Instinto de reacción

Después de 60 minutos penosos, de estar en desventaja y de errar un penal, Peñarol se lo dio vuelta a Rentistas sin más lógica que la de su camiseta
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La historia de Peñarol está construida de trompadas a la lógica y trancazos a la adversidad. De reacciones inconcebibles y remontadas inesperadas. El triunfo de ayer ante Rentistas tuvo mucho de eso, más allá de la modestia del rival y de que solo estaba en juego seguir siendo escolta de un Clausura y líder de una Tabla Anual.

El aurinegro jugó 60 minutos para el olvido ante el bicho colorado. Sin orden ni concepto. A ritmo del menor esfuerzo físico posible. Sin alma ni rebeldía.

A Rentistas, un equipo que lucha desesperadamente hundido en el descenso, le bastó con apretar dos líneas de cuatro sobre su campo y presionar cuando Peñarol pretendió generar juego para tener el partido bajo control.

Y el aurinegro fue, en consecuencia, un equipo partido donde sus dos delanteros –Diego Forlán y Cristian Palacios– vivieron divorciados del resto mendigando las miserables migajas del pelotazo largo.

Rentistas pasó de controlar a animarse. ¿Cómo? Con tres remates de media distancia. David Terans y Matías Mier enseñaron el camino y a los 37' Yoel Burgueño abrió la cuenta en una jugada donde la reacción de Gastón Guruceaga dejó gusto a poco.

En todo el primer tiempo, Peñarol solo se asoció una vez. Fue a los 30' cuando Matías Aguirregaray salió del fondo limpiando rivales, pasó a Forlán y este habilitó a Albarracín al espacio vacío de una defensa que se vio obligada a adelantarse. El centro del ex Wanderers no encontró receptor.

Era muy claro que ese era el camino. Pero antes y después Aguirregaray prefirió tirar pelotazos de 40 metros, llovidos y anunciados, mientras Diogo no se ofrecía convincentemente para los desdobles por la izquierda y nadie se movía en torno a Federico Valverde, el único que apostaba por jugarla a ras del piso y al compañero mejor ubicado.

La hinchada, una vez más, reclamó el factor H. Pero el problema estaba en el juego.

Jorge Da Silva sacudió a sus dirigidos dándole ingreso a Hernán Novick, que entre semana le había cambiado la cara al equipo en la despedida de la Libertadores ante Sporting Cristal.

La estructura mutó del 4-4-2 al 4-2-3-1 y la sola presencia del talentoso Novick dotó al equipo de otra aceleración de mitad de cancha para adelante.

La salida del errático Nandez movió a Valverde al doble cinco y el botija empezó a manejar los hilos del equipo desde una posición más central.

Un pase profundo de Valverde, claro, le entró a la zaga de Rentistas como una cuchillada sobre su banda izquierda. Aguirregaray simuló penal –el primero que le cobraban a Peñarol en toda la temporada–, pero ni así el aurinegro lo pudo empatar. Forlán, el ejecutor natural, ya había salido y el encargado del remate fue Palacios. Guillermo Reyes se lo atajó.

El golero del bicho, ex Peñarol, se erigía así en gran figura del partido. Además del penal le había atajado un par de tiros libres a Forlán dominando también el área con gran sentido de seguridad.

Lento, pesado y jugando como punta, Matías Mier estuvo a centímetros de cerrar el partido a los 67', dos minutos después del penal atajado a Palacios.

El exaurinegro giró en cuotas al borde del área y clavó un misil con su exquisita pegada que zumbó un palo de Guruceaga.

Un par de incursiones de David Terans por derecha enganchando para la zurda dieron la sensación de que Rentistas lo podía ganar.

Pero el que lo ganó fue... Peñarol. Primero porque Rossi se animó a encarar a una zaga que lo pasaba bomba rechazando misiles aéreos. El botija, el que entró por Forlán, encontró un rebote, se filtró entre grandotes y la acomodó contra un palo. Golazo.

Maxi Rodríguez entró y sintonizó enseguida la onda de la reacción. En su primera pelota vio adelantado a Reyes y la metió de lejos con su zurda mágica.

En dos minutos (71' y 73') Peñarol lo daba vuelta.

La identidad recobrada entre semana con el agónico triunfo de atrás ante Cristal volvió a aflorar.

Maxi lo cerró con un zurdazo cruzado tras gran jugada personal de Hernán Novick.

Sin razón ni lógica. Simplemente con la camiseta. La de Peñarol. l

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