La AUF: entre el reglamento y un cambio cultural

El Campeón del Siglo no fue habilitado: ¿fue una victoria de lo jurídico sobre lo político o una gran oportunidad desperdiciada?


Más de dos horas pasaron en la Asamblea de Clubes de la AUF con argumentos, chicanas, bromas de mal gusto y dirigentes enojados que conformaron el paisaje de una reunión que terminó por inhabilitar –según el reglamento vigente- el Estadio Campeón del Siglo.

La disputa se planteó como una batalla política desde la óptica mediocre de quien siempre busca dividir las aguas. No estaba en discusión si Peñarol o Nacional tenían más fuerza o si compraron mayor cantidad de voluntades. ¿Acaso alguien discute que la estructura del fútbol uruguayo está diseñada para que los grandes siempre tengan beneficios?

Lo que estaba en discusión fueron dos formas de interpretar la misma situación: una apegada al reglamento y otra afín a la nueva realidad.

En la asamblea, como pocas veces, triunfó lo jurídico sobre lo político y eso siempre es una buena noticia, pero con la interrogante de qué ocurre con el Estadio Centenario, escenario que recibe los partidos de mayor riesgo y tampoco tiene alambrados.

¿Qué tiene una fosa? Si, una fosa que la FIFA no recomienda y que es perfectamente transitable. ¿O no hubo invasiones al campo de juego?

Hacer una modificación parcial del reglamento y permitir que Peñarol jugara sin alambrados en su cancha, mientras el resto de los espectadores ven el fútbol detrás de un alambrado o de una reja, era la mayor muestra de negligencia e injusticia deportiva. Sin embargo, cuando la realidad impulsaba una modificación a nivel global y en todos los escenarios, la mayoría prefirió la comodidad de alambrar un estadio en lugar de desalambrar el resto.

Pero en el reparto de culpas Peñarol no es víctima, sino que también tiene un alto porcentaje de victimario. Su delegación ante la AUF llegó confiada de que tenía los votos para habilitar el Estadio sin importar el quórum necesario ni el mecanismo de votación y, a medida que avanzó la asamblea, se le fueron dando vueltas los soldados. Uno de los equipos que modificó su voto fue Plaza Colonia. En noviembre de 2015, Plaza quiso recibir a Peñarol en Colonia pero los aurinegros se negaron argumentando que no estaba habilitada. El viernes, se cobraron la revancha.

Además, con el estadio en plena construcción y con fecha de inauguración pactada, ¿por qué no solicitaron modificar el reglamento antes del campeonato? La improvisación le ganó a la previsión.

En el boceto del Estadio jamás se previó la colocación de alambrados en las tribunas laterales, primero porque FIFA recomienda que los estadios modernos no los tengan y segundo porque se buscaba un estándar de calidad superior a la media, algo que el fútbol uruguayo no comprendió. Peñarol construyó el Campeón del Siglo según normas internacionales, obviando el reglamento local y confiado a una modificación que no llegó.

De ahí que, según el reglamento vigente, tenga lugar el absurdo de que ese escenario pueda albergar una final de Copa Libertadores y no un partido contra Villa Teresa por el torneo doméstico.

El viernes por la noche la Asociación Uruguaya de Fútbol perdió la oportunidad de guardar las estériles campañas de publicidad en un cajón y dar una señal contundente: quitar los alambrados de todas las canchas y que el fútbol vuelva a ser, o al menos intentarlo, el sano juego que tanto nos apasiona, dejando en manos de los clubes la responsabilidad por la seguridad y previendo un código de penas acorde a la problemática.

Sin embargo, no todas son pálidas para los consumidores del fútbol uruguayo. Todavía hay quienes podemos imaginarnos un partido del Mundial de 2030 en un país que no logra ponerse de acuerdo para fijar una cancha.

Haga ese ejercicio onírico y verá como le vuelve la sonrisa al rostro.


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