Gana Ferrari, gana la Fórmula 1

la escudería volvió a triunfar y devolvió la esperanza a sus seguidores y a la categoría tras el dominio de mercedes; ¿se sostendrá en el tiempo?


La victoria de Sebastian Vettel en Malasia marcó el regreso de la marca más importante de la Fórmula 1, y una de las más valiosas del mundo al sitial de privilegio: Ferrari no alcanzaba el escalón más alto del podio desde el Gran Premio de España de 2013.

Fue un triunfo celebrado por millones de seguidores, pero también por Formula One Management, empresa que detenta los derechos comerciales de la F1, y seguramente, aun en ese ambiente tan competitivo que se autodenomina “Club de las Pirañas”, provocó un suspiro de alivio en los demás equipos. Que Ferrari gane no es menor para nadie.

Larga sequía
Tras la victoria de Fernando Alonso en España 2013, Ferrari no volvió a ganar en la temporada y media que siguió, hasta que su relación, muy deteriorada, se extinguió a fines de 2014.

Por el camino quedaron figuras emblemáticas como Luca Marmorini, responsable de que la primera versión del motor V6 turbo híbrido no estuviese a la altura del Mercedes, Stefano Domenicali, director deportivo, o su sucesor Marco Matiacci, que duró ocho meses en el cargo. Ni siquiera Luca Cordero di Montezemolo sobrevivió a la tensión con Sergio Marchionne, CEO del grupo Fiat Chrysler Automobiles.

La victoria en Malasia fue la primera de un renovado equipo que encabeza Maurizio Arrivabene, ejecutivo de 58 años que se vinculó en su pasaje por Philip Morris, tabacalera que fuera uno de los patrocinadores más fuertes a través de su marca Marlboro.

Legitimación
El otro que tuvo motivos para celebrar fue Sebastian Vettel. Red Bull impulsó su carrera, pero Ferrari está camino a legitimarla. A pesar de contar con cuatro campeonatos del mundo (2010, 2011, 2012, 2013), Vettel no es visto como uno de los mejores de la categoría, como Lewis Hamilton y Alonso. Es visto como producto de la maquinaria de ese fabricante de bebidas energizantes, que bajo la dirección deportiva de Christian Horner y la técnica de Adrian Newey, aplastaron rivales por cuatro años. Perduró la sensación de que el mérito era del auto y no del piloto. Pero acostumbrado a ganar, sin resultados destacables en 2014 cuando se vio opacado por su compañero Daniel Ricciardo, Vettel decidió emigrar. El podio en Australia pareció indicar que el camino era el correcto. La victoria en Malasia lo ratificó.

Impacto único
Pocas veces, la Fórmula 1 tuvo un comienzo de temporada con menos brillo que en 2015. El deterioro de la situación económica llevó a que Caterham desapareciera y a que Manor no saliera de boxes. Sumado a algunos desafortunados fallos mecánicos en la vuelta previa a la largada, el campeonato 2015 se puso en marcha con apenas 17 autos, y solo 11 arribaron a la meta.

La desaprobación corrió como reguero de pólvora. La Fórmula 1 es aburrida, no coloca un número decente de autos en pista, las reglas no se entienden, fueron algunos de los argumentos (atendibles pero no novedosos) que circularon.

Con el paddock de Malasia aún contagiado de pesimismo comenzó la segunda fecha. Aparecieron los tiempos alentadores de Ferrari en las pruebas libres del viernes, pero existía la posibilidad de que fueran fruto de autos muy livianos. Los ratificaron el sábado en clasificación cuando Vettel se coló entre los favoritos Mercedes. Restaba ver si eran capaces de mantener ese ritmo en carrera con 56º Celsius de temperatura en pista, un registro que no será igualado en toda la temporada.

Cuidando no exceder el rango operativo que especifica Pirelli (en una cubierta de F1 está entre 80 y 105º Celsius) para sus productos, Vettel exprimió el neumático medio en dos oportunidades y remató con el duro, mientras Mercedes tomaba a este último como caballo de batalla. Con 1,1 segundos por vuelta a favor del primer compuesto, el de Ferrari dio caza a los favoritos deteniéndose en boxes una vez menos.

El impacto de un triunfo de Ferrari no tiene equiparación. Es el momento de máxima exposición mediática de la categoría y llega, también para ésta, en el momento justo. El tiempo dirá si el SF 15-T es un rival directo de Mercedes por la corona. Los millones de seguidores de la marca –que mueven el negocio de televisación, entradas y merchandising– están convencidos de que es así. Y eso es lo realmente importante.


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