Fieles hasta el último penal

Poco más de 3.000 personas llegaron a la explanada de la Intendencia para alentar a Uruguay frente a una pantalla gigante

El fervor, el entusiasmo y la esperanza habían alcanzado su máxima intensidad para los 3.000 entusiastas que decidieron ver la final del Mundial sub 20 entre Uruguay y Francia en la explanada de la Intendencia. El juez acababa de dar el pitazo final al alargue y se anunciaba el comienzo de otra agonía. “¿Nervios? ¿Y qué te parece? Nunca lo vi a Uruguay campeón del mundo. Quiero verlo, aunque sea en juveniles”, decía Gonzalo (35 años), con el rostro crispado en preparación de la definición por penales.

Gonzalo tendrá que seguir esperando para ver campeón a Uruguay en alguna categoría. Los penales acabaron con la esperanza desde el principio. El primero fue una daga y el segundo un mazazo, después de una espera de entre dos y tres horas al frío de mediados de julio. Aunque el frío no fue problema: “Nos vamos calentitos, Lucho”, le anunció un amigo a otro, ambas caras pintadas de celeste y blanco, cuando Uruguay erró el segundo penal.

Esa hinchada había ido de menos a más, en esa tarde gris. La trasmisión de Canal 12, con los parlantes atronando, empezó con bastante antelación ante lo que en ese momento eran unas 1.500 personas reunidas en la explanada. El tiempo pasó volando y a la hora de escuchar La Marsellesa ya habría unas 2.000 almas. No demasiados niños, bastantes mujeres y gente de todas las edades, pero la gran mayoría eran hombres jóvenes. Cerveza, mate, vino, cigarrillos, marihuana, pop, manzanas acarameladas y pintura en la piel –blanco, celeste y amarillo– hacían el ambiente de la tarde del sábado.

“A estos africanos les ganamos”, fue el grito que respondió al pitazo incial, ante la presencia abrumadora de jugadores franceses de esa procedencia étnica.

Los primeros aplausos fueron para el arquero uruguayo, Guillermo De Amores, por una atajada a los 9’ sin dar rebote. Y muy poco después fue la explosión cuando en la transmisión televisiva saludaron “a toda esa gente que está en la explanada”.
El sonido ambiente frente a la pantalla gigante sobre 18 de Julio, en las oficinas de IMPO, era de batucada y cánticos, gentileza de una barra que estuvo muy entonada toda la tarde, y que en algún momento amenazó a complicar las cosas con su pogo, aunque nada llegó a mayores.

Sasha (15) con la bandera pintada en el rostro, explicó: “Se sufre, como siempre, pero esta vez ganamos”. El caso de Mauricio (36) era un poco más complicado. Él emigró a España cuando tenía 4 años y vivió ahí hasta hace ocho meses, cuando se volvió a Uruguay. “Por la crisis”, explicó. Estaba maravillado desde el punta de vista demográfico: “No me deja de fascinar un país con tan pocas personas. Quitando las mujeres y los niños, ¿cuántos quedan?”, se preguntaba el hispano-uruguayo.

Con fe

Al final del primer tiempo, el clima había mejorado bastante. Había ambiente de fútbol y las esperanzas habían pasado de ser abstractas a ser concretas. Los pronósticoss ya no eran tan alegres como esos “Uruguay 2-0”, o “los goleamos”, pero la confianza era más serena, y se notaba.

Los parlantes ahora pasaban músicas alusivas. No faltó Cuando juega Uruguay, de Jaime Roos y tampoco Vayan pelando las chauchas, en versión del Canario Luna, ni Pelota al medio, de Jorge Lazaroff.

A diferencia de Gonzalo, que decía que quería ver por primera vez a Uruguay campeón del mundo, Eduardo (70) quería revivir un momento de gloria: “Yo tenía 7 años. Estábamos todos escuchando el partido, en una radio grande así, y después salimos todos a la calle, todos, todo el pueblo a la calle”. Tal vez en homenaje a ese recuerdo (el del 16 de julio de 1950, qué duda cabe), pronosticaba un 2-1 a favor de Uruguay.

Cada tanto sonaba una bomba brasilera como si fuera una bomba atómica. Empieza el segundo tiempo y el público ya está ambientado. Olga (56) se tiene más fe que nunca: “Uruguay juega divino. Vamos a ganar”, aunque también reconoce que ellos juegan. “Juegan, sí. Horrible. Pero como uruguayos vamos a ganar, aunque sea 1-0”.

En medio de la muchedumbre, solo, callado, un joven veía el partido con mucha atención , abrigado con una campera deportiva azul y un cartel en la espalda que decía: “FRANCE”. Su nombre era Diego, de 23 años, y resultó que hinchaba por Uruguay.  Ante la pregunta de por qué entonces su campera decía Francia, pareció acordarse de repente. “Ah, sí, tenés razón, me la voy a sacar”, y pronto estaba en manga corta.

El segundo tiempo terminó de consolidar el clima futbolero. Ahí también empezaron los problemas de audio, que se iba completamente y volvía de a ratos y muy bajo, pero ya la gente estaba enganchada.

Es en el segundo tiempo cuando aparecen las jugadas de uruguay más festejadas, también, y la decepción por no convertir.
Luis (63) confiaba en que todo iba a llegar a buen puerto. “Lo veo bien, pero tendría que entrar (Gonzalo) Bueno a ayudar al Diente (López). Nos está faltando liga, también, y son grandes estos franceses”, decía.

Para él, antes de que terminaran los 90’, la cosa tenía pinta de penales, y ahí no tenía pronóstico. Alexis (24) interrumpe la entrevista: “Penales no, ¡por favor!”, pide, como si adivinara la debacle que se venía para Uruguay.
Cuando empezó el alargue, ya se parecía a un boliche cerrado, con el aliento a Uruguay y los comentarios técnicos, sobre todo para pedir a Bueno.

El alargue, sobre todo el segundo tiempo del alargue, fue el que más emociones provocó. “Se sufre mucho, pero está jugando mejor Uruguay”, decía Alexis, ya un poco más resignado a los penales.

El verdadero frío cayó justo cuando el clima era el más caliente, en los penales. Ahí sí que se sufrió. Cada uno que erraba Uruguay, cada uno que convertían los franceses. Hasta que Francia anotó el cuarto, cerró la serie y se coronó campeón del mundo.

Hubo unos segundos de silencio, antes de un aplauso cerrado. Minutos después ya no había nadie en el Centro.


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