La anterior racha triunfal de un uruguayo en la ATP

En dos semanas de 1997 Marcelo Filippini ganó los títulos de Atlanta y Saint Polten, los últimos dos del tenis uruguayo hasta que Cuevas ganó en Bastad y Umag

El año 1997 fue muy especial para Marcelo Filippini. Llevaba ya nueve años en el circuito, y luego de los títulos de 1989 en Bastaad y 1990 en Praga, que lo metieron de muy pibe en el top 30 del ránking de la ATP, lentamente había comenzado la dura tarea de remar para mantener el privilegio de ser uno de los mejores 100 del mundo.

La curva parecía empezar a descender, porque a los 30 años las nuevas generaciones empezaban a ganar su lugar. Navegando en el puesto 86 llegaba el mes de mayo, y a partir de ahí una primavera de renacimiento, que llevó a Chelo a trepar 40 lugares en solo dos semanas.

Primero llegó Atlanta en pista rápida, algo que nunca fue muy propicio para los tenistas uruguayos. Pero la muy buena victoria en primera fase ante el estadounidense Vince Spadea por 6-4, 7-6 ya indicó que la cosa podía rumbear bien.

Luego llegó el turno de ganarle al también local Alex OBrien, sexto cabeza de serie, por 7-6, 6-4, y al día siguiente ante el austríaco Gilbert Schaller, el mismo que un año atrás había quitado a Uruguay la ilusión de entrar al Grupo Mundial de la Copa Davis. Fue victoria clarísima, por 6-1, 6-2, como para demostrar que estaba para cosas grandes."No podía errarle a la cancha, fue el partido perfecto. Había planeado un partido y salió sin errores", aseguró el uruguayo, que ese día tuvo un excelente saque que le dio gran parte de la clasificación a semifinales, con un 79% de efectividad en el primer servicio.

Al día siguiente llegó un duro partido ante Chris Woodruff, con el que sufrió para ganar 7-5, 3-6, 6-4 y meterse en la final del domingo 4 de mayo, que llegó a Uruguay televisada por canal 10. De esa manera, el tenis uruguayo pudo volver a disfrutar un título ATP como no lo hacía desde cuatro años antes, cuando el mismo Filippini se había quedado con el abierto de Florencia, también en el primaveral mayo europeo.

El triunfo fue sobre el local Jason Stoltembarg por 7-6, 6-4, para dar el gran golpe y, en un torneo en el que aparecían en el cuadro gigantes como Andre Agassi o Michael Chang, terminara festejando el jugador con menor ránking entre los participantes.

Y como si hubiese agarrado una racha triunfal irrefrenable, a las dos semanas llegó el turno de cruzar el océano y jugar el torneo de Saint Polten, Austria, donde otra vez aparecería un verdugo de la Davis como Thomas Muster.

Allí Filippini tuvo la suerte de su lado, para imponerse en un torneo de enorme jerarquía. Le ganó en primera ronda al español Alberto Viloca, y luego en segunda ronda superó al suizo Marc Rosset por abandono cuando ganaba 4-0. Los papeles le decían que le tocaría enfrentar a Marcelo Ríos, por entonces tres del mundo, pero el chileno perdió con el sueco Thomas Nyhdal y un obstáculo enorme se le borró a Filippini, que de todas maneras tuvo que sudar la gota gorda en tercera fase. Perdía 5-4 en el primer parcial y tenía set point en contra, cuando la lluvia obligó a suspender temporalmente el partido. En la reanudación el uruguayo fue mucho más, y terminó imponiéndose 7-5, 6-1, para clasificar a la final. "Tengo la cuota de suerte justa, esta temporada se está poniendo linda", aseguraba la mejor raqueta del Uruguay.

En semifinales llegó la victoria ante un joven Dominik Hrbaty por 7-6, 6-1 en una enorme remontada luego de haber estado 5-1 abajo en el primer set. Y por segunda vez en el mes, llegaba la chance de jugar una final ATP por lograr el hito de dos títulos en un año.

Y se dio nomás, porque en la final venció a Patrick Rafter -que luego llegaría a ser número 1 del mundo- por 7-6, 6-2, lo que le dio a Filippini un salto hasta el puesto 53 del mundo. Sería el último título de una de las mejores trayectorias del tenis uruguayo, que navegaría varios años en el desierto hasta hoy tener la esperanza de Cuevas de intentar meterse entre los 100 mejores del mundo. Más valor aún para poner en perspectiva la última vez que un título de los grandes vino a parar a tierras uruguayas.


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