Irresponsables

Si quienes tienen que transmitir un mensaje de paz y tolerancia recorren el camino contrario, poco más se puede esperar que más violencia

Para algunos es folclore, para otros violencia. Para unos no entender el humor, para otros una agresión. Algunos piensan que si esto pasara en Argentina, en Uruguay lo estaríamos aplaudiendo y disfrutando todos por igual. Desde que en un clásico en mayo de 2008 los hinchas de Peñarol burlaron los controles de la Policía e ingresaron a la Ámsterdam una gallina gigante con los colores de Nacional se instaló un disparador de violencia que no es ni gracioso ni folclórico, y que va contra las buenas normas de convivencia.

Como hasta el sábado, en cada polémica aparición del inflable, solo estuvieron involucrados los mismos irracionales hinchas que cada fin de semana deberían ser desalojados del fútbol, pero mantienen un inaceptable privilegiado lugar, el tema quedaba reducido a que era obra de los inadaptados. Pero dejó de ser de un asunto de irracionales, o de quienes no deberían estar en esa categoría. Desde el sábado, cuando un grupo de jugadores profesionales de básquetbol traspasó la línea de la tolerancia para ingresar en una provocación absurda, el tema trepó a un nivel inaceptable. Lo mismo hubiera escrito si los jugadores profesionales de fútbol de Peñarol asumían el lugar de los basquetbolistas.

Si quienes tienen que transmitir un mensaje de paz y tolerancia recorren el camino contrario, poco más se puede esperar que más violencia. Por eso considero que Peñarol como institución quedó seriamente comprometida en esta provocación, es cómplice de la acción como organizador del espectáculo y debe tomar cartas en el asunto. Ya no pueden mirar para el costado.


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