La fiesta prohibida

Danubio se volvió a poner la ropa de verdugo y derrumbó el sueño de River Plate
Danubio tiene un extraño sentido de pertenencia. Sus hinchas no toleran que los jugadores que nacieron en el club se vayan a jugar a los grandes. El técnico que no vistió la camiseta del club será siempre mirado de reojo. El jugador que viene de afuera tendrá que hacer un esfuerzo más grande que el resto para ganarse el respeto.
Desde lo más profundo de sus entrañas los dirigentes tienen asumido que no importa el rival ni la condición del partido: de local se jugará siempre en Jardines.
Y esa particular forma de ser lleva al club a mirar sin matices. En Danubio es blanco o negro, no hay grises. Por eso, pobre del equipo al que le toque jugarse algo en las últimas fechas de un campeonato contra la franja.
Danubio arruina. No perdona. Lo dice la historia. Impidieron el campeonato de Defensor en 1993, mandaron a Liverpool a la B en el año 2000, y ahora le arruinaron la fiesta a River Plate.
El club del Prado viajó a Jardines en procura de un triunfo que le permitiera, con la ayuda de Racing en el Centenario ante Peñarol, coronar su primer campeonato. Pero Danubio le prohibió la fiesta.
River Plate necesitaba la victoria y salió decidido a plantarse en Jardines. Arrinconó a la franja que cambió su habitual modelo de jugar con tres hombres en el fondo para poner línea de cuatro.
En los 10 primeros minutos River avisó dos veces. Primero un remate de Santos que contuvo Torgnascioli y luego un cabezazo apenas desviado de Marques.
Como en el primer tiempo se jugó a ritmo de vértigo y la pelota no pagó peaje en la zona central, River tenía todas las de ganar.
Al perder a Herrera por lesión, el equipo de Almada fue siempre por izquierda. Por ese sector le filtraron una pelota a Leandro Rodríguez que definió afuera ahogado por el golero danubiano. Y sobre los 27' un tiro libre de Rodríguez besó el palo.
Pese a la insistencia, River no reflejó en el marcador su dominio y se retiraron al descanso sin goles.
En el complemento Danubio llevó el partido a su terreno. Agustín Viana se apoderó del mediocampo y empezó a cobrar peaje. La pelota ya no se movió a ritmo de vértigo y el entrevero fue el común denominador. Y si hay algo que tiene el Danubio de Leo Ramos es que lleva los partidos. Lo deja transcurrir, mientras espera. Como el león a su presa.
Mientras Almada se desesperaba metiendo cambios para modificar el trámite, primero con Flores y luego Schiappacasse. Pero a la franja no se le movía un pelo.
A diez del final todo parecía a pedir de boca de Danubio.
Se paró el juego porque estaban agrediendo al primer línea. Se ejecutó un tiro de esquina para la franja. Pelota al corazón del área que le llegó redondita a Formiliano que la mandó al palo más lejano de Olveira para abrir el marcador.
Era el inicio del fin del sueño de River. A 4' del final Barreto terminó con la historia, 2 a 0.
Otra vez River, como le pasó en estos últimos años, se quedó sin la fiesta. Danubio se volvió a vestir de verdugo por ese particular estilo de pertenencia que lo identifica.

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