La chica de plata

Dolores Moreira regresó a Montevideo tras lograr su medalla de plata y fue sorprendida por los aplausos
De irse como una deportista uruguaya más a dejar todo en los Juegos de Toronto a regresar al país y ser recibida en el aeropuerto con cámaras, conferencia de prensa y muchos aplausos. En pocos días, la vida de Dolores Moreira tuvo un gran salto por la medalla de plata que obtuvo en los Panamericanos.

Ayer en los salones del Yacht Club Uruguayo, a Lola, una adolescente que con 16 años ya puso su nombre en la historia del deporte uruguayo, se le notaba la timidez ante los constantes requerimientos de la prensa y de quienes le pedían para sacarse una foto junto a ella y su presea. Y también irradiaba alegría. "Me puso muy feliz de que esté toda la gente que me apoyó", dijo a Referí sobre su bienvenida en Carrasco.

Luego, ubicada entre las principales autoridades del deporte uruguayo –desde donde miraba y le sonreía a sus padres– le llegó el turno de hablar en la primera conferencia de prensa que daba en su vida. Y fue muy sincera.

"Bueno, esto va a ser un desastre, no soy de hablar", dijo, riéndose y haciendo reír a todos los presentes.

Ya con confianza, agradeció a quienes la apoyaron. "Fue un orgullo haber representado a Uruguay, estoy muy feliz de haberle brindado una medalla de plata y haber clasificado a Río, que es algo que no me esperaba", expresó, para ser aplaudida por todos.

La vela y Lola
¿Qué lleva a un deportista a elegir la vela entre otras disciplinas? Lola contó por qué se dedicó a esa actividad. "En Paysandú, por el río veía los barquitos. Mi primo y mi prima hacían optimist (una categoría inicial de vela para niños y sub 15) y me decían que probara, que estaba bueno. Y un día fui, probé y me encantó. No me bajé más del barco. Tenía nueve años".

Luego, siguió navegando hasta que conoció a su máximo referente en el deporte. "Hace dos años conocí a (Alejandro) Jano Foglia, luego de su participación en los Juegos de Londres, me quise subir al laser (la modalidad de vela en la que compite, más específicamente en la radial) y aspirar a ser como él. Él es mi ídolo", señaló.

A sus 16 años, el día a día de Lola se divide entre su Paysandú natal, donde vive con su familia y estudia, y Montevideo y Punta del Este, lugares donde entrena en el mar los fines de semana.

"El estudio es un problema; se me está complicando mucho", reconoció a Referí. "La parte de entrenamiento es física, que la hago en Paysandú, y la parte de agua la hago en Montevideo o Punta del Este, siempre con el Chato", dijo en referencia a su entrenador, Luis Chaparro (ver apunte).

"Antes de los Panamericanos vino una chilena que fue a competir a los Panamericanos y entrenamos juntas. Estuvo bueno porque tenés que compararte con alguien, porque no es por tiempo, y tenés que tener el roce que tenés en la regata", comentó Lola sobre su preparación para Toronto.

Al arribar a los Panamericanos, y luego de desfilar con la bandera uruguaya en la inauguración de los Juegos, la tuvo complicada. Su embarcación había llegado con roturas debido a que fue inspeccionada en la Aduana de EEUU.

"Llegó destrozado, pasamos todo el día con masilla y lijando, tirados en el piso. Y el barco llegó con dos agujeritos, pero lo pudimos solucionar rápido. Son cosas de navegantes; perdí un día de entrenamiento", comentó.

Después comenzó su participación ganando la primera regata, lo que abrió sus expectativas pero también le puso presión.

Siempre se mantuvo en buena posición, hasta que en la anteúltima etapa tuvo una mala jornada, lo que la hizo llorar y dar todo por perdido.

Pero Chaparro la motivó para la medal race y salió a dejar el alma en la cancha, lo que le permitió ganar la medalla de plata.

"La medalla la veía como inalcanzable pero por suerte se pudo dar; era algo que no me imaginaba y estoy muy feliz", expresó Lola, quien, entre aplausos y reconocimientos, tiene bien en claro que comienza una nueva etapa con los Juegos Olímpicos de Río 2016 en el horizonte.

Para eso, necesita más recursos que le permitan llegar en sus mejores condiciones, las que ya demostró tener. "Espero que la medalla traiga más ayuda", dijo.

Dolores Moreira Luis Chaparro
Dolores Moreira y su entrenador Luis Chaparro
Dolores Moreira y su entrenador Luis Chaparro


La anécdota de Chaparro: Silbar para que haya viento

"En la última regata de Lola el viento comenzó a calmar. Venía todo bien, Lola iba bien posicionada, pero el viento calmaba y se podía cancelar la regata, lo que haría cambiar todo y empezar de nuevo. Hay una tradición náutica que dice que si te ponés a silbar, atraés el viento. Y a los uruguayos que estaban conmigo les dije que se pusieran a silbar. Y todos estuvimos como 10 minutos silbando, como unos chotos, y el viento vino", contó el entrenador de Dolores Moreira, quien destacó a la deportista. "Sabe lo que quiere", dijo.

Apoyo para el mundial

Con la clasificación a Río, Lola comenzó su planificación para 2016. En agosto competirá en el Juvenil de Canadá, pero su objetivo es estar en el Mundial de Omán de mayores, en noviembre. Para eso necesita más apoyo del que ya recibe. "Ahí van a competir los mismos que van estar en Río", dijo Moreira.

Además de su entrenador, el equipo de Lola lo integran el coach Carlos Servian. "Me cambió la cabeza. Yo era siempre de tirarme para abajo y él me cambió". También la PF Silvia Malgor de Paysandú y la nutricionista Analía Techeira.


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