La celeste fortalecida que debilitó el poder de Francisco Casal

El plantel plantó bandera y reclama sus derechos de imagen y la AUF se beneficia con los amistosos, los derechos de TV, y ahora con la camiseta
La semana que pasó tuvo un innegable protagonismo de los jugadores de la selección, en la batalla política que se desarrolló en la AUF. Intervinieron como nunca antes en la política del fútbol. Y demostraron que muchas de las virtudes que han demostrado en los últimos años dentro de la cancha también son trasladables fuera, empezando por su entrenador.

El desembarco de Óscar Tabárez modificó las reglas de un equipo que, hasta ahí, era parte del caos del fútbol uruguayo, y que poco a poco se fue transformando en una isla.

El maestro reconstruyó el Complejo y blindó a la selección. Marcó reglas claras. El primer paso lo dio con los jugadores. Desde abajo modificó el pensamiento. En las charlas con los Sub 15 les recordó: "sepan que acá vienen como privilegiados".

La lucha fue prolongada en el tiempo. Alguna vez reveló, respecto a la organización de partidos amistosos: "Antes jugábamos con quien podíamos, no contra quien queríamos".

Los resultados, el perfil de jugador citado y la profesionalización de la gestión terminó siendo básica para modificar reglas que se imponían.

En el caso concreto de lo ocurrido la semana pasada, fue la obra de la selección la que generó un cambio sustancial del que saca provecho la Asociación Uruguaya de Fútbol. ¿Motivos? Se entendió que la mayor parte de las ganancias que produce la celeste deben corresponder a quienes las generan.

Hace unos años los contratos firmados bajo el mandato de Eugenio Figueredo lo impedían. La empresa Tenfield tenía prioridad para organizar tres amistosos de la selección por años y cobrar el cachet. Por si fuera poco eran acumulables.

El contrato por los derechos de las Eliminatorias era uno y por el mismo se abonaban poco más de dos millones y medio de dólares. El plantel no percibía dinero por sus derechos de imagen ya que Tenfield los había adquirido en un acuerdo con la gremial de futbolistas.

Y hasta la camiseta de la selección le correspondía a la empresa de Casal en un acuerdo firmado en el contrato original de los derechos de TV y Puma.

Pero el plantel plantó bandera. Y Casal, que en algún momento de las décadas de 1990 y 2000 tuvo un gran peso en la interna de la selección, dejó de tenerlo. La empresa de Casal, que en su momento había perdido parte de los derechos de TV, ahora está obligada a ofertar más si quiere retener la camiseta celeste y además tiene enfrente a un plantel que reclama por sus derechos de imagen.

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