Hace 21 años se fue con el pasaje abierto

Cuando Avelino Viña partió a España, exigió un boleto de avión con la posibilidad de utilizarlo en el transcurso de un año para volver si no tenía suerte. Allá se afincó, atajó en varios clubes y hoy es entrenador de goleros

Hace tantos años que Avelino Viña se fue de Uruguay que pocos lo recuerdan. Atajó en Nacional, Central Español, Wanderers y El Tanque, antes de irse a España. Viajó a probar suerte en la década de 1990 y allá se quedó. Hoy, con 50 años, es entrenador de goleros (de porteros, como dice él) en Murcia y realiza clínicas con niños.

“Hace 21 años que me fui”, recuerda. “Tenía ilusión de venir a España. Cuando quedé libre vine a ver que salía y fue gracias al periodista Rodríguez Mayada, que sabía que mis padres eran españoles”.

Sus padres Avelino y Carmen nacieron en Lugo. Él nació en Bella Italia, cerca de la cancha de Danubio, “un barrio de inmigrantes”, pero no tuvo problemas para conseguir el pasaporte rápidamente.

Recién se había casado con Sandra y había nacido Alex, su primer hijo, cuando cruzó el Océano. “En aquella época había representantes, pero si no les salía bien el negocio te dejaban tirado. Entonces exigí que me dieran billetes de avión abierto para todo el año, por si me tenía que regresar”.

Su esposa se quedó en Uruguay hasta que él se afirmó. “Ella me impulsó a viajar, a hacer el esfuerzo”.  El primer destino fue Real Jaén, en Andalucía. Los hinchas de aquel equipo lo recuerdan con cariño: “El mejor portero de los tiempos del Jaén por encima de Emilio incluso. Qué partidos de copa, uf”, escribe un partidario en un foro del club.

Viña recuerda que en aquellos tiempos “no se conocía en España al portero sudamericano”. Socialmente, la vida era buena: “España había salido de la recesión de los 80 y el desarrollo social era importante. Laboralmente había mejorado mucho. El fútbol, si bien no tenía la trascendencia que tiene hoy, tenía buen juego. Me sorprendió eso”.

Económicamente también servía. “Podías hacer una diferencia si administrabas bien el dinero. Pero, al lado de lo que se gana hoy, era una propina”, cuenta Avelino.

No extrañó el cambio, porque “por la educación que recibí y de ver todo el esfuerzo que hicieron mis padres pensando en mi hermana y en mí, todo me resultó agradable”. Aunque echa de menos el asado. “Hoy viene carne envasada al vacío y se puede hacer”.

Los uruguayos que jugaban en la liga española a principios de los años de 1990 eran “contados con los dedos de la mano”. Estaban Hugo De León, Nelson Gutiérrez, Arsenio Luzardo, Jesús Alzugaray y Ruben Sosa, que era “el más reconocido”.

Los futbolistas sudamericanos “éramos novedad. No te miraban tanto porque había pocos. Hoy es más duro, hay muchísimos”. Después de Jaén pasó al Córdoba. Ahí nació su segundo hijo, Martín.

Después defendió a Almería y Murcia. Se retiró a los 39 años. “Cuando dejé de jugar tenía claro que no iba a ser entrenador para no seguir de trotamundos. La carrera de futbolista, en la que estás dos años en una ciudad, cinco en otra, traslados, mudanzas, al final cansa un poco. La familia es la que sufre todos los traslados. Y hay un momento en que hay que estabilizarse”.

Por eso apuntó su carrera a entrenar goleros: “Me gustó desarrollar eso, es lo que me gusta y me tiene cerca de casa. Siempre hay que buscar lo que uno siente”. Quería “elegir dónde quedarme. Por supuesto que no sabía cómo iba a reaccionar al retiro porque el nivel de pasión por el fútbol es muy alto y uno teme por lo que puede sentir cuando deja de ir al vestuario, pero por suerte tuve a la persona adecuada a mi lado y me ayudó a hacer la transición”.

Empezó su carrera en las divisiones juveniles de Nacional. Recuerda que viajó a Ecuador para un partido de Copa Libertadores porque habían echado a José Luis Sosa. “Tengo vivencias increíbles de Luis Romero, Masnik, el Chongo Escalada, Espárrago, el Cacho Blanco, Cascarilla Morales, el profesor Gesto...”.  Después, quedó libre de la Tercera división y se fue a Central Español.

“Ahí conocí el otro extremo, tuve que cambiar el chip y aprendí mucho. El técnico era Arispe”. También conoció a Gregorio Pérez, quien le dio “la gran oportunidad de jugar en Primera todo el Campeonato Uruguayo. Hicimos una campaña importante, estuvimos a punto de meternos en la Libertadores”.

De ese tiempo no se olvida de la suerte que tuvo: “En esa época no todos los clubes tenían entrenador de porteros, pero yo tuve la fortuna de que el ayudante de campo en Central era Julio González, que fue arquero de Peñarol y para mí fue maravilloso todo lo que aprendí”.

Por una hepatitis se perdió la Liguilla y permaneció tres meses en cama. En ese período, Gregorio firmó en Wanderers y lo llevó, pese a que no se había recuperado. En los bohemios conoció a Celso Otero, Guillermo Sanguinetti y Mario Rebollo, con quien mantiene el contacto.

Luego pasó a El Tanque y formó parte de aquel plantel de 1991 que compitió en Primera. “Fue un año complicado”. En 1992 voló a España y allá se quedó. 

De Uruguay a España

Su cuna futbolística fue Ombú Junior. Después pasó por Nacional, Central Español, Wanderers, El Tanque, Real Jaén (dos temporadas), Córdoba (cinco temporadas), Almería (una temporada) y Murcia (dos temporadas). Cuando estuvo en Wanderers fue seis meses en préstamo a Deportivo La Coruña, donde coincidió con Martín Lasarte, quien le enseñó “los entresijos del fútbol español”. Ascendió con Córdoba y Murcia.


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