JR entre apuestas, regalos y su costado solidario

River está marcado por grandes historias y por el estilo de Carrasco
El Complejo de River Plate tiene una particularidad. Atrás de los vestuarios hay un viejo vagón de tren. Piso de madera. El frío ingresa por las aberturas.

El lugar tiene dos particularidades. Los asientos de madera son los que se utilizaron en el Estadio Centenario durante el Mundial de 1930. Y la segunda es que por el vagón pasaron la inmensa mayoría de las últimas estrellas darseneras. Desde Jonathan Urretaviscaya, pasando por el "Pelo" Michael Santos, Felipe Avenatti, Fernando Gorriarán y llegando a los nuevos tiempos de Nicolás Schiappacasse. Todos se cambiaron en el vagón.

Ahí se empieza a escribir una buena parte de la historia de la utilería del darsenero. Los botijas que vienen a hacer sus primeras armas deberán pasar indefectiblemente por el mágico lugar que hace las veces de vestuario. "El vagón... claro que me cambié ahí. Qué lindos recuerdos", dijo Schiappacasse a Referí.

Desde hace 13 años, Carlos Streccia se encarga de la utilería de River Plate que se divide entre el Complejo de Colón y el Saroldi. Comenzó a trabajar en el club de la mano de su tío, el exfutbolista y hoy entrenador Osvaldo Streccia.

"En el vagón se cambiaron casi todos. Hoy van los botijas de Quinta y Séptima. Cuando venían muchas categorías empezaron a ir para ahí y lo hicieron como un vestuario. Todos pasaron por el vagón", expresó Carlos en charla con Referí.

En el club lo consideran como un escalón más en esa escuela de enseñanzas con los jóvenes.
"Tenés que ir viviendo las situaciones como todos las vivieron. Lo que pasa que ahora les llegan muy rápido las cosas a los jugadores. Acá tienen todo, hace unos años se venían con el bolso. Las cosas van cambiando para que el jugador tenga todo, capaz que eso tampoco los ayuda a los gurises a querer otras cosas más importantes. Y ese vagón juega un rol importante", acotó Streccia, mientras a su lado Fernando Gorriarán confirmaba: "Yo también me cambié en el vagón".

Carlos llegó al club por su tío Osvaldo Streccia, que un día le dijo: "Carlos, me falta un utilero, ¿vos te animás a trabajar?". Fueron seis meses trabajando con los juveniles hasta que lo pasaron al primero. A partir de 1995, luego de un año donde estuvo inactivo, Carlos no abandonó más el lugar.

"Yo tenía cero experiencia. Fui aprendiendo. Y los gurises me daban una mano. Después te vas haciendo", expresó antes de recordar que con los DT con los que más trabajó fueron Carrasco y Almada.


Las apuestas de Juan Ramón

Carlos dice que Carrasco lo sorprendía. "Vieron que Juan es mucho de apostar con los jugadores. Que un perfume, que un pantalón, que un asado. Siempre tiene un desafío para patear. Un día viene y me dice 'te juego por plata a pegarle al travesaño'. Ta, yo le dije que le jugaba, pero que no le iba a pagar nunca porque me ganaba por muerte. Juan ponía la pelota, le pegaba, y la reventaba contra el travesaño. Pero en un momento él erraba por gusto. Entonces ahí me apostaba la sidra y le tenía que pagar. Pero yo le aclaraba, mirá que no te voy a pagar la sidra que tomás vos. La tuya es cara, yo tomo de la barata. Traé la que quieras, me decía".

Streccia reveló que en los vuelos compartía mate con Juan Ramón.
"Él no venía a tomar mate a la utilería pero a veces en los viajes, como yo me asustaba en los aviones, se arrimaba a tomar conmigo. Le agarré miedo a los aviones", revela. Y luego pasa a detallar el motivo. "Un día veníamos de un viaje de Bolivia a Buenos Aires, y cuando fue a aterrizar, se movió, y desde ese día subo a los aviones con un miedo bárbaro. Se podrán imaginar que todos los jugadores me empiezan a gritar y lo mínimo que me dicen es tranquilo que nos caemos".

La única cábala que tuvo Carlos en la etapa de Juan Ramón fue con las camisetas de alternativas.
"Un campeonato arrancamos jugando con la camiseta oficial. Perdimos dos partidos y cambié para la negra. Y empezamos a ganar y dije, 'ta, seguimos con la negra'. Vamos a jugar con Peñarol de locales y fui con todo el equipo negro. Peñarol tenía que cambiar la camiseta pero se negó. Dejé la oficial pero con medias y short negro. Perdimos 2 a 1".

