Garisto, el fútbol sin casete

Dueño de una impronta que lo perpetuó en las canchas porque dejó el alma, y en la vida por encararla en forma muy sencilla, a los 68 años disfruta los olores de Montevideo y el deporte como el primer día

Disfruto de Montevideo a pleno”, dice con esa voz que lo identifica como a pocos. “¿Cómo se disfruta Montevideo? Con el olor al ómnibus de Cutcsa, a la nafta, a los sabores de La Pasiva… todas esas cosas que no están afuera y que se necesitan cuando estás aquí. Porque después de estar cinco años afuera, subir al ómnibus de Cutcsa es como estar en el paraíso terrenal. Para vos puede ser una pelotudez, pero después de estar cinco años afuera es así, es la verdad”, subraya este hombre de 68 años que se transformó en un personaje del fútbol por su aporte dentro de la cancha, porque fue campeón a todo, y porque se transformó en una referencia por su particular forma de encarar la vida, desde el perfil más bajo, con humildad y sin estridencias.

Luis Garisto, exfutbolista y entrenador, actualmente está radicado en Uruguay, pero viaja permanentemente a Buenos Aires. Se define como un “agente de viaje”, y mantiene los vínculos con Argentina porque su única hija está radicada en ese país.

“Ahora el fútbol lo veo con más tranquilidad, sin tanta pasión y me siento más teórico que práctico, pero para mi el fútbol es vital, no me voy a ir nunca del fútbol porque siempre estoy llegando”, subraya.
Garisto, que hace unos años abandonó el encierro de un apartamento sobre la avenida 18 de Julio y se estableció en una casa en Palermo, cerca de la rambla, se reencontró con el entorno que le gusta. “Estar con la gente, con el barrio”, explica.

El defensa marcó una época como futbolista. Aunque vivía en el barrio Goes, un día un tío suyo (Pan), que era el técnico de la Cuarta de Defensor, lo llevó al Parque Rodó. Rápido llegó a Primera y se consolidó con los violetas.

“Jugué al básquetbol en Goes y fui campeón de Juveniles en 1960 y 1961. Al final me decidí por el fútbol porque no tenía plata para comprarme championes y en el fútbol me daban los zapatos gratis. Lo mío fue profesional”, reflexiona, se ríe y le pone humor a sus frases que van quedando registradas como parte de la historia del deporte. Y continúa con su relato: “Cuando llegué a Defensor tenía la ventaja de que los fundamentos que aprendí en el básquetbol los aproveché en el fútbol. El doble ritmo, la marca en zona, lo que es un desmarque… eso me permitió correr con algunas ventajas. Porque lo que tienen las inferiores es que te tiran a la cancha siendo un cachorro, y en la cancha te tenés que hacer perro. ¿Entendés? Aprendés de los demás, imitando”.

"La barrabrava de Independiente estaba adentro de la cancha, éramos nosotros, los que jugábamos. Ahí nadie reculaba, todos íbamos para adelante, de frente"

Así, a la fuerza se hizo hombre. Y en 1969 ya estaba jugando en Argentina, en el Independiente que ganó todo a nivel local y que conquistó la Copa Libertadores en tiempos de fútbol rudo.

“A Independiente llegué a través de un cobrador de Defensor que tenía amigos en Avellaneda. Él me recomendó. Así funcionaba en esos tiempos. Llegué y me quedé para disfrutar una etapa inolvidable. Sin dudas que allí pasé los mejores momentos de mi carrera, porque ganamos todo y tuvimos un grupo de primera, con un compañerismo impresionante. Ahí no fallaba nadie, ni como jugador ni como persona. Fue un grupo ganador. ¡También sufrimos derrotas! Y cuando eso pasó, dolió, pero eso te enseñaba a que cuando llegaron las buenas de nuevo lo disfrutamos dos veces”.

En 1974 volvió a Montevideo, esa vez para defender a Peñarol. “¡Qué equipo! Teníamos buena gente. Nos llevábamos bastante bien. Siempre dije que los grupos hacen a los equipos y cuando hay buen compañerismo y convivencia, te va bien. Fuimos campeones del Uruguayo, ganamos la Liguilla, la Copa Teresa Herrera… lo de España fue impresionante, porque viste que los gallegos son exagerados para todo: ganamos un trofeo que no cabía en el avión. Lo tuvimos que traer en la bodega”, dispara con naturalidad y arranca la sonrisa del periodista y el fotógrafo.

“Con Peñarol viajamos por todos lados. Siempre cuento con orgullo y satisfacción que el fútbol me llevó a lugares increíbles. En aquel 1974 hicimos la gira previa al Mundial, después fuimos al Mundial, cuando regresamos salimos de gira con Peñarol por Europa. ¡Ese año sí que le di vacaciones a mi mujer! Llegamos a lugares como Indonesia, Hong Kong, Jamaica, Haití… me sorprendió la miseria de Haití. Estaban mal, mal, mal…. Cuando tirabas los volantes que promocionaban el partido de Uruguay, aparecía una multitud que se mataba por ese papel. Me impresionó. Ahí descubrí que no hay igualdad en ningún lado”, expresa desde su costado más sensible.

"Siempre digo que los jugadores de fútbol somos todos timberos, y que todos los domingos tenemos una timba. Y es la verdad: si andás bien, te mejoran el contrato, de lo contrario afuera"

Con las grandes actuaciones, llegaron las mejores distinciones individuales. Llegó a la selección y disputó el Mundial de 1974. “El Mundial es lo máximo, pero cuando te das cuenta ya estás arriba del avión para regresar a tu casa. Es rápido, muy rápido, con mucho vértigo, y si no tenés suerte te fuiste enseguida. Uruguay tenía unos jugadores bárbaros, Rocha, Cubilla, Mantegaza... Teníamos buenas individualidades, pero no el funcionamiento de equipo”.

Luego vendría su carrera como entrenador en clubes de Argentina, Chile, México, en Peñarol (en 2006) y Central Español.

“Estuve siete partidos en Peñarol y estuve con -5 en la tabla sin haber perdido un partido en la cancha… eso fue increíble. Cómo levantás un equipo en esas circunstancias, con una sanción de 12 puntos”, destaca.

Se confiesa amante del deporte: “Disfruto todos los momentos del fútbol. Todos. Desde que jugaba hasta ahora, cuando voy a la tribuna o lo miro por televisión”.

Su refugio en la actualidad es el Franzini. Allí se encuentra con sus amigos en la tribuna. “También me gusta ir a la cancha de River, la vista panorámica de Rampla, porque además de ver fútbol es un placer estar ahí”, acota.
Habla con admiración de Hugo Bagnulo, que lo marcó como entrenador y como persona, mientras sigue disfrutando Montevideo.


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