Ingresan en la recta final de las emociones

Después del empate del domingo, Peñarol tiene todo a favor para coronarse campeón; Nacional salió fortalecido del Centenario, pero mirando al futuro, el panorama se le complicó

El empate del clásico dejó a Peñarol con las mayores posibilidades de obtener el Torneo Apertura cuando faltan cuatro fechas para el final. Quedó dos puntos arriba de Defensor Sporting y El Tanque Sisley, y mantuvo los cuatro sobre Nacional.

Los rivales que le quedan están todos de mitad de tabla hacia abajo:  Progreso, Wanderers, Juventud y Liverpool. El negriazul, que alcanzó una destacada actuación en la Copa Sudamericana y puede ser un rival complicado para los aurinegros, no ha repetido su campaña en el Apertura. Además, si bien Peñarol tiene dos partidos de visitante, siempre juega en el Estadio Centenario.

Esta facilidad no la tienen ni Defensor Sporting ni El Tanque Sisley, los equipos que en este momento están más cerca de Peñarol.

El camino de Nacional tampoco se avizora como complicado, si bien en este mismo torneo perdió tres partidos. El tema es que Nacional no solamente tendrá que esforzarse para ganar los 12 puntos (de los que disputa nueve en el Parque Central) sino que tendrá que esperar los traspiés de Peñarol, Defensor y El Tanque, para ilusionarse con el título.

Pero, más allá de lo que les queda  por jugar a los dos clubes grandes de Uruguay, es bueno analizar cómo quedaron parados después del partido que los enfrentó el domingo y que terminó 0-0.

Llegó disminuido
En primera instancia Nacional salió fortalecido del Estadio Centenario. Llegó a ese partido con todas las de perder. Los últimos resultados de ambos equipos así lo demostraban. Peñarol había ganado los últimos cinco partidos con varios goles en su haber, mientras que Nacional había perdido los últimos dos.

Además, mientras que el equipo de Jorge Da Silva tenía solo la baja por lesión del zaguero Carlos Valdez, el de Gustavo Díaz había perdido a Facundo Píriz (fractura de clavícula), Gonzalo Bueno (expulsado), mientras que Álvaro Recoba llegaba con 22 días de inactividad producto de una contractura muscular y con Sebastián Taborda en duda hasta último momento.

Por todo esto es que al cabo de los 90 minutos del domingo, en los que sufrió en la primera parte y tuvo casi todo a favor en la segunda, Nacional se fue conforme del estadio, pese a que dejó pasar una preciosa oportunidad para ponerse a un punto del líder.

El planteamiento de Díaz, defensivo a simple vista, le dio la razón. Lembo demostró una vez más su importancia en esta clase de partidos, Medina mantiene su invicto clásico, Damonte jugó uno de sus mejores partidos desde que llegó al club y Santiago Romero se plantó con aplomo en la mitad del campo, como si estuviera jugando en Tercera división.

Quedó demostrado que Recoba no llegó en su plenitud y que Luna mejoró sus últimas actuaciones. Un vistazo rápido permite concluir que Nacional (y su técnico) salió bien parado del clásico. Pero a fin de año, cuando la directiva (que tendrá una nueva integración) analice el trabajo del técnico y su proyección de futuro, tal vez ahí quede en deuda.

Peñarol en cambio se fue con un dejo de amargura del Centenario. Era el momento de cimentar con un triunfo clásico todo lo bueno que hizo en el torneo y de paso, borrar la racha negativa que carga en materia de clásicos (ver nota aparte).

También era una linda oportunidad para que su técnico Jorge Da Silva consiguiera la primera victoria clásica, un punto del que siempre se asen los dirigentes y los hinchas cuando pasan raya a una campaña. El comienzo del partido fue demoledor a favor de los aurinegros. La sensación era que se iban a cumplir los pronósticos. Grossmuller, Estoyanoff, Zambrana y Zalayeta mostraban el nivel alto de siempre. El que faltó a la cita fue Olivera.

Pero al revés de lo que pasó con Nacional, mirando hacia el futuro, Peñarol consiguió un gran punto, que lo deja encaminado al título.


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