JR con la tabla del dos

Carrasco empezó a trabajar en Danubio con la mira puesta en el arco rival y ensayó las primeras jugadas “como en la escuela”, expresó

Dónde está la trampa acá? La trampa es que él me trae al defensa y vos te hacés el boludo (sic) acá, y metés el pase directo”. La voz agitada de Juan Ramón Carrasco cruza el complejo de Danubio. Once y veinte de la mañana. El frío castiga, la lluvia pega. Carrasco sigue. Corre con la pelota en los pies. Hace de marcador y de delantero. Es su primer entrenamiento en la franja. Y, como no podía ser de otra manera, lo empezó a su estilo: para adelante. Por más que aclaró que le faltaron defensas porque están en las selecciones juveniles, JR dedicó su primer trabajo a enseñar las jugadas para lastimar al rival.

“Falta, falta, falta un montón”, dice JR mirando a sus dirigidos, cuando el profesor Alejandro Martínez atraviesa la cancha y le dice que es hora de terminar. “¿Hicimos la dos acá?”, pregunta haciendo referencia a la jugada ofensiva número dos. Y cuando le responden afirmativa acota: “Está bien, vamos a dejar y volvemos de tarde porque no quiero marear mucho”.

Atrás había quedado una hora y veinte de enseñanzas. “Fue como en la escuela, empezamos por la tabla del dos”, expresó Carrasco para resumir el primer movimiento en Danubio.

La tabla del dos consistió en formar parejas de jugadores parados en sus puestos a los que comenzó a enseñarles las jugadas.

“Vamos a empezar a corregir algunas cosas. Cuando es pase largo no miro, no paro la pelota y miro. ¡Dale Pato, dásela a Mayada!”. La pelota va al volante que la para al revés y Carrasco lo detiene. Pide que le pasen la pelota y la acomoda. Le queda servida para lanzar sin tener que dormirla. De primera. “Poné el pie firme y la pelota va sola”. Mayada no se equivocó más.

Fueron una, dos, tres, una decena de reiteraciones de la jugada uno y luego la dos. Por derecha y por izquierda. Con uno y otro jugador. Con Carrasco metido en la cancha. “Otra cosa. Tirame otra pelota. ¿Ven? Acá es así. Acá ataco yo a la pelota y le meto velocidad”.

Lentamente se fue llegando al final del movimiento. Atrás había quedado más de una hora intensa. Con enseñanzas de todo tipo. Hasta sobre la forma de parar la pelota para sacar provecho de las jugadas. También hubo palabras para recordar como está la gente: “Ves, ese gol lo tenemos que hacer. La hinchada es exigente, vos sabés que es exigente”, le comentó a Diego Perrone, el referente máximo de los danubianos.

El mismo Diego al que había tomado de la cintura, después de media hora de charla, para pedirle que le presentara uno por uno a todos los jugadores a los cuales les dio la mano.

Carrasco se presentó en la franja. Como en la escuela, empezó por la tabla del dos.  


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