Federico puso las sonrisas en Los Aromos

Peñarol volvió a entrenar sin la visita de directivos ni periodistas de cara al inicio del Intermedio pero con un chico que cambió el ánimo del plantel
El sonido de un pelotazo cruzado espanta a los pocos teros que quedaban en la cancha y la pelota se pierde afuera. Un asistente del cuerpo técnico repone rápido con otra pelota para que los jugadores no pierdan la intensidad del trabajo y todos se desentienden. Todos menos uno.

Federico corre la pelota con una sonrisa que le domina el rostro y no importa que utilice un andador para desplazarse. Nada lo detiene.

Cuando logra controlar la pelota se siente campeón del mundo y levanta la cabeza como un volante creativo para buscar a Sergio o a Sandra, sus padres, y ensayar una pared donde entrenan sus ídolos.

Federico Herrera se atiende en la Fundación Teletón y en el Pereira Rossell, donde conoció a los jugadores de Peñarol y el vínculo se mantiene inalterable. Ya conoce el Campeón del Siglo e incluso salió en brazos de Gastón Guruceaga cuando Peñarol goleó a El Tanque Sisley 4-0.

A Federico no le importa el frío que hace en Los Aromos ni que las nubes amenacen con agua. Tampoco que el local de concentración aurinegro esté desierto.

En el primer entrenamiento de Peñarol de cara al inicio del Torneo Intermedio no hay nadie. Ni un solo dirigente, ni tampoco periodistas. Solo la familia y el equipo de Referí. Leonardo Ramos da una charla al principio del movimiento mientras en Los Aromos no vuela una mosca.

Federico Herrera en Los Aromos
Federico rodeado por Novick, Nandez, Rodríguez y Arias, junto a sus padres
Federico rodeado por Novick, Nandez, Rodríguez y Arias, junto a sus padres

Un aplauso cerrado inició el movimiento que se basó en un circuito combinado con estaciones de fuerza, pases, coordinación y definición. Circuito que la familia Herrera siguió de cerca, esperando que una pelota se perdiera afuera para que Federico se regalara una gambeta.

Con la misma valentía con la que se plantó ante sus padres para pedir que le pintaran el cuarto de amarillo y negro, acepta la invitación para charlar sobre fútbol y no duda.

"Los jugadores que más me gustan son Nahitan Nandez, Junior Arias y Gastón Guruceaga. Mi papá me hizo de Peñarol porque mi mamá es de Nacional", dice el niño antes de dejarle en claro a todos los futbolistas la preferencia de su madre buscando un cómplice para torcer, en vano, la elección por otros colores.

Como regalo de sus ocho años pidió volver a Los Aromos pero esta vez fue él quien llevó un regalo que tenía destinatario.

Una caja de bombones fue a parar a las manos de Guruceaga que, rápido de reflejos, preguntó si debía compartirla con sus compañeros. "No, es para vos solo", replicó Federico con la velocidad de un avión.

Guruceaga fue quien logró que Federico pudiera vivir en carne propia un recibimiento de los hinchas en una tarde que Sergio, el padre, aún recuerda: "Era más chico que ahora y yo estuve hablándole toda la tarde, le decía que se quedara tranquilo, que disfrutara del entorno. Él pasó bárbaro, estaba como loco. Cuando explotó la hinchada Federico levantó los brazos y el que me puse a llorar fui yo".
Alumno del Sagrado Corazón, a Federico le importa poco necesitar de un andador para desplazarse y eso no le impidió formar parte del equipo de fútbol del colegio, aunque su amor por Peñarol fue una forma de terapia. "Cuando le dieron el primer andador lo rechazaba, no quería saber de nada, pero cuando le trajeron el segundo se enamoró", agrega la madre. ¿El secreto? El segundo andador era amarillo y negro. El mismo color que tiene en las férulas para las piernas.

Ramos le pone punto final a una práctica donde los directivos y los periodistas brillaron por su ausencia y en esa soledad, la sonrisa de Federico es un bálsamo para llenar de ánimo a un plantel castigado por los magros resultados del semestre y que obliga a ganar el Intermedio para devolverle las gentilezas.

Federico: un hincha que hace los cambios

"Federico es fanático de Peñarol de chiquito y con ocho años conoce a todos los jugadores, la tabla de posiciones y los detalles. Llora cuando perdemos y se enloquece cuando ganamos. Hay veces que estamos mirando un partido y me dice 'papá tiene que poner a Rossi ahora'. Y cuando Ramos lo pone me mira y me dice 'viste, ¿que te dije?'", afirma Sergio, padre y compañero a la hora de ver los partidos.

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