Hay un futuro brillante en el rugby

El cuarto puesto de Los Teritos en el Mundial Juvenil B revela que se está en buen camino

Al final el revolucionario torneo que hicieron Los Teritos terminó en cuarto puesto tras la derrota 26-25 ante Estados Unidos en la definición por el Bronce. Los fríos números que quedarán en la página de Wikipedia del Junior World Rugby Trophy 2014 dirán que Uruguay es el 16º en el mundo a nivel juvenil. Que ganó dos partidos, empató pero  perdió uno solo, pero que por culpa de los bonus se quedó sin la final, que terminó ganando Japón, al que los celestes vencieron 33-28 en el debut.

Pero los números habrán quedado cortísimos para explicar lo que significó para el rugby uruguayo este Mundial Juvenil. Porque fue una refrescante sorpresa, de un equipo que se había ido en silencio y con el recuerdo de Temuco 2013, cuando los rivales estuvieron lejos. Es más, hace un año, la preocupación estaba marcada porque los celestes habían perdido el segundo escalón sudamericano, y los chilenos aparecían cada vez más fuertes y con la chance de sacarle a Los Teritos el pasaje a los mundiales juveniles.

Eso se deberá seguir peleando tackle a tackle en el Sudamericano de setiembre. Pero Uruguay volverá de Hong Kong con muchas certezas. Con un equipo que se plantó de igual a igual ante los rivales que un año atrás lo habían superado. Con sus armas, con la bandera del scrum y los forwards pero también con juego abierto. Y con la idea de que se deben seguir sacando talentos desde los clubes para nutrir a la selección, porque en definitiva todo depende de las camadas que se pongan la celeste. Pero también con la conciencia clara de qué se puede lograr cuando se trabaja cuasi profesionalmente en un Centro de Alto Rendimiento como el Charrúa.

Eso es el mayor legado: la confirmación de que el Centro Charrúa es indispensable si Uruguay quiere estar en el mundo del rugby internacional. ¿Cuesta caro? Sí, mucho. ¿Obliga al límite las exigencias financieras de la Unión? También. Económicamente se puede decidir que no, pero rugbísticamente, quedó claro que es el camino, la base que sustenta todo lo que se necesita después.

Trabajo, más trabajo, convencimiento. Talento, pero también esfuerzo e inteligencia. Todo eso fue lo que les permitió a los dirigidos por Mendaro y Grille disimular diferencias de tamaño y ser protagonistas en cada juego del Mundial.

Queda una sensación de bronca porque se mereció mucho más, y porque los vericuetos reglamentarios sacaron la chance de una final que al principio era inesperada. Pero queda mucho, muchísimo sembrado. Y ante todo, queda la tranquilidad de que se está en excelente camino


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