La caída del Virrey

Los malos resultados y un presidente que nunca lo quiso dieron por terminado el ciclo del entrenador más ganador en la historia de Boca Juniors

La temperatura del hincha de Boca marcó su pico más alto, primero por los pobres rendimientos del equipo en la cancha, luego por la salida de su gran ídolo, Juan Román Riquelme, quien se fue por la puerta de atrás después de un cortocircuito con la directiva y por último, la salida de Carlos Bianchi.

Boca, ese equipo encumbrado luego de la llegada del Virrey en 1998, que logró adueñarse de América y ganarles en sendas finales del mundo a Real Madrid y Milan, está reducido a un equipo mediocre, que cosechó más tragos amargos que dulces en la última temporada y cuyos directivos demostraron tener muy poco tacto.

La directiva comandada por Daniel Angelici para las cámras, y por Mauricio Macri desde las sombras, ya no soportó el perfil de Bianchi al frente de un equipo que no respondía.

Ante el requerimiento periodístico, Bianchi buscó proteger a sus jugadores y descomprimir las presiones. “El equipo jugó bien”, repetía, cuando la imagen del mismo era otra.

Eso fue interpretado como una falta de autocrítica, letal para eyectar del cargo al entrenador más ganador de la historia de Boca.

Bianchi, consciente de que la paciencia de los hinchas estaba blindada debido a los títulos obtenidos en otras épocas, pidió un partido más, como suplicando despedirse en la cancha ante la gente que tanto lo aplaudió.

Pero ya era tarde. Boca se olvidó de los logros y apeló a una tendencia típica de los clubes del Río de la Plata: la desmemoria.

Un vasco como sucesor
Rodolfo Arruabarrena asumió ayer y ya dirigió su primer entrenamiento como nuevo técnico del equipo de la ribera.

Arruabarrena tendrá en su cuerpo técnico a Diego Markic, Mauro Navas (AT), Fernando Gayoso (EA), Gustavo Roberti y Pablo Santella (PF).


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