La disyuntiva del Polilla

Juan Pedro Damiani quiere que la prioridad sea el Uruguayo, aunque el técnico sigue apostando también a la Copa; de no conseguir una cierta regularidad, el entrenador corre el riesgo de perder pie en ambas competencias. ¿Se jugará por una sola?

Jorge “Polilla” Da Silva, el director técnico de Peñarol, se encuentra en una verdadera disyuntiva. El resultado en contra cosechado en los últimos minutos del partido del martes de noche en Guayaquil ante Emelec y, sobre todo, el segundo gol en el tercer minuto de adición ante una falta que cobró el juez colombiano José Buitrago de Marcel Novick que no existió, le complicaron mucho los planes a futuro en la Copa Bridgestone Libertadores.

Tanto, que ahora no solo no dependen de sí mismos, sino que deberán golear a Deportes Iquique el martes que viene en el Centenario y esperar por lo que ocurra en el otro partido de la serie para ver si clasifican a los octavos de final.

Claro que aún retumban en los oídos de todos los manyas las palabras del presidente Juan Pedro Damiani de hace cerca de un mes y que luego fue apoyado –como es costumbre– por la mayoría de los dirigentes aurinegros: “La prioridad de Peñarol es el Campeonato Uruguayo”.

Acuciado en el Campeonato Uruguayo
Días después, cuando la prensa consultó en una conferencia de prensa a Da Silva respecto a estos dichos del propio presidente de la institución, el Polilla fue enfático: “Estamos en Peñarol y todos queremos ganar todo. Eso sí: el día que me quieran hacer el equipo, me voy”.

Desde ese día, Da Silva se colocó en un brete. Porque en realidad, él le da la prioridad a ambos torneos –desoyendo de alguna manera al presidente y con toda su razón por ser el técnico–, y concurre a los partidos de la Copa con lo mejor que tiene.

Muchos se preguntan, si la prioridad es el Uruguayo (para Damiani), ¿por qué viajan jugadores de la talla de Marcelo Zalayeta, Juan Manuel Olivera y los más importantes a viajes tan largos como este de Guayaquil? La respuesta está en Da Silva.

La disyuntiva actual del entrenador aurinegro pasa por lo que serán estos días venideros. Es que el sábado enfrenta a Cerro Largo en un encuentro trascendente por lo que se está jugando en el Clausura y también en la Tabla Anual, en tanto que el martes que viene recibe al ya eliminado Iquique.

Además, la coyuntura no puede ser peor. Por un lado, el ánimo del plantel está por el piso por esta derrota ante Emelec, mientras que por otro, las lesiones no dan tregua. Hay jugadores lesionados desde hace un tiempo como Darío Rodríguez y Fabián Estoyanoff por citar los más reconocidos, en tanto otros están entre algodones como Marcelo Zalayeta, Carlos Valdez y Alejandro González (ver nota aparte).

Es el puntero de la Anual, pero cada vez corre más riesgos.

Depende de otros en la Copa
La misma disyuntiva de Da Silva entra en días trascendentes. Entre el sábado y el martes comienza a definirse el futuro de Peñarol en lo que resta de la primera mitad de 2013 –más allá que la Copa termina en julio–.

Es que el sábado enfrentará a Cerro Largo dando ventajas importantes en la formación del equipo por las lesiones, así como también por el cansancio del viaje largo y el desgaste del encuentro en Guayaquil.

Y el almanaque es implacable. El martes ya debe recibir a Iquique por la Copa y jugarse la clasificación.

En esas dos jornadas –separadas apenas por tres días– puede seguir tranquilo en carrera en ambas competiciones, como también le puede salir mal y quedar eliminado del máximo certamen continental de clubes y comenzar a complicarse con la Tabla Anual y ni que hablar con el Torneo Clausura.

Los tumbos que viene dando Peñarol en base a un juego pobre, anunciado, lento –en el Clausura y en la Libertadores–, seguramente se reiterarán, al menos a corto plazo por lo expuesto anteriormente de que cuenta con un plantel golpeado tanto física como anímicamente.

La Copa no perdona errores. En realidad son los rivales los que no perdonan. Su nivel, por menos que sea, siempre es mejor al de la mayoría de los clubes uruguayos.

Una de las tantas contras que presenta este Peñarol es que no sabe cerrar los partidos. Le pasó ante Cerro en lo local –le empató en el último suspiro–, pero también en la Copa. Vélez le ganó en el Centenario con un gol de Lucas Pratto a los 87 minutos y en Buenos Aires iban 1-1 hasta los 73’. Entre ese minuto y los 77’ los de Liniers le convirtieron los dos goles de la victoria. Y qué decir del encuentro ante Emelec. Un error en la marca de Walter López sobre Nasuti le dio el 1-0 a falta de 10’ para el final y en el tercer minuto de adición, llegó el 2-0 en otro tiro libre.

Cuando un equipo carece de fundamentos se nota claramente. Ha pasado últimamente con la selección y se repite con los dos grandes, sobre todo, cuando juegan internacionalmente. Varias veces que Peñarol se hacía de la pelota en Guayaquil, la perdía en los pases, algo inaudito para los profesionales que lo defienden.

Eso conlleva a un desgaste físico impresionante, porque todo lo que se corrió para recuperar la pelota fue poco, ya que hay que volver nuevamente a cero en un segundo.

La Copa y los rivales no perdonan. El margen de error es nulo y Peñarol debe golear y luego rezarle a Vélez para que derrote a Emelec.


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