Gonzalo Porras: la familia, los pases y el esfuerzo

El mejor volante de marca de la última temporada piensa en sus cinco hijos cada vez que tiene la oportunidad de progresar en el fútbol

Nahuel tiene 14, los gemelos Alejo y Valentín 12, Celeste 10 y Rocío cuatro. Gonzalo Porras piensa en ellos cuando afirma que jugar en un grande lo seduce y que “hacer la diferencia económica con un pase al exterior” no es un capricho juvenil para comprarse un auto deportivo. “Ellos me van pinchando para que cada día me esfuerce más, para que les demos lo mejor que se merecen”, contó. El plural abarca a su esposa Marta, que es maestra.

Y si de esfuerzo se trata, Porras, de 29 años, sabe mucho. Tanto como manejar la función del doble cinco, algo por lo que fue elegido como el mejor volante de marca de la temporada 2012-2013 en la encuesta Fútbolx100 de El Observador.

Su primer golpe en el fútbol le llegó cuando lo dejaron libre en Bella Vista, en Quinta División. Tuvo que ir a jugar a Villa Teresa. “Me di cuenta que si quería llegar me tenía que esforzar el doble; ahí senté cabeza”, contó a El Observador.

Atrás quedaban, para quien se crió en Nuevo París, sus primeros pasos en el baby fútbol en Lanza México 68 y el fútbol infantil de Wanderers.

En el Villa aprendió de barrio y sacrificio. Ir pedaleando a cada entrenamiento. “Había mucha necesidad”, acotó.

La fusión del Villa con Salus y Huracán del Paso de la Arena formó al Alianza FC. Y Porras quedó en la Cuarta que dirigía Javier Balda. “Un jueves lo ascendieron a Primera y me convocó. El sábado debuté”. Corría el año 2002. En 2003 llegó Ángel Brunell con el Pepe Urruzmendi de ayudante, pero a mitad de temporada el equipo fue desafiliado por no poder afrontar sus deudas.

“Adrián Troche me llevó a Liverpool”, dijo. Jugó en la Tercera de Juan Verzeri y fue campeón uruguayo. Carlos Barcos lo subió a Primera. “Mi primer partido en la A fue televisado, contra Miramar Misiones”, recordó.

Pero en Liverpool no hizo pie. “Solo alterné y cuando me dijeron de volver a Tercera por suerte surgió el interés de Juventud de Las Piedras”.

Al equipo, que estaba en Segunda División, lo dirigía Julio Ribas que había desembarcado con un grupo gerenciador italiano que les daba todas las comodidades: “Estábamos mejor que cualquier equipo de Primera”.

En los pedrenses perdió dos ascensos hasta que en el tercer intento derrotaron a Cerro Largo en Treinta y Tres. “Fue un partido que arbitró Darío Ubriaco y ninguno de los equipos quería salir a la cancha. Se estuvo por suspender. Al final ganamos”, contó.

En Primera, Raúl Moller dirigió al equipo. “Mi primer gol se lo hice a Peñarol. Gonzalo Salgueiro sacó mal, la bajé en la mitad de la cancha y la clavé de lejos. Un golazo. Hice otro de cabeza pero perdimos 3-2”.

En los dos primeros años en el Juve lo marcó a fuego Ribas. Y desde 2008, cuando lo compró River Plate, Juan Ramón Carrasco también dejó su huella.

“Son distintos. Julio se enfoca más en lo motivacional y Juan en el juego ofensivo. Ojo, no digo que Juan no motive ni que Julio sea defensivo”.

¿Cómo? “Juan motiva a su manera, a veces cuando todo salía bien se sentaba a disfrutar el juego. Y Julio insistía mucho en la segunda pelota porque el que la gana pasa a atacar y ahí pesaba la confianza y la creatividad del jugador”, afirmó.

“Con Julio aprendí a sacrificarme al máximo y con Juan mejoré cosas como la marca técnica para recuperar el balón sin falta y la creación desde el puesto de volante central”, dijo.

Volvió al darsenero, y de la mano de Guillermo Almada, se convirtió en una de las piezas claves del equipo que peleó el último Clausura.

“Me gusta jugar en el doble cinco con alguien que corra a mi lado para poder tener la pelota y armar el juego desde atrás. Si no agarro la pelota me caliento conmigo mismo”, expresó.

Ese es Porras. El volante que ya firmó con Danubio “porque es un grande”. El doble cinco que piensa en su futuro para el bienestar de su familia.


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