La belleza que tapó los silbidos

El nado sincronizado de Rusia le impuso una tregua al público brasileño que abuchea a sus atletas

Enviado a Río
El sonido se repite de estadio en estadio. Surge espontáneamente, se propaga y se contagia. Está asociado al nombre de un país: Rusia. El público de Río de Janeiro da entre silbidos y abucheos el veredicto que el Comité Olímpico Internacional no quiso dar: vetar la participación de los atletas de ese país tras el escándalo de dopaje detectado en el atletismo de ese país y en la preparación de los deportistas para los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014.

Lo sufrió la nadadora rusa Yuliya Efimova, ganadora de las medallas de plata de 100 y 200m pecho en Río, quien el primer día de competencia fue despiadadamente silbada en el Centro Olímpico Acuático. La primera medalla la recibió con lágrimas en los ojos. "Pensé que la Guerra Fría era cosa del pasado, ¿por qué traerla de nuevo al deporte?", dijo en conferencia de prensa. Para la segunda medalla, los decibeles de los silbidos bajaron.

Efimova dio un positivo de DHEA, una hormona esteroide anabolizante, en marzo de 2014 perdiendo cuatro medallas de oro y una de plata ganadas en el Europeo de pileta corta (25 metros) de Herning 2013 además de cuatro récords mundiales batidos en esa misma pileta. En marzo de este año zafó de ser condenada de por vida tras un test positivo de meldonium, la sustancia por la que fue suspendida la tenista Maria Sharapova, luego de ser exculpada por la Agencia Mundial Antidopaje.

A diferencia de lo que opinó la Federación Internacional de Natación (FINA) presidida por Julio Maglione que fue uno de los hombres claves para que Rusia no fuera impedida de participar en Río, al público de Brasil no le cayó en gracia Efimova.

Tampoco simpatizaron el boxeador Evgeny Tishchenko quien ganó la medalla de oro de los pesos pesados tras derrotar en un polémica fallo al kazajo Vassilly Levit. "Estoy triste por cómo me trató el publico", le dijo a los medios de su país.

En esgrima y hándbol femenino también sufrieron la reprobación del público.

Sin embargo, en el nado sincronizado las rusas fueron tratadas acorde a su status de estrellas. Referí presenció la final del dueto donde Natalia Ishchenko y Svetlana Romashina ganaron la medalla de oro revalidando su título de Londres y extendiendo el dominio ruso en la prueba desde Sídney 2000.

Tanto cuando fueron presentadas, como cuando realizaron su exquisita rutina libre -sutil y delicada tanto como enérgica y perfecta- y después se subieron al podio mientras se irradiaba el himno de su país, las rusas recibieron aplausos bañados de admiración en el natatorio abierto Maria Lenk.

Son la excepción a la regla. A las bicampeonas olímpicas y campeonas mundiales (Kazan 2015), además de integrantes del equipo que ganó los oros de Beijing y Londres y que el jueves va por una nueva coronación, en Río las idolatran más allá de los rusos que han dañado con el dopaje la imagen deportiva de su país.

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