Hugo siempre está

Cuando el partido entraba en la recta final y no había ideas claras, apareció Silveira para darle el triunfo de atrás y poner al bolso líder


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Ni la presión de los resultados que se habían dado en la fecha. Ni el gol de Wanderers. Ni el paso de los minutos sin encontrar el gol, ni la mejor forma futbolística del rival fueron capaces de sacarle a Nacional la idea de quedar como único líder del torneo Apertura. El tricolor terminó dando vuelta el partido ante Wanderers con un nuevo gol de Hugo Silveira, el hombre que en los momentos más críticos, termina diciendo acá estoy yo.

Desde los primeros minutos se marcó la cancha. Wanderers le cedió el terreno a Nacional que asumió el rol de protagonista en el partido. Y, lanzando a Otálvaro y Ramírez por las bandas, empezó a invadir.

A los '19 fue un cabezazo de Tata González libre de marcas por el segundo palo apenas afuera.

Lentamente Nacional comenzó a inclinar la cancha. Fue así que a los 22 minutos construyó un ataque por izquierda. Fucile puso a correr a Ramírez, que lanzó el centro al medio, cerraron mal dos defensas y le quedó a Seba Fernández que sacudió el travesaño del arco de Rodríguez.

Sin embargo, en el mejor momento del tricolor, una pelota larga sorprendió a la defensa de Nacional mal parada. Corría el minuto 26 cuando Colombino metió un sombrero y lo vio correr a Palacios. Allá fue la pelota entre medio de los dos centrales tricolores. El goleador se fue al mano a mano con Conde que intentó cerrar, pero Palacios lo eludió y definió cruzado para poner al bohemio en lo más alto de la tabla.

Wanderers sorprendió a Nacional con pelotas largas. Como la que metieron a los 32 al segundo palo. Blanco ganó la espalda de Fucile, la bajó de pecho y le pegó cruzado obligando a Conde a una gran tapada.

Minutos después Lasarte se quedó sin su delantero más inquieto. Fernández fue por una pelota y se sintió el posterior. Pidió el cambio y su lugar fue ocupado por Martín Ligüera. Esto generó un movimiento de piezas ya que Ramírez pasó unos metros arriba para acompañar a Silveira. Nacional quedó con tres volantes para contener con Ligüera por delante de ellos.

Y Martín, apenas un minuto después de haber entrado en cancha, aprovechó un desborde de Otálvaro que lanzó el centro al medio. Silveira no pudo conectar y el 10, de taco, definió con su habitual calidad.

Los equipos se fueron al descanso con el empate en el marcador.

El inicio de la parte complementaria mantuvo las mismas características.

Nacional fue en procura del gol de la victoria, merodeó el arco de Rodríguez, pero no tuvo claridad para terminar de cerrar las acciones que fue provocando. El partido entró en zona de intrascendencia lo que le permitió a Wanderers tomar confianza y darse cuenta de que podía. El bohemio tomó la pelota, tocó, pero no inquietó a Conde.

Y como Nacional estaba en la misma, el complemento se fue consumiendo con escasas situaciones. Acaso la más clara fue una pelota que recibió Silveira solo, giró y sacó un remate que se perdió apenas afuera.

Sobre la media hora los bohemios reclamaron por una dura entrada de Ligüera que bien pudo significar su expulsión.

Y lentamente el partido fue entrando en la recta final. Nacional sabía que alcanzaba a Defensor en el primer lugar de la tabla y que cualquier error lo sacaba de esa posición. Tomó precauciones.

Pero la gente desde las tribunas lo obligó. A diez del final Sebastián Rodríguez sacudió la modorra del partido con un remate de afuera pero la pelota se estrelló en el ángulo. La acción no había terminado cuando la pelota derivó a Kevin Ramírez que mandó el centro al corazón del área. Pelota rastrera, con contenía veneno. Y Silveira la empujó para mandar a Nacional a lo más alto de la tabla de posiciones.

En el cierre Wanderers amenazó con alguna corrida de Castro pero no pasó más de eso.

Nacional dejó siempre la sensación de tener el juego controlado, encaminado a un triunfo seguro.

Y fue lo que pasó. Es probable que el equipo de Lasarte no sea vistoso, no pase por un buen momento futbolístico, pase malos momentos y beba tragos amargos como contra Boston River, pero se muestra como un líder compacto, que sabe lo que quiere y al que será difícil bajar de la punta.



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