La caída del monstruo

Hace 60 años la Unión Soviética se incorporó a los Juegos Olímpicos y hace 20 que, desmembrada, se perdió en una historia que mezcló guerra fría con logros impresionantes que potenciaron al mundo del deporte

Junio de 1912. El buque Birma parte desde St. Petersburgo hacia Estocolmo. La Rusia zarista lleva 169 deportistas para conquistar los Juegos Olímpicos. Pero la actuación termina en un estruendoso fracaso.

Setiembre de 1987. El entrenador de básquetbol uruguayo Alberto Espasandín viaja a la Unión Soviética para tomar un curso de seis meses. Vive una experiencia increíble en el mejor centro de alto rendimiento de Europa, el Vladimir Lenin. En la principal potencia deportiva mundial.

Mucha historia se escribió entre esos 75 años: revolución, comunismo, Segunda Guerra Mundial, Guerra Fría, Perestroika…

Pero del deporte los soviéticos hicieron un arte del perfeccionamiento. En 1922, a cinco años de la revolución que derrocó al zarismo, nacía la Unión Soviética y un año después fue la primera nación del mundo en crear un ministerio de deportes.

Imponiendo el concepto de cultura física entre la población, los soviéticos incentivaron el deporte para tener una sociedad saludable para el trabajo y apta para servir al ejército en la defensa de la nación.

Los Juegos Olímpicos eran vistos entonces como una actividad burguesa.

Pero después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), donde combatió una brigada especial compuesta por los mejores atletas de Moscú, los soviéticos se plegaron al movimiento olímpico.

Debutaron hace 60 años, en Melbourne 1952. El régimen comunista cayó en 1991 y la nación se desmembró en varios países que en Barcelona 1992 compitieron como un equipo unificado. En Atlanta 1996 y Sídney 2000, Rusia fue segunda en el medallero general. Después, la desbancó China.

Las claves

Para los soviéticos el deporte fue una política de estado. Formaron escuelas de iniciación deportiva, capacitaron entrenadores y cultivaron una población con acceso al deporte.

Además, los deportistas de elite se dedicaban exclusivamente a entrenar en una época olímpica vedada a los profesionales. Una clara ventaja donde la finalidad última era la propaganda del régimen comunista.

Pero además fueron pioneros en la aplicación de conocimientos científicos (como la biomecánica), la psicología deportiva, el estudio de los ciclos biológicos y los masajes deportivos.

En su libro Viento del Olimpo, Alexander Kiknadze, sin embargo, pone énfasis en otros aspectos para explicar el éxito soviético.

“Nuestros más asiduos rivales eran los norteamericanos. Para vencerlos no solo fue necesaria una perfecta maestría sino también un espíritu deportivo especial”, explica Kiknadze.

Presente en cada edición de los Juegos desde Roma 1960, el periodista explica cada hazaña soviética en el carácter del deportista.

En Hazañas Doradas, que se emite por ESPN, un testimonio del genial levantador de pesas Vasili Alexeiev resulta contundente: “En los entrenamientos veía a los rivales levantar por encima de mi récord mundial pero cuando llegaba la competencia sencillamente no tenían lo que se necesitaba para ganarme”.

Espasandín contó a El Observador: “Tenían los mejores especialistas en entrenamiento. Hicieron mucha investigación para desarrollar la potencia”.

Espasandín recordó que Alexeiev,quien medía 1,81 m y pesaba ¡160 kilos! saltaba 1,10 metros. “Entonces los basquetbolistas empezaron a aplicar sus métodos. En Uruguay el basquetbolista que salta más anda por los 70 centímetros”, contó.

Arman Mkrtchian, entrenador de gimnasia de Olimpia, nació hace 38 años en Ereván, Armenia, y a los siete años sus padres lo llevaron a practicar gimnasia.

“En aquella época era necesario tener condiciones para ser aceptado. La disciplina era muy fuerte, a los niños se les gritaba y para corregir los errores a veces nos daban chicotazos”, contó a El Observador en un español bien incorporado.

“Las instalaciones siempre estaban a nuevo y los profesores eran excelentes. Cuando la Unión Soviética cayó el que pudo se escapó. Estados Unidos levantó su nivel en gimnasia artística por la presencia de entrenadores rusos”, explicó.

Tal cual. En Beijing 2008 al equipo lo dirigió Valeri Liukin, medallista en Seúl 1988 y su hija Nastia, oro en el all around de los Juegos pasados, nació en Moscú.

Rusia heredó ese poderío. El valor del deporte en el país sigue inalterable. La primera reunión al reasumir como presidente este año Vladimir Putin –quien practicó judo y sambo de joven– fue con Jacques Rogge.


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