Igual que en una película

El Departamento de Justicia sostuvo que la corrupción en la FIFA era “rampante, sistémica y arraigada” y que “se extiende por al menos dos generaciones de dirigentes de fútbol”

Fue exactamente como en las películas. En un entorno de ebullición, en Zúrich, la capital suiza, donde se esperaba la elección del próximo presidente de la FIFA, un auto con policías de civil se detuvo frente al lujoso hotel Baur au Lac, en el que se alojaban varios de los participantes del evento mundial. Luego de exhibir las órdenes de allanamiento emitidas por la Justicia y de obtener la llave de varias habitaciones, los agentes ingresaron y detuvieron en el lugar a siete dirigentes de la organización del fútbol mundial, entre ellos, el uruguayo Eugenio Figueredo. A los pocos minutos, era noticia en el diario The New York Times, el que había sido advertido para generar más impacto mundial y en todos los portales del planeta. Los investigadores no anduvieron en chiquitas.

Aprovechando que estos dirigentes se encontraban en Suiza para la elección del presidente de FIFA, un tribunal federal de Brooklyn, Nueva York, emitió las órdenes de captura contra 14 acusados de crimen organizado, fraude electrónico y conspiración y lavado de dinero, entre otros delitos.

La investigación tuvo un empuje en 2011, año en que el FBI logró introducir un “topo” en las entrañas de la corrompida organización multinacional (ver El espía que traicionó a todos).

Según las grabaciones y declaraciones obtenidas por los agentes federales, durante más de 20 años los dirigentes del fútbol incurrieron en delitos de extorsión, soborno y comisiones ilegales por cientos de millones de dólares para conceder la comercialización de los torneos internacionales.

Los cargos fueron llevados adelante en Estados Unidos porque una parte de los negociados tuvieron lugar en ese país, y fueron anunciados por la procuradora general, Loretta E. Lynch, la fiscal federal Kelly T. Currie, y los oficiales James Comey, Diego Rodríguez, Richard Weber y Erick Martínez.

Mientras que la sede de la Concacaf (Confederación de Fútbol de Centro y Norte América y del Caribe) en Miami, Florida, era allanada, en Zúrich, siete hombres ingresaban bajo protección a los vehículos policiales: Jeffrey Webb, Eduardo Li, Julio Rocha, Costas Takkas, Eugenio Figueredo, Rafael Esquivel y José María Marin.

Entre los empresarios involucrados figuran los argentinos Alejandro Burzaco, presidente de Torneos y Competencias, y Hugo y Mariano Jinkis, propietarios de la empresa Full Play, que tiene los derechos de televisación de la mayoría de las selecciones de Sudamérica y algunas de la Concacaf, además de los derechos de Eliminatorias Sudamericanas, la Copa América de Chile 2015 y el Sudamericano Sub 17, que se disputará en Paraguay.

Figura también José Hawilla, propietario y fundador de una multinacional de marketing deportivo con sede en Brasil, y de las compañías Traffic Sports International Inc. y Traffic Sports EEUU Inc., con sede en Florida. Hawilla aceptó devolver US$ 150 millones.

“La corrupción es rampante, sistémica y arraigada tanto en el extranjero como en Estados Unidos”, dijo el procurador general Lynch, según el documento divulgado por el Departamento de Justicia. “Se extiende por al menos dos generaciones de dirigentes del fútbol” que presuntamente “abusaron de sus cargos de confianza para adquirir millones de dólares en sobornos y comisiones ilegales, y ha perjudicado profundamente a una multitud de víctimas, de las ligas juveniles de los países en desarrollo que deberían beneficiarse de los ingresos generados por los derechos comerciales que estas organizaciones tienen”, así como a los aficionados, dijo el funcionario. Con esta acción, el Departamento de Justicia “deja claro que tiene la intención de poner fin a tales prácticas corruptas, para acabar con la mala conducta y llevar a los malhechores a la Justicia”.

La fiscal federal interino, Currie, afirmó que tras décadas de “corrupción descarada, el fútbol internacional organizado necesita un nuevo comienzo”, y advirtió: “Esta acusación no es el último capítulo de nuestra investigación”.

“Los acusados fomentaron una cultura de la corrupción y la codicia que creó un campo de juego desigual para el deporte más importante del mundo”, dijo el director Comey. “Pagos no revelados e ilegales y los sobornos se convirtieron en una forma de hacer negocios en la FIFA”, agregó.

“Cuando los líderes de una organización recurren a engañar a los mismos miembros que se supone que representan, tienen que rendir cuentas”, dijo Weber, uno de los responsables de la investigación.

Y agregó: “La corrupción, la evasión fiscal y el lavado de dinero ciertamente no son las piedras angulares de un negocio exitoso. Este caso no se trata de fútbol, se trata de la equidad” y del respeto a la ley.

Advirtió, además, que el Departamento de Justicia “seguirá investigando crímenes financieros” y de cualquier tipo que involucre a dinero proveniente de ilícitos “para nivelar el campo de juego” en beneficio de “los que obedecen la ley”.

El Departamento de Justicia hizo una advertencia que revela que junto con la severidad de las acciones, también protege la posible inocencia de los acusados: “Los cargos en la acusación son meramente acusaciones y los acusados se presumen inocentes hasta que se demuestre su culpabilidad”. Asimismo, el dinero recuperado quedará en custodia por si hubiere que devolverlo, algo que no parece probable.


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