La 12 bajó un cambio

En su estadía siempre fueron escoltados; Referí constató el pacto de no agresión con la hinchada de Nacional
La invasión tan promocionada de los hinchas de Boca a Montevideo por los cuartos de final de la Copa Libertadores no fue tal. Fue una noche tranquila, en gran parte por el pacto entre las barras de ambos clubes para evitar incidentes, y en parte por un operativo que siguió a los argentinos a cada centímetro.

Si bien el sector destinado por los albos en el Gran Parque Central tenía un tope de tres mil entradas, desde Argentina se informó que llegarían el doble de parciales debido a la venta de boletos falsos. Al final, solo un grupo pequeño se quedó afuera por entradas falsas.

"Tuvimos cinco requisas, dos en Argentina y tres en Uruguay. La más dura fue a las 10 de la mañana. Cuando a los pibes les tiraron todo el alcohol se acabó la joda", contó el chofer de uno de los ómnibus que partieron desde Buenos Aires, previo pedido de anonimato y sin fotos cerca.

A esa hora, el Ministerio del Interior confirmaba la incautación de más de 100 litros de alcohol, hojas de coca y varias pastillas de éxtasis. "Vení a fijarte acá. ¿Ves que la caja de motor de la heladera la falta un tornillo? Estos vagos escondieron algo", repite el chofer. Era una botella de Fernet intacta.

"Con algo nos tenemos que hidratar", reclamó un hincha a modo de broma que ofició como guía turístico de Referí en el interior de un micro que parecía una selva. Restos de comida, cajas de cigarrillos, vasos usados y ropa en el piso eran vigilados por dos bombos de La 12.

"Acá el fotógrafo no sube", advirtió un integrante de "La caravana del Oeste", como se denominan las filiales de la hinchada de esa zona de Buenos Aires, y testigo directo de los incidentes que terminaron con los capos de la barra presos en Paraguay. "El coche agarró por los barrios bajos y nos cagaron a pedradas. La 12 se bajó, también nos bajamos nosotros y hubo una respuesta por parte de los referentes, una pelotudez", contó sobre los hechos de hace dos semanas.

El núcleo de La 12 estaba demorado y la barra estaba compuesta por hombres duros de la segunda línea.

La charla en el micro se interrumpió por la llegada de dos barras de Nacional, quienes le dieron una cálida bienvenida.

El pacto de no agresión tan comentado y avalado por el Ministro del Interior era una realidad. No hubo un largo trecho entre el dicho y el hecho.

Incluso los policías encargados de custodiar a La 12 se percataron de los dos tricolores -estaban vestidos con ropa del club- y no intercedieron. Era un pacto sellado.

El juego empezó sin los capos, Mauro Martín y Rafael Di Zeo, que ingresaron a los 28 minutos.
Su ingreso se notó a la legua porque hay una ley no escrita. El que no canta, cobra, y el que no aguanta, se tiene que ir. Incluso el propio Di Zeo confirmó el pacto con los tricolores a su entrada en el estadio. "No hubo pacto entre barras, hubo un diálogo entre personas", fue lo que dijo.

Di Zeo y Martín son los brazos ejecutores de una orquesta recaudadora, famosa por sus excesos, traiciones y vínculos políticos que tuvo su punto más crítico en febrero de 2006, cuando -bajo la presidencia de Mauricio Macri- la barra brava jugaba al fútbol y comía asados en la concentración del equipo hasta que se desató una balacera según cuenta el periodista Gustavo Grabia.

Quienes no vinieron fue la facción de Los Pinos, ya que a su líder Morci Ávila le lanzaron bombas molotov sobre su casa y su camioneta por un ajuste de cuentas.

El Ministerio del Interior informó de cuatro detenidos, de los cuales dos pertenecen a la hinchada de Boca y dos de Nacional.

Populares de la sección

Acerca del autor