1 está lejos del horizonte de Urrutia al menos inmediato, ya que allí una billetera abultada es la condición sine qua non para poder estar a un nivel similar al que ostenta hoy en EEUU (ver cifras). Por eso, la reciente prueba realizada al auto de IndyCar en el autódromo de Sonoma (California) puede jugar a favor del uruguayo, para dar el siguiente paso con un presupuesto algo inferior a lo habitual.

La impresión que dejó fue muy positiva en propios y ajenos porque con muy poco tiempo en pista llegó a registros muy competitivos pero con una buena evolución en cada salida a pista. La pregunta entonces surge sola: ¿cuál sería su techo?

Sin billetera abultada, la prueba en Sonoma puede ser una muy buena tarjeta de presentación para el plan "recambio" de pilotos que a la vista plantea la IndyCar. Es que allí sí quedan todavía equipos listos a apostar a jóvenes promesas, más que a las billeteras.

Eso sí, con el título y la prueba en Sonoma satisfactoria, el panorama 2017 para Santiago Urrutia puede ser algo menos tortuoso.


El chileno Salazar es una pieza clave

Expiloto de Fórmula Uno y Fórmula CART de EEUU, el chileno Eliseo Salazar pasó más de dos décadas buscando un joven chileno para impulsar en el automovilismo internacional. Pero en febrero de 2015 Salazar y Santiago Urrutia se encontraron casualmente en el Drivers Challenger con sede en Cancún (México).

Fue la primera edición de un certamen creado por la cadena FOX y reservado a pilotos de la región los que se miden en pista y tierra en vehículos similares. Chileno y uruguayo fueron invitados y de hecho, fueron rivales. Pero Salazar al igual que varios pilotos de enorme jerarquía como –por ejemplo- los argentinos Matías Rossi y Esteban Guerrieri, quedaron asombrados con el "pibe" de por aquel entonces 18 años. Fue Salazar el que se interesó y encontró imprevistamente en un "charrúa" lo que nunca halló en Chile.

Salazar fue clave. Redireccionó a Urrutia hacia Estados Unidos cuando nuestro compatriota –muy bajoneado- ya pensaba en volver al campo a las tareas rurales con su padre. También Salazar será clave –título mediante- para guiar al piloto celeste hacia las mejores opciones.

Pero también lo será si no hay título. Su conocimiento de los equipos y la gran reputación que el trasandino ostenta en EEUU, serán claves para darle otro empujón al coloniense en situación límite.