Forlán contó cómo llegó a ser el mejor del Mundial 2010

En entrevista con El Observador narró detalles desconocidos de cómo se preparó para Sudáfrica, sobre su renuncia a la selección cuando Fossati era DT y sobre su partido 100

"Nunca imaginé cosas que me sucedieron en el fútbol, porque muchas veces la realidad superó todos los sueños. Cuando sos niño, generalmente te planteás como sueño jugar en la selección, disputar un Mundial y ser campeón de América. Más o menos, alguna vez, todos pensamos algo de eso, ¿verdad? Pero no más que eso. Y hasta ahora, mi carrera superó mis sueños, porque fui goleador y Balón de oro en el Mundial de Sudáfrica, cuarto con la selección en ese torneo, soy la tercera generación de una familia que gana la Copa América… ¡esto es mucho más que lo que soñé!”, exclama a través del teléfono en diálogo con El Observador el histórico futbolista uruguayo, Diego Forlán, que mañana ante Nigeria en la Copa Confederaciones jugará su partido número 100 con la camiseta celeste, registro inédito en la Asociación Uruguaya de Fútbol. Además, el delantero de Inter de Porto Alegre, marcó 33 goles.

Si comienza a repasar sus goles, ¿parece mucho
No es tiempo para hacer valoraciones ahora, estoy en plena actividad. Aunque soy conciente que conseguí muchísimo. Pero no pienso en nada. Porque si empezás a repasar la lista es larga, dos Botas de oro de Europa. Son 15 años en la selección, entre la juvenil y la mayor. Y me tocó vivir de todo.

Tiene ribetes increíbles.
Por eso no pienso en nada para adelante, tampoco me detengo en lo que sucedió. Disfruto el momento y pienso en presente.

¿Qué diferencia hay entre su primer partido en la selección, el del 27 de marzo de 2002 ante Arabia, y el 99 del domingo, en el que jugó ante España?
(Hace una pausa; la comunicación telefónica parece haberse cortado, pero era solo el silencio de Forlán para encontrar las diferencias y semejanzas) Del primero me acuerdo los nervios que generaba el debut en la selección mayor, de estar jugando en ese nivel. Del fuego interno que tenía, que sigo viviendo siempre cada vez que defiendo a Uruguay o entro a una cancha. El partido del domingo tuvo un largo contenido de emociones, experiencias, momentos especiales que viviste a lo largo de tantos partidos. Pero disfrutás el primero como el último, eso no cambia. De aquel primer partido contra Arabia me acuerdo que el Chino (Recoba) tiró el centro y convertí uno de los goles. ¡El primero con la mayor!

¿Si le pido que elija uno de los 99 partidos que jugó hasta ahora con la selección?
¡¿Uno!? Dejame tres: contra Alemania en el Mundial 2010, contra Paraguay en la final de la Copa América 2011 y contra Sudáfrica en el Mundial 2010.

¿El más ingrato?
El que perdimos con Australia, en aquel repechaje que quedamos fuera del Mundial de 2006. Fue muy duro aquello. Recuerdo que no viajé, porque me había lesionado en Montevideo, en el partido de ida, y le pedí permiso al club para recuperarme Montevideo. Ese partido lo vi en la casa de mis viejos.

¿El Mundial de 2002 no fue lo que esperaba para usted?
Lo viví como se dio. Había tenido una buena campaña en Independiente y me había ido a Manchester, donde llevaba seis meses. Me tocó jugar 45 minutos en todo el torneo, anoté un golazo y lo viví como se daba. Nada más.

¿Le afectó de alguna forma?
Por mi carácter, intento potenciarme y rendir más cuando las cosas no salen. Trabajo más. Así fue siempre mi carrera, desde juveniles, donde siempre entrenaba más para intentar superarme. Porque me gusta entrenar, me encanta levantarme y hacer ejercicios. Lo disfruto.

¿Ahí fue donde usted hizo la diferencia con relación al resto de sus colegas?
A medida que vas desarrollando la carrera vas perfeccionando tu preparación. Recuerdo que cuando estaba en Manchester, salía a entrenar solo con mi hermano (Pablo) en los parques. Eso me ayudó en los trabajos técnicos. Él, en su etapa de jugador fue defensa, y lo que hacía era perfeccionar la técnica enfrentándolo a él realizando trabajos específicos. Eso fue en Manchester. Y así fue siempre. En 2007 me crucé con Santiago (Alfaro), recomendado por Guillermo González, un amigo, y comencé a realizar una preparación específica, trabajos físicos de potencia.

Allí fue cuando marcó los puntos más altos de su carrera.
Entrené mucho, muchísimo. Mientras todos los jugadores en los últimos tres meses de la temporada realizaban un entrenamiento al día, yo hacía tres. Pero sucedió todo en forma paulatina. No fue de un día para el otro. Al principio hacía algunos trabajos en casa, después fue aumentando la intensidad y la confianza que te brinda el entrenamiento. El punto más alto se registró en 2010. Recuerdo que para el Mundial me empecé a preparar tres meses antes. En ese período, en el que todos bajan la carga de trabajo –como te decía–, yo hacía triple horario. En un mes de los demás jugadores de mi club, yo entrenaba tres. Esa era la realidad, y en tres, nueve meses. Un día en aquellos tiempos, cuando ya me había venido a Montevideo: entrenaba entre la hora 6 y 7.30 en Biguá, me duchaba, desayunaba, y me iba al Complejo de la AUF para practicar con la selección de 10 a 12. Una siesta, y volvía a trabajar en la cancha de 15.30 a 17.30. Alimentación, descanso, entrenamiento. Después alcanzás un rendimiento importante, pero es todo en base a sacrificio. También, un día el cuerpo no da más.

En las Eliminatorias para el 2006, con Fossati, renunció a la selección. ¿Qué sucedió?
No me sentía tratado de la misma manera. No me sentía cómodo y veía que entorpecía el trabajo que hacían, entonces di un paso al costado. Nada más. Después volví. Pero no me gusta estar donde creen que molesto.

¿Ante Nigeria jugará su partido 100?
Te dijeron que juego (se ríe).

Si juega, ¿tiene algo de especial el partido 100?
Nunca le puse números a mi carrera vinieron solos… ¡y que sigan viniendo!"

"Por mi carácter, intento potenciarme y rendir más cuando las cosas no salen. Trabajo más. Así fue siempre, desde juveniles; siempre entrenaba más para intentar superarme. Porque me gusta entrenar, me encanta levantarme y hacer ejercicios. Los disfruto”


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