Goleada y baile en Mendoza

Argentina fue mucho más, y goleó 3-0 a Uruguay, que pagó el precio de su timorato planteo y sintió mucho la salida de Lugano

Argentina goleó 3-0 a Uruguay, en el partido que cerró la primera fase de las Eliminatorias Sudamericanas. Y que dio la sensación de cerrar además un capítulo: ese que se traía desde el Mundial 2010, la Copa América 2011 y el largo invicto de 18 partidos. Ante los albicelestes, el equipo de Tabárez no tuvo respuesta, y mantuvo toda su estrategia basada en un planteo ultradefensivo, que se empezó a desmoronar cuando el capitán Diego Lugano abandonó la cancha lesionado. Argentina por fin encontró los espacios, llegó al primer gol, obligó a los celestes a salir de la guarida y goleó sin piedad, para redondear una goleada que termina de prender las luces de alerta: porque aunque Uruguay sigue cuarto y en puestos de clasificación el DT deberá meter mano a fondo para cambiarle la cara a un equipo que parece haber perdido el rumbo.

El partido,
De arranque,  Uruguay salió a cortar y a jugar rápido de contra. Pero ya en esos primeros minutos no hubo precisión en los pases. Argentina, consciente de su fortaleza, y sin desesperarse, apostó a que la que corriera fuera la pelota, y los defensas celestes.

Y tuvo la libertad para hacer ese juego en el que se sienta más cómodo, porque Uruguay no respondió en la marca. En lugar de aquella marca pegajosa y escalonada de Santa Fé, se fue retrasando y dejándole espacios al rival para que se fuera lanzando. Messi sin marca personal ni una referencia fuerte, vio que Maxi Pereira y Tata González no respondían por derecha, y empezó a buscar una y otra vez a Agüero, que desbordaba, enganchaba y buscaba a Higuaín una y otra vez, empezando a convertir a Muslera en figura.

Así, los celestes perdieron definitivamente la pelota, y Argentina cada vez empezó a ganar un metro más. Probó de afuera, por el medio o eludiendo defensas, como una genial apilada de Meesi a los 25’, que terminó apenas afuera. A esta altura Uruguay caminaba por la cornisa. Ponía dos líneas de cuatro –Tata González y ¡Cavani! como dobles laterales-, y no hacía más que regalarle metros al mejor jugador del planeta, y a otros de los mejores delanteros del mundo. Absolutamente suicida.

Pero un par de contragolpes lograron que los dirigidos por Tabárez salieran un poco del ahogo. Se pararon más adelante, encimaron la marca, y al menos lograron que las jugadas albicelestes no fueran en la medialuna uruguaya. De todos modos, ni soñar con algo más que  un contragolpe, porque la precisión seguía siendo nula –Argentina es un equipo clase A, y además de jugar, presiona hasta la asfixia-. Y un par de conexiones entre Messi, Agüero y Di María volvieron a dejar a los argentinos de cara al gol.

En el arranque del segundo tiempo Uruguay logró entreverar el partido. Con las ganas de Suárez, y con una patada de Lugano que podría haber sido para algo más, logró cortar la sinfonía argentina. Los de Tabárez se adelantaron en la cancha, pero Argentina –siempre con recursos- cambió la estrategia: no avanzar en bloque y lanzar a sus hombres de ataque.

Siguen siendo más peligroso, y ahora contó aún con más espacio, aunque en los últimos metros no podía entrar, producto del muy buen partido de Lugano y Godín. Peero… cuando se juega a defender y defender, y cuando enfrente está el mejor del mundo, alcanza con que algo no salga para irla a buscar de adentro: Salió el capitán lesionado, se le fue la marca a Scotti, Messi tuvo espacios en el área por primera vez en el partido, descargó y llegó a definir, para poner un 1-0 absolutamente justo.

Entonces, el tinglado que había elaborado a Uruguay empezó a caerse. Hubo que adelantar líneas, pero a su vez ese desorden –la ausencia demostró lo importante que es Lugano en este equipo- provocó que Suárez bajara sin explicación en un par de jugadas, y cediera pelotas de las que nació el segundo gol, un contragolpe con pase a la izquierda y centro al medio para que entrara Agüero.

Como ante Colombia, Uruguay se derrumbó. Y Argentina, con viento en la camiseta, demostró su clase y liberó a un Messi bestial, que tuvo su premio a los 34’, con el 3-0 que significó otro piñazo al mentón de Uruguay.


Fuente: El Observador

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