Impotencia

Nacional arrastró los mismos problemas que sufrió en el Apertura cuando no tuvo a Recoba; de todas formas, el equipo para el Clausura tendrá a Albín, Abreu y Alonso

La actitud de Gustavo Díaz pinta de cuerpo enterno lo que el entrenador de Nacional está viviendo. Pese a ser respetuoso de las decisiones, por más bronca que le genere, esta vez se negó a retirarse de la cancha después que el árbitro lo expulsara cuando promediaba el segundo tiempo del clásico de la Copa Bimbo. Se hizo el desentendido, y hasta el rebelde cuando el cuarto árbitro le reiteró que Christian Ferreyra lo había expulsado. El caso llegó al extremo cuando el cuarto integrante de los jueces llamó a la fuerza policial para retirarlo de la cancha. El Chavo estaba incómodo, sin dudas. Pero ya no solo por la expulsión, sino por la expresión futbolística de Nacional que distó mucho de la que imaginó, cuando desembarcó en el club hace siete meses.

La derrota en el clásico, que cortó un ciclo invicto de dos años de Nacional frente a Peñarol, que terminó –o al menos hizo una pausa– en el mito de superioridad que estos jugadores albos habían impuesto, incluso hasta en las situaciones más adversas, transmiten al funcionamiento del equipo tricolor la sensación de impotencia.

El planteamiento, extremadamente conservador, con siete hombres con clara misión de marca (Pablo Álvarez, Andrés Scotti, Alejandro Lembo, Adrián Romero; Santiago Romero, Israel Damonte, Maximiliano Calzada), fue el mismo que en el clásico del Apertura. En esa ocasión le dio buenos réditos, porque el golero Jorge Bava fue la figura del partido y rescató un punto en circunstancias en las que futbolísticamente estaba en desventaja.

Esta vez no le alcanzó. Puso tantos marcadores que dejó al equipo sin margen para crear fútbol. Plantó en la cancha un equipo desequilibrado, con apenas tres futbolistas con vocación ofensiva (Matías Cabrera, Adrián Luna y Alexander Medina).


De esa forma era casi imposible que pudiera superar el empate. No estaban dadas las condiciones futbolísticas, aunque Adrián Romero la peleó por la banda izquierda con un ida y vuelta al mejor estilo de Núñez .

A pesar de la cancha, que perjudicó el funcionamiento de ambos, igual que la etapa de preparación en la que se encuentran y el arbitraje, que no fue bueno, el problema de Nacional, fue Nacional mismo y la inoperancia que mostró a la hora de generar juego.

Si este análisis se planteaba en la primera presentación de los tricolores en la temporada, sin dudas había que dejar margen para que el fútbol de los albos mutara hasta encontrar la mejor identidad y mostrara un cambio. Sin embargo, atrás del funcionamiento de Nacional, hay un Apertura de irregular funcionamiento, de una excesiva dependencia del fútbol de Recoba y de un equipo que no cree en su capacidad futbolística, y si cree no lo demuestra.

Tal vez porque el DT no le llegó a los jugadores o los jugadores no se encuentran en la medida que necesita un equipo.

El clásico dejó para Nacional un saldo negativo. De todas formas, pese a la impotencia que genera en los hinchas el funcionamiento del equipo, les queda la esperanza de que la oncena que vieron el miércoles en el Estadio no será la misma que afrontará la Libertadores y el Clausura, porque allí estará el fútbol de Juan Albín, los goles de Sebastián Abreu e Iván Alonso y las corridas de Gonzalo Bueno. Menuda tarea les espera a estos jugadores, que tendrán que hacer jugar al fútbol al equipo .


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