La cosecha del futuro

Al margen del título, de clasificar a RÍo 2016 y el Mundial, los juveniles celestes tendrán la chance de mostrarse ante Tabárez para el proceso de Catar 2022

La edad, la adrenalina y el fervoroso deseo de hacer respetar la historia pondrá a los jóvenes uruguayos en el olimpo durante un mes.

Todos tienen claro que, apenas pisen la cancha, se les exigirá el campeonato. El uruguayo es así. Está acostumbrado a pensar en grande cuando de fútbol se trata.

Pero lejos de todo ese ambiente de locura y fervor estarán los ojos analíticos de un profesional que mirará más allá del campeonato. Acaso será de los pocos uruguayos que observará el desempeño desde otra perspectiva.

Es que el Sudamericano sub 20, al margen de significar la posibilidad de romper con tantos años de malaria sin títulos, de clasificar al Mundial, los Juegos Olímpicos y los Juegos Panamericanos, tendrá otro objetivo. Más a largo plazo y no tan resultadista.

Y acaso esa es la motivación oculta que tendrán los jugadores. Saber que una persona los estará observando para el futuro.

Ese hombre es Óscar Washington Tabárez, técnico de la selección mayor, que se nutre de las juveniles. Y no se trata de arrancar frutas del árbol de forma desesperada, sino que esto forma parte de un proceso planificado y comprobado.

Los hechos hablan por sí solos. El Observador elaboró un informe donde queda comprobado que el DT de la selección toma jugadores de cada generación con una clara visión de futuro. Es a cuatro años. Es decir: los juveniles sub 20 que salieron vicecampeones mundiales en Turquía 2013, recién comienzan a aparecer con vistas a Rusia 2018.

Esto quiere decir que quienes jueguen el Sudamericano de enero pelearán por su lugar para el proceso de Catar 2022.

Claro que todo puede cambiar para el caso de que un jugador rompa los ojos con su rendimiento. Pero es difícil que Tabárez se adelante a los acontecimientos.

A modo de ejemplo, cuando apareció Luis Suárez en la selección mayor, se planteó una disyuntiva. Se venía la Copa América de 2007 que coincidía con el Mundial juvenil. Y Tabárez optó porque el salteño hiciera la escalera y fue con los juveniles al Mundial de Canadá.

Si de algo se puede jactar Tabárez es de no apurarse a arrancar la fruta, sino que espera que la cosecha se encuentre a punto.

En innumerables ocasiones se encontró entre la espada y la pared, apretado por los resultados, y se escucharon voces que le pedían cambio de aire. Pero apeló a su convencimiento. Cuando parecía que el equipo no clasificaba a Brasil 2014, le pidieron juveniles que deslumbraron en la sub 20.  

“¿Por qué no está ninguno de la sub 20? Porque tienen un Sudamericano y posiblemente un Mundial. En estos momentos no quiero despertar simpatías baratas citando a Gonzalo Bueno y a Rodrigo Aguirre, por citar ejemplos. Ya demostramos nuestra confianza en los jóvenes, a los que paulatinamente vamos renovando, pero sin dar manotones de ahogado. Eso se hace cuando uno está en situaciones desesperadas, y nosotros no la sentimos así en este momento. Y aun en ese tipo de situaciones tampoco lo haríamos. Sería muy fácil y muy demagógico y a veces crea efecto, decir: ‘En el próximo partido con España voy a llevar a Rolan, Gonzalo Bueno, Velázquez, Gastón Silva’, y van a decir, ‘¡Pah, qué bien!’. ¿Y quién se hace responsable de lo que pueda pasar y los errores que se puedan cometer? Entonces no hay necesidad de eso. Esto es evolutivo y en esa evolución jamás hay una línea recta, el fútbol y la vida es ondulante”, explicó.

Los jóvenes celestes tienen claro lo que tendrán por delante. Alguna vez, Tabárez les brindó un mensaje: “Yo le habló a estos jugadores (sub 20), que el jugador de la selección acá comparte responsabilidad. Cuando un jugador va a la cancha está solo con lo que trae, con lo que se le dio hasta el momento, con lo que trae en sus dones, con su actitud, está solo con los rivales, y los únicos que lo pueden ayudar son sus 10 compañeros de campo. Eso es el fútbol”.

 


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