La Copa mostrará su verdadero nivel

el equipo de Leonardo Ramos ganó sin jugar un buen partido ante Juventud y Palmeiras aparece en el horizonte, un rival de mucho cuidado
Invicto. El más goleador. El menos goleado. Sigue prendido ahí arriba. Son todas virtudes insoslayables de este Peñarol. Parecería que es el equipo perfecto, pero a veces esa parece ser una realidad desvirtuada. Como si existiera otro Peñarol dentro del mismo y que tiene también muchos desencuentros dentro del terreno.

Es un equipo que desde esta semana vuelve a jugar a dos puntas porque se viene la Copa y espera nada menos que Palmeiras, el favorito del grupo que quizás no es un equipo que deslumbre, pero que tiene enormes individualidades.

A Peñarol parece faltarle una marcha cuando no juega el Cebolla Rodríguez. Es un equipo extremadamente lento en ofensiva, anunciado, con escasos aportes de sus hombres de arriba, salvo cuando Junior Arias está encendido. Eso es un error importante en un conjunto grande y que debe mejorar, no solo de cara a lo que se viene en este Apertura, sino también en la Copa.

Claro que el miércoles se espera que sea el retorno del Cebolla luego del descanso que le dio el técnico Leonardo Ramos debido a una contractura en el aductor. El volante fue una de las mejores piezas en el clásico y su ausencia ante Juventud se notó demasiado.

A este mismo equipo de Peñarol le falta gestación de juego. Cuando Gastón Rodríguez está enchufado es uno, cuando se pone el balde como el sábado ante los pedrenses, es otro totalmente opuesto, contraproducente para el propio equipo. Su caso es bastante insólito.

Entonces con Ángel Rodríguez, Marcel Novick y Nahitan Nandez, se hace demasiado difícil crear, por más que este último sigue siendo todo corazón.

Si la pelota no le llega a los de arriba como pasó en el 90% del clásico y también en un gran lapso del encuentro ante Juventud, obviamente que todo se hace mucho más difícil. En todo el segundo tiempo ante Nacional, Peñarol prácticamente no pateó al arco y no supo jugar de contra, algo muy similar a lo ocurrido el sábado de noche en Maldonado.

Lo de Diego Rossi es bastante preocupante. No deja nunca de ser aquella promesa que comenzó hace un año y medio. No se consolida. No obstante, Ramos sigue confiando en él, más allá de que no le ha dado resultados.

Distinto es el caso de Matías Mier, quien ya había jugado muy bien ante Sud América por el suspendido Gastón Rodríguez y que otra vez respondió con un gol ante Juventud. Con él sí que Peñarol obtuvo resultados en ofensiva, aunque con el Cebolla, no tiene lugar entre los titulares.
La defensa es otro caso distinto. Se escribió hace unos días que cae en ciertas lagunas que le pueden costar caras –más allá de que es una de las menos vencidas– y eso ya es recurrente. Existen nervios por todos lados y Juventud no los supo aprovechar porque perfectamente pudo empatar el partido en más de una ocasión cuando estaban 1-0 abajo.

El desafío del miércoles ante Palmeiras por la Copa es muy duro.
Allí Peñarol deberá mostrar una cara totalmente diferente, más dinámica, con mayor proyección ofensiva y marca, con más concentración en el juego. De lo contrario, el viaje a San Pablo le puede costar carísimo de cara al futuro en el máximo torneo continental de clubes.

El poderío de este equipo brasileño es muy importante y Ramos es el primero en saberlo. Por eso habrá que ver qué planteamiento táctico tiene en mente.

Peñarol le ganó a Juventud y se mantuvo en la pelea en la tabla. No jugó bien y eso quedó muy claro, ya que enfrentaba al último del Apertura que no ganó aún y por momentos lo tuvo contra las cuerdas.
Lo que haga Ramos parando al equipo en primera instancia, la concentración colectiva en un partido tan trascendente como el que se viene en Brasil, el poderío anímico y futbolístico del plantel, seguramente serán determinantes en el horizonte aurinegro, de un conjunto que no puede defeccionar justamente en este momento que es el de mayor competencia.

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