La banda de América

River Plate se coronó campeón de la Copa Libertadores luego de golear a Tigres en casa por 3-0
Atrás en el tiempo quedó la mano infantil de Adalberto Román, el festejo de Olave, el Monumentalazo de Belgrano, los insultos del Tano Pasman y la pesadilla del descenso.

Más atrás quedaban los piques de Antonio Alzamendi en la Copa Libertadores de 1986 y la magia de Enzo Francescoli diez años después. River, el equipo que vivió en el infierno hace cuatro años, demostró que está vivo y selló su resurrección con la Copa Libertadores.

El mapa del partido pedía juego controlado, sin regalar espacios y aprovechar el error del rival.
Y así salieron a jugar, con un Tigres replegado en cancha propia buscando la velocidad de Jürgen Damm y Javier Aquino para lastimar por las bandas, esperando que Rafael Sobis, André-Pierre Gignac resolvieran.

A River, jugado al tándem Leonardo Ponzio-Matías Kranevitter como fórmula para contrarrestar el juego azteca e imponer condiciones, le costó entender la dinámica del partido y sufrió por la nula movilidad de sus laterales.

El punto de quiebre del partido llegó rápido cuando antes de los diez minutos, Lucas Alario le pegó un planchazo descalificador a Guido Pizarro que mereció expulsión.

Darío Ubriaco penó al ex Colón de Santa Fe con una amarilla en un error que a la postre generaría una caja de resonancia enorme.

El primer capítulo de la final tuvo poco de fútbol y mucho de tarjetas, ya que Ubriaco, en su vuelta luego de amagar con retirarse por no poder arbitrar la Copa América, cosechó tantas críticas como tarjetas.
En ocho minutos amonestó a cuatro jugadores de Tigres y le volvió a perdonar la vida a Alario, quien pisó en el tobillo a Guzmán cuando estaba en el suelo.

El equipo de Marcelo Gallardo agradeció el regalo y se ordenó en la cancha. Marginó a Guido Pizzaro con una presión alta y, sin su socio ideal, Arévalo Ríos jamás pudo soltarse para apoyar a la línea ofensiva.

El 4-4-2 del equipo argentino funcionó a la perfección cuando Mayada y Vangioni lograron soltarse por la banda para hacer la doble función.

Los dirigidos por Ferretti fueron visitantes en el sentido más amplio de la palabra y nunca se acomodaron en la cancha.

El millonario soltó a sus laterales en ofensiva y fue el propio Vangioni quien en un avance por la banda zurda puso un pase quirúrgico para que Alario escribiera su nombre en las páginas más dulces de la historia de River Plate.

El gol fue un golpe de nocaut para un equipo sin alma como el mexicano. Ni los tranques de Arévalo Ríos, ni el desgaste en vano de Pizarro lograron contagiar a un grupo ajeno a la instancia de la definición.

El descanso despejó la mente de los jugadores de River y llenó de nervios a Tigres. En el momento donde tuvo que ir a buscar el empate se llenó de nervios y evidenció su falta de estirpe para jugar ante un equipo con historia.

River dominó las acciones, se hizo amo y señor del juego en un Monumental al que no faltó ni la lluvia y aparecieron los hombres claves. Maidana y Funes Mori ganaron todos los duelos en el área y Sánchez se adueño del carril derecho.

Hasta Mayada, improvisado como lateral ante la suspensión de Mercado, fue figura. El penal le dio la chance a Sánchez de renovar el idilio entre los uruguayos y el club de la banda en la historia de la Copa Libertadores y Funes Mori demostró un axioma tan viejo como el fútbol.

Los goles de pelota quieta también pueden ser golazos y el doble ritmo del mellizo lo dejó claro.
El Monumental explotó. Hace cuatro años fue todo lamento, ayer fue testigo de la resurrección.

RIVER PLATE 3-0 TIGRES

Estadio: Monumental Antonio Vespucio Liberti (Buenos Aires).

Espectadores: 62.000

Árbitro: Darío Ubriaco (Uruguay)

River: Marcelo Barovero – Camilo Mayada, Jonatan Maidana, Ramiro Funes Mori, Leonel Vangioni – Carlos Sánchez, Leonardo Ponzio, Matías Kranevitter (Luis González, 82), Nicolás Bertolo – Fernando Cavenaghi (Fernando Pisculichi, 77) y Lucas Alario (Sebastián Driussi, 68). DT: Marcelo Gallardo.

Tigres: Nahuel Guzmán – Israel Jiménez (Joffre Guerrón, 77), Juninho, José Rivas, Jorge Torres Nilo – Egidio Arévalo Ríos (Jesús Dueñas, 64), Guido Pizarro, Javier Aquino, Jürgen Damm – Rafael Sóbis y André Gignac. DT: Ricardo Ferretti.

Goles: River: Alario (45), Sánchez (75, penal), Funes Mori (79)


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