Los zapatos y la valija

Streccia reveló que en 13 años solo tuvo dos olvidos: unos zapatos y la valija de un dirigente.
"Pero lo más curioso me pasó en un viaje de regreso de Argentina. Estaba pasando los bolsos y vino un dirigente y me dejó una maleta. Empecé a cargar, a cargar y cargar. Al terminar me preguntan: ¿está todo? Sí, sí, está todo. No había visto la valija. Subimos al barco, llegamos a Colonia y la valija del dirigente no estaba. Había quedado en el puerto de Buenos Aires. Me quería morir".
Carlos recordó que cuando estuvo Pablo Bengoechea con el Vasco Aguirregaray, lo hacían jugar al fútbol tenis con el cuerpo técnico.

Las arengas de Tulbovitz

De la etapa de Guillermo Almada, el utilero de River no olvida las arengas del profe Marcelo Tulbovitz.
"Era un monstruo motivando. Esa arenga te ponía la piel de gallina", recuerda. Y luego cuenta que "Almada nos daba una mano en todo, si faltaba algo el loco venía y me decía. En la cancha lo veía cuando se enloquecía y me reía porque son momentos que viven todos. Era exigente en las prácticas, pero nunca lo vi tener un problema con nadie".

Streccia dice que del plantel actual "los que llegan primero a tomar mate son Ale, Gastón Olveira, William Martínez, el Pepe Herrera, Matías Jones, Richard (Porta). Acá se habla de todo, no solo de fútbol. Uno intenta ayudar en lo que puede, no es que soy el salvador pero, por ejemplo, cuando los echan, que salen calientes, el que los recibe en el vestuario soy yo y tenés que dar alguna palabra".

Recordó cierta vez que había problemas para cobrar los salarios y le pidió a los jugadores si lo acompañaban a hablar con los dirigentes. "Y me acompañaron. Se habló bien porque el que no entiende que el fútbol no es lo mismo que un trabajo, lamentablemente no puede trabajar en esto. Ojalá en todos los cuadros pudiéramos cobrar todos los meses, pero dependés de un jugador que vendan. Es la realidad", asume.

Carlos finalizó con una historia de vida que le marcó el cariño que le tienen en el club.
"Una cosa que me marcó fue que cuando falleció mi padre... A veces uno no se da cuenta, te matás laburando, y de pronto no ves o no notás que la gente te aprecia. Y cuando me pasó lo de mi padre, apareció gente en el velorio que nunca imaginé. Esas cosas no se olvidan".

El día que Cedrés lo agarró del "cogote"

La anécdota más memorable de aquellos tiempos la vivió con Gabriel Cedrés. "Pablo (Bengoechea) me pedía que hiciera de juez en las prácticas de fútbol. Un día en el Saroldi le cobro un foul a Cedrés y se calentó. ¡Me agarró del cogote! Me miró feo y me dijo: 'Dedicate a la ropa'. Agarré el pito y le dije a Pablo: 'Sírvase, yo no hago más de juez'. Luego el Gaby vino a la utilería y me pidió disculpas", rememoró el utilero del club del Prado.

La utilería de las juveniles

Javier, el utilero de Tercera y juveniles, contó a Referí: "Hace ocho años que estoy acá. Un día, Aníbal Saralegui necesitaba un utilero y me trajo para sub 16. Trabajaba de lunes a viernes en una empresa de productos químicos de mañana y de tarde me venía para acá. Hace un par de años me ofrecieron todo porque cada categoría tenía su utilero. Yo no sabía nada, pero acá el tema es que tenés que estar".

Juan Ramón regalaba zapatos

El utilero Carlos Streccia reveló que Juan Ramón Carrasco regalaba zapatos. "A los gurises que subían les traía zapatos, o a algún botija de juveniles, que él veía con condiciones, lo ayudaba. Traía de todo, champú, jabón, perfumes. Apostaba con ellos a pegarle al travesaño. También te hacía patear tres dedos desde el córner. Yo lo miraba y no podía creer cómo lograba pegarle así a la pelota. Se metía en los entrenamientos".

La ayuda de JR a Fabián O' Neill

Javier, utilero de Tercera, contó que su relación con JR era de "hola y chau". Señaló: "Hablaba mucho conmigo porque yo soy amigo de Fabián O' Neill, entonces venía y me preguntaba: 'Bo, ¿cómo está el Canario?'. 'Está allá recuperándose del pedo de anoche', le decía yo. Y dos por tres le mandaba una moneda, una plata para que siga el día a día. Pero Carrasco tiene una personalidad media rara, entonces, para no chocar, yo prefería estar alejado".

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