Futbolista, modelo, actor y nigeriano

Jugó en Peñarol, se probó en Defensor, en Danubio y en Bostón River, juega en Salus, trabajó en Fripur, actúa en comerciales de televisión y va a la iglesia

Olayinka Kolawole nació en Lagos, Nigeria, hace 23 años. Desde los 18 vive en Montevideo, donde juega al fútbol en un equipo amateur, es modelo, actor y trabaja en Zonamerica. Se quedó en Uruguay con el sueño de convertirse en futbolista profesional. Defendió a Peñarol en Cuarta y Tercera división, se probó en Defensor Sporting, en Danubio, en Boston River, jugó en Oriental de La Paz y actualmente lo hace en Salus.

Vivió en un hotel, en un hogar estudiantil y en una pensión. Trabajó en Fripur para conseguir la cédula uruguaya. En seis meses aprendió a hablar español en la calle y con sus compañeros del fútbol. Le gustan el mate y las milanesas de pollo. El padre, que falleció hace dos años, lo mantuvo durante un tiempo enviándole US$ 500 por mes. Desfiló ropa y filmó comerciales para la televisión. Es creyente y cada tanto concurre a la iglesia Tiempo de la Gloria de Dios.

Un amigo de Olayinka abrió la puerta de un apartamento de Pocitos. Apareció descalzo y vestido con una túnica blanca. Hizo una reverencia y se ocultó en una habitación, de la que solo salió, como eyectado, cuando escuchó una explosión en el living. El fotógrafo, buscando el mejor ángulo, se había sentado sobre el vidrio de la mesa ratona. Ahí, en un edificio de Juan Benito Blanco, Olayinka contó su historia a El Observador, aunque dice que vive en Ciudad Vieja. Tiene cuatro hermanos. El más grande jugó al fútbol en Nigeria y en Ghana, y ahora trabaja en Abuja, la capital nigeriana. El más chico estudia en la Universidad de Lagos.

Olayinka juega al fútbol desde niño. Siempre fue delantero y goleador. Un caza talentos lo vio en el barrio y lo llevó a la academia Real Talent. Luego pasó a FC Scomi. De ahí lo invitaron para jugar en FC Musa. Con este equipo viajó a Uruguay en 2008 para competir en la Punta Cup, un torneo internacional de juveniles que se disputa en Maldonado. Pero la delegación llegó tarde para la competencia y se instaló en el hotel Ibis de Montevideo. Para desquitar el dinero y el tiempo invertido en el viaje, programaron amistosos contra las divisiones juveniles de Nacional  y Peñarol.

Cuando jugaron frente a los aurinegros los vio Víctor Púa, entonces coordinador deportivo de los aurinegros. Siete jugadores fueron invitados a probarse. Olayinka y tres más quedaron en la Cuarta.

El técnico era José Perdomo. “Al principio nos costó, porque a Púa no le gustaba que nosotros hiciéramos enganches, él quería que tocáramos y siguiéramos corriendo”, recordó el nigeriano.

Con el poco dinero que trajo desde su país y la ayuda de Fabián Lomiento, entonces consejero de juveniles de Peñarol, se quedó a vivir en un hogar estudiantil, en Gaboto 1010.

En la Cuarta de Peñarol compartió vestuario con Gastón Ramírez, Jonathan Ramis y Cristian Palacios, entre otros. También jugó en Tercera y entrenó un par de veces con el plantel de Primera.

A los golpes aprendió a hablar español. “Un amigo nos traducía y en la cancha con los compañeros fui aprendiendo”. Primero, malas palabras, por supuesto.

Eran tiempos difíciles. Le costó adaptarse al invierno. “Tenía frío hasta cuando estaba en la cama. Me lesionaba de tanto frío y tuve problemas con Púa”. Esto desencadenó su salida de Peñarol después de dos años.

Entrenó en Danubio durante dos semanas y permaneció un mes en Boston River, pero “gastaba $50 por día y no me querían hacer contrato”. En ese tiempo pagaba $2.500 por mes en una pensión de la Avenida Agraciada y lo solventaba con el dinero que le mandaba su padre.

Luego lo acercaron a Defensor. Se probó durante un mes con el Chavo Díaz, hasta que el técnico le dijo que en su puesto había muchos juveniles “y no me podían pagar”. Un amigo lo llevó a Oriental de la Paz. Después de una semana de prácticas, pidió pase de Peñarol para jugar en el torneo de la “C”. Al mismo tiempo trabajaba en Fripur. Lo hizo durante un año, hasta que consiguió la residencia legal. Un contratista se hizo cargo de Oriental y “pasamos a cobrar US$ 50 por partido ganado y US$ 25 si empatábamos”. No le daba para vivir y empezó a trabajar en Tata Consultancy, atendiendo a los clientes por teléfono. Pero el horario del trabajo y los entrenamientos en Oriental no eran compatibles, por lo que se fue y firmó este año en Salus. “Me enfermo si no juego al fútbol”, dice y agrega, “hasta diciembre pienso seguir jugando acá y no descarto conseguir un equipo en Argentina, Brasil o Europa”. 

De la pasarela a la televisión

El fútbol es una parte en la vida de Olayinka. También es modelo y actor. “La señora de Fabián Lomiento tiene una casa de ropas y me invitaron para exhibir ropa como modelo”. Así empezó sobre las pasarelas, aunque en Nigeria había dado los primeros pasos.

Desde entonces forma parte del booking de la agencia Valentino y en diciembre de 2009 actuó para Pepsi en su primer comercial con Oriental Films. Luego grabó otro para NatGeo haciendo de un africano que le vende drogas a una chica. Esta semana iba a grabar el anuncio de un jugo de naranja para Perú.

Así conoció también el interior del país. Viajó a Punta del Este, en Tacuarembó filmó una publicidad para Coca Cola y en Colonia otra para Bacardi. “Es algo que me gusta y es una entrada más de dinero” dice.

Siempre sonríe y cuenta que en su país estudió dos años de ingeniería eléctrica. Le gusta vivir en Montevideo porque es una ciudad tranquila y no ha tenido problemas en la calle. Ya está acostumbrado a los insultos racistas que son comunes en esta parte del mundo.

Desde que se instaló en Uruguay viajó dos veces a visitar a su familia en Nigeria y piensa volver en diciembre.

Proviene de una familia “cristiana” y dice que “creemos en dios y oramos mucho”.  Concurre a la iglesia Tiempo de la Gloria de Dios.


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