Gestión eficiente para Montevideo

El deterioro de Montevideo no es un tema de cariz partidario o ideológico, sino de calidad de gestión municipal

El deterioro de Montevideo no es un tema de cariz partidario o ideológico, sino de calidad de gestión municipal. Es secundario si la capital sigue en manos del Frente Amplio en 2015, o si la posibilidad de que blancos y colorados voten juntos por la Intendencia termina en un cambio. Lo primordial es que haya buen gobierno, realidad que debería inducir a la actual administración a buscar algo de la eficiencia que la elude. Pero es demasiado esperar que la intendenta Ana Olivera y su equipo la encuentren después de tantos años de ausencia. La inoperancia de sucesivos gobiernos departamentales se ha acentuado con los fracasos de Olivera, especialmente con la basura y el tránsito, aunque no son los únicos. En todos los problemas se acumulan planes y proyectos que quedan en los papeles o, cuando se implementan, terminan naufragando.

La basura ahoga a la ciudad. Es cierto que colaboran la desidia de muchos residentes y los reiterados desparramos de residuos a cargo de los miles de hurgadores que pululan por donde se les antoja, incluyendo zonas por donde les está prohibido circular. Pero tanto con los ciudadanos descuidados como con los hurgadores, la Intendencia está omisa en los controles y castigos a que se ha comprometido pero no cumple. Proyectos para concentrar los residuos en áreas de clasificación, para su eventual conversión en energía y para sacar a los hurgadores de las calles se suceden desde hace años sin que alguno se concrete.

El tránsito trepa aceleradamente a niveles caóticos por incapacidad municipal para adecuar el sistema vial al constante crecimiento del parque automotor. El publicitado corredor Garzón ha sido un frustrante despilfarro de decenas de millones de dólares. Duerme el sueño de los justos la ampliación de avenida Italia y su conversión en vía rápida, pese a que hace muchos años una empresa privada presentó un proyecto viable que fue inexplicablemente dejado de lado. Y los ocasionales remiendos no mejoran el pavimento de calles de tránsito intenso. El recurso a más y más semáforos produce algo más de seguridad, pero al costo de enlentecer aún más el tránsito, lo que se evitaría con pasos elevados, como se hace en ciudades mejor administradas.

La agresiva mendicidad de limpiavidrios y cuidacoches sigue inabatida pese a anuncios municipales para eliminarla. Es deplorable el estado de las aceras sin que la Intendencia cumpla sus avisos de multar a los propietarios que no las arreglan. Y es una triste broma el caso de Maroñas. Cuando el modernizado circo hípico se reabrió en la década pasada, la Intendencia de entonces se comprometió a modernizar el acceso por avenida Centenario y erradicar la zona vecina de delincuencia e inseguridad, que sigue disuadiendo a posibles visitantes al hipódromo. El gobierno de Olivera promete ahora hacerlo para 2015, propósito que la reiterada inacción previa pone en justificada duda.

El cambio de posición del senador Jorge Larrañaga en su apoyo a que los partidos tradicionales voten juntos por el gobierno de Montevideo no asegura un acuerdo de ambas fuerzas ni, en caso de confirmarse, un triunfo en este bastión frenteamplista. Pero es, en cualquier caso, una advertencia a tomar en cuenta el hartazgo ciudadano con el derrumbe de la ciudad y de su calidad de vida por la ineficiencia gubernamental, ya manifestado en la pasada elección con un alto porcentaje de votos en blanco y anulados.




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