Faltó aire para la hazaña

La obligación de jugar los tres días con los mismos jugadores hizo mella y Uruguay cayó 3-2 ante Colombia en la Zona I Americana; el sueño del repechaje se volvió a esfumar

La sensación de que la serie de Copa Davis ante Colombia se perdió el viernes es lo que quedó flotando en el aire luego de que ayer, el número 2 de Uruguay, Martín Cuevas, no pudo con su par colombiano, Alejandro González, en el quinto punto del encuentro que inclinó la balanza para los cafeteros.

Y es que aquel punto del viernes era, en lo previo, el más ganable de todos, ya que el mejor jugador celeste enfrentaba al segundo singlista de los visitantes. Pero Pablo Cuevas sufrió una gran contractura en el cuarto set que le impidió seguir jugando con normalidad y González aprovechó la situación para quedarse con el primer punto de la serie.

El propio Pablo Cuevas manifestó ayer que se sentía “culpable” de haber dejado escapar ese encuentro que hubiese significado un triunfo el fin de semana.

Pero nada más lejos de que la responsabilidad recaiga sobre el número 1 celeste, porque en inferioridad de condiciones físicas siguió luchando hasta el final y luego colaboró para anotar el punto del dobles, el sábado, y aplastó a Santiago Giraldo ayer, ante un rival que no solo es el número 32 del mundo, sino que había descansado en la jornada sabatina.

Tampoco es posible pronosticar qué hubiese pasado si Pablo ganaba el viernes, porque así como ese punto se daba por abrochado, el dobles casi estaba descartado como punto celeste, ya que la dupla colombiana es muy poderosa y era favorita.

En esas condiciones, con esos sabores agridulces para cada uno de los equipos se llegó al último día donde Uruguay buscaba la hazaña de dar vuelta la serie.

Y el camino a recorrer empezó bien, porque Pablo Cuevas sacó momentos de su mejor tenis para dejar sin asunto a Giraldo, despachándolo en tres sets con cifras de 6-2, 6-3, 6-3.

El cansancio se hizo visible en algunos pasajes el partido, pero cuando el uno celeste colocó su primer servicio se hizo imparable. Además, movió de un lado a otro a su rival y exhibió potencia y sutileza para hacer daño desde el fondo o definir con voleas y drops puntos que se hacían intensos.

Nunca estuvo en tela de discusión el triunfo de Cuevas, que celebró con ganas una dulce victoria ante un público alborozado que esperaba por la definición en el partido siguiente.

Esa responsabilidad recayó entonces sobre los hombros del hermano menor, Martín, quien a su frente tuvo un jugador con mucha paciencia, demasiada, para trabajar desde el fondo casi como un frontón para incomodar y esperar el error de su rival.

Al principio, Bebu lo llevó bien. Sabía que el partido iba a tener esas características y buscó jugar puntos cortos. El objetivo era doble: no dejar crecer a su rival y evitar mayor desgaste teniendo en cuenta que venía de jugar ocho sets en un partido y González tan solo cinco el viernes.

Durante los dos primeros parciales el uruguayo mantuvo a raya al colombiano, pero luego de ver escapar el segundo set –por el que peleó con alma y vida y estuvo a punto de recuperar el quiