Justo vos Nacho, justo vos...

Un hijo de la Curva, Ignacio González, le dio el triunfo a Wanderers ante Danubio
Mirá que tiraste magia en Jardines Nacho. Cuánta gambeta, cuánta asistencia, cuántos goles... Fuiste uno de los nenes mimados de la hinchada de Danubio. Uno de los más fieles representantes del paladar más exigente –y exquisito– del fútbol uruguayo. ¿Cómo explicar entonces esos insultos que te despidieron ayer de Jardines?

Simple. Wanderers, el equipo a donde llegaste tras tu inestable período en Nacional, le ganó ayer 1-0 a Danubio en el tiempo agregado con un gol tuyo.

¡Gol feo eh! Le quisiste pegar de afuera del área, de zurda, y la mordiste. Irreconocible. Pero en el rebote la pelota te llovió desde el cielo y ahí, con toda tu categoría, se la cabeceaste por arriba a Etulain.

Ni lo gritaste el gol. Pero la hinchada ya estaba caliente contigo porque minutos antes quedaste entreverado con Rodrigo Fernández forcejeando en el piso.

No sé cómo te habrán caído todos esos insultos. Si lo entenderán como parte del folclore futbolero o si te dolerá en el alma. Pero el hincha es así. Y eso lo tenés que tener más que claro.

Tanto como que Danubio se jugaba mucho ante el bohemio. Y que la franja jugó mejor, mereció más. Sobre todo en el primer tiempo.

Porque los apretaron bien arriba en la salida y los forzaron a jugar en largo. Para Blanco que no tiene altura, para vos que te gusta cortita y al pie, y para Santiago Martínez que como extremo no rinde lo mismo que como doble cinco.

Les patearon ocho veces al arco, les generaron cinco chances de gol y les tiraron seis córners. Ustedes ni un tiro de esquina tuvieron. Y en sus tres remates al arco no pasó nada.

Digan que Leonardo Burián está hecho un candado en ese arco. Como en la que le sacó a Jonathan Dos Santos cuando terminaba el primer tiempo.

Mejoraron algo para la segunda mitad. Etulain se mandó flor de atajada a un remate de Manuel Castro y Fernández sacó un gol hecho de la línea.

Pero cuando Andrés Cunha echó a Gonzalo González –¿no tendría que haber hecho lo mismo con Rodrigo Rivero por su planchazo en el primer tiempo? Y seguro lo tuvo que hacer al final con Emiliano Díaz por falta de último recurso– a Danubio le tocaron el orgullo. Y vos sabés que el orgullo danubiano lo hace bravo.

Empujaron los pibes de Leonardo Ramos. Pero no pudieron. Y ustedes sí. Por vos Nacho, por ese cabezazo que te costó una lluvia de insultos. Así de injusto es el fútbol. Pero eso vos ya lo sabés.


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