Golero sentenciado en Peñarol

Se reavivó la telenovela del verano y los viejos fantasmas volvieron al arco aurinegro donde el debut de Bologna generó bronca en los hinchas

Peñarol es como el programa de Tinelli. Vio que ahí van a bailar, arman una pelea a la hora de brindar el puntaje y la parejita se va enojada. A las pocas horas, cuando parece que las aguas se calmaron y pierden pie en el rating, inventan otra peleíta para seguir centrando la atención de la gente que se come la pastilla con todo el circo.

En los últimos años Peñarol se encargó de centrar la atención de la gente en su arco. Temporada que se inicia, temporada que genera todo tipo de comentarios sobre quien custodiará la valla más caliente del Uruguayo.

Al igual que en el programa de  Tinelli son muchos los actores que  forman parte del show mediático. Es que los tres palos aurinegros se terminan transformando en eso. Mire, no había día que usted no saliera a la calle y no se hablara del golero de Peñarol.

En el pasado torneo confirmaron a Gelpi pero este año parecía que existía la imperiosa necesidad de traer a alguien.

Primero apuntaron a Migliore. Después se inició un desfiles de nombres. El tiempo pasó y Carini inició la ronda de amistosos diciendo: “Si no me quieren que me lo digan”. A todo esto surge el rumor de que a Lerda tampoco lo querían. Y entre gallos y medianoche desembarcó Enrique Bologna. Para el medio, un desconocido. Lo insólito es que cuando se cerraba se daba como un hecho la llegada de Martín Campaña.

Entonces mandaron a Carini a entrenar solo. Lerda salvó el pellejo como tercer golero.

Todo en medio de un clima similar al escandalete televisivo de Tinelli. Todo mal manejado. Bueno, le pasó hasta a Pacheco.

Y llegó el día del debut. Enrique Bologna jamás imaginó que el arco aurinegro quemara tanto. Cuando fue a la Colombes fue aplaudido. Pero de los aplausos pasó a los silbidos. Se equivocó en dos de los tres goles que recibió el equipo en el primer tiempo y la gente se le tiró en contra. Pocas veces un golero de Peñarol fue a ocupar el arco de la Ámsterdam en medio de silbidos. Eso tira el ánimo a cualquiera. Y la desconfianza quedó patentizada. Bologna fue un golero sin alma parado en un arco que se prendía fuego. No ordenó, no gritó, para colmo ninguno de sus compañeros tuvo el detalle de arrimarse a brindarle ánimo. Lo dejaron que se apagara solito como una vela. Terminó silbado hasta cuando sacaba del arco. Terrible.

Da Silva anunció que lo respaldará. “La gente carga toda la bronca con Bologna por todo lo que se generó con su llegada pero sigo considerando que es un gran arquero. Sigo confiando en él”.

Como en el programa de Tinelli, los protagonistas tienen un semana para preparar un nuevo ritmo. Bologna arranca sentenciado.


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