La convicción de Alfredo Arias

Inspirado en el modelo Guardiola, y luego de observar a JR, Alfredo Arias creó su propio estilo

Aquella tarde de domingo Wanderers no fue a jugar una final. En el viaje trasladó una ilusión de 100 años. Un sueño largamente añorado. En el vestuario del Parque Central se respiraba ese aire de que la historia los esperaba. Pero aquel grupo de jóvenes no pudo terminar con la maldición. Hubo lágrimas, no reproches. Hubo silencio, no insultos. Todos se miraron a los ojos.

Y junto a ellos un conductor. Acaso el encargado de mostrarles el camino. De demostrarles que se podía. El responsable de inculcar una idea, un pensamiento.

“Si la vida me pusiera en el mismo lugar volvería a hacer lo mismo. Claro que volvería a repetirlo. A intentar con las armas que nos llevaron hasta ahí”, admite Alfredo Carlos Arias. El entrenador que no siente vergüenza en decir que concurrió a ver trabajar a Juan Ramón Carrasco para aprender. El que se inspiró en el modelo del Barcelona de Pep Guardiola. El que quedó el borde de la gloria, tuvo su recompensa. Es que la prensa terminó conságrandolo como el mejor entrenador del pasado campeonato Uruguayo en la encuesta Fútbol x 100. Un reconocimiento a una consigna a la que no renunció: el buen juego.

La historia se empezó a construir en el propio curso de técnico, Arias discutía con sus compañeros las ventajas de hacer jugar bien a sus equipos.

Les decía: “Creo que al jugador le gusta tener la pelota. Está en la esencia de los niños. Eligen el fútbol porque es una pelota. Y tiene tanto poder esa pelota que se la tirás a los profesionales y siguen siendo niños”. No fue una batalla sencilla. Debió luchar con una forma de jugar y vivir el juego.

“Voy a la nobleza del jugador de fútbol. Creo que si le damos la confianza, si le enseñamos  de niño, es mejor que cuando se equivoque –porque se va a equivocar, como nos equivocamos nosotros cuando armamos el equipo o hacemos un cambio– lo respaldemos. Si nosotros cuando él se equivoque le damos la confianza de que puede volver a salir jugando, creo que el jugador se adapta”, dijo Arias.

En aquellos tiempos en que perfilaba su carrera, Arias contó con un nuevo impulso. Eran épocas de un Barcelona avasallante futbolísticamente y en Uruguay deslumbraba el River de Carrasco.

“Cuando me inicié, Juan tuvo la bondad de dejarme entrar en cancha, estar con él durante un año y medio viéndolo en River, y me sirvió mucho. Si algo volcó Juan a los demás técnicos es que él prioriza protagonizar el partido y eso para mí fue fundamental”.

Hasta que llegó el momento de salir al ruedo. Primero en las juveniles de Wanderers y luego el desafío del primer equipo. Entonces se generaron las primeras dudas. Porque los ojos que analizan son completamente distintos. En Primera es ganar o volver para la casa.

Pero Arias tenía algunas cosas claras. “Yo no pasé de jugar al fútbol y no conocer la otra parte de la vida. Durante 20 años viví una vida real en la cual había que pagar la luz, el agua, el teléfono, rezar para que no lloviera, para que la gente me encargara la pizza (tiene un negocio en el ramo) y, como supe lo que era vivir de otra manera y no con el fútbol, la verdad que el miedo no lo transmití nunca a mis jugadores. Esa fue mi intención. Sinceramente llevé esa ventaja. La realidad marca que cuando los resultados no vienen vas a perder tu trabajo, pero no transmití miedos”.

Wanderers fue un equipo sin temores. De eso se trató. De tener estilo y no negociarlo.

“¿Cómo nace la idea futbolística de Wanderers? Y la verdad que un poco intuitivamente, más que nada mirando el fútbol que se estaba jugando en estos últimos tiempos, de posesión de pelota. Mirando y copiando, mirando y copiando”.

La pregunta se imponía: ¿a quién copió? “Queda muy feo decirlo porque es un fenómeno, pero traté de mirar al que para mí es el mejor, que es Guardiola”.

Después de tolerar los gritos de la platea, de ver en la puerta de la propia sede un grafiti que lo trataba de vende humo, el Wanderers de Arias fue reconocido. La mayor parte del periodismo deportivo votó al entrenador de los bohemios como el mejor del pasado torneo.

“Ah, la verdad que es un orgullo. Pero para mí lo mejor son los jugadores. A veces los técnicos recibimos un protagonismo que no merecemos. Estoy agradecido a los jugadores que permiten esta pregunta. Ni lejos estoy como el mejor. Me genera orgullo, felicidad y confirmar que ustedes saben poco de fútbol (risas). Si el equipo y yo fuimos votados quiere decir que de algo sirvió. Valió la pena intentarlo. Perdimos. Pero aprendimos. Mantener un estilo y tener la convicción de mantenerlo te hacer ganar cualquier campeonato”. l


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