La copa en blanco y negro

Danubio y Wanderers dejaron distintas impresiones en su segunda fecha como visitante en la Libertadores, aunque ninguno pudo sumar puntos

Para poder lograr el objetivo básico de pasar la fase de grupos de la Copa Libertadores, todos los entrenadores del continente se aferran a una fórmula tan básica como efectiva: ganar los nueve puntos de local e intentar rescatar algo de las tres presentaciones como visitante.

Luego de un debut donde Danubio perdió el partido de forma agónica ante San Lorenzo y Wanderers hizo su estreno a todo fútbol con triunfo ante Zamora de Venezuela, a los dos equipos uruguayos les tocó visitar el Morumbí y la Bombonera para jugar ante equipos muy superiores.

Danubio enfrentó a San Pablo con la misión de contrarrestar el ataque que el equipo de Ramalho ofrece por las bandas con Paulo Ganso y Michael Bastos.

Leonardo Ramos diseñó un bloque defensivo con 7 hombres, dejando suelto a Ignacio González para intentar la hazaña junto a Bruno Fornaroli y Matías Castro.

San Pablo, equipo brasileño con el molde copero, tiene cuatro cartas en ataque que amenazan a cualquier rival. Ganso, campeón de la Libertadores con Santos ante Peñarol, se ofrece por la derecha, Michael Bastos, mundialista con Brasil en 2010, es salida constante por izquierda, al tiempo que Luis Fabiano y Alexandre Pato, ambos con credenciales europeas, se alternan por el frente de ataque con una clave: cuando una flota, el otro se convierte en referencia.

Ante semejante oferta, la propuesta de Danubio era taponear la medular para que la pelota no llegue limpia a los delanteros, pero un desborde de Bastos a los cuatro minutos tiró la estrategia franjeada al inodoro.

Pato apareció libre para poner el 1-0. De ahí en más San Pablo hizo se divirtió y solo regaló la pelota a Danubio luego del 3-0, cuando estaba todo liquidado.

Las diferencias de propuesta y potencial entre el equipo uruguayo y su rival fueron astronómicas.

Grupo de la muerte aparte, a Danubio le faltó categoría para cerrar un partido que tenía casi ganado en el debut y un plan B para medir fuerzas ante San Pablo.

Wanderers, otra cara
El bohemio también cayó como visitante pero con la diferencia de que no se apartó de su libreto y no pasó vergüenza.

De todos modos, el equipo de Alfredo Arias no pudo cumplir con su guía básica de tenencia, juego asociado y ataque con varios hombres porque le faltó el elemento clave: la pelota.

Rodolfo Arruabarrena salió con una propuesta vertical pero con la premisa de cuidar la pelota. Luego del gol del juvenil Juan Komar, una distracción encendió las alarmas: la única vez que pudieron dialogar Gastón Rodríguez y Diego Riolfo con la pelota, terminó en la red.

El balón fue de Boca en la mayor parte del partido, en parte por la reconversión de Nicolás Lodeiro, que al toque fino le sumó kilómetros recorridos para jugar en “modo Boca”. Con Fernando Gago como tapón y el ingreso de Pablo Pérez para ayudar a un Lodeiro ya cansado, Boca cambió el esquema. Del 4-3-1-2 pasó a un 4-4-2 recto para adueñarse de la pelota.

Lo destacable es que Wanderers mantuvo siempre la intención. No se agrupó ni reventó la pelota, pero sufrió correr sin ella. A diferencia de Danubio, intentó jugar, pero se vio impotente aún en su marca registrada, ya que registró 150 pases menos que Boca.

Al final fueron cero puntos para ambos, pero recorriendo caminos diametralmente opuestos. Eso sí: los dos representantes uruguayos estuvieron preocupantemente lejos de sus rivales.


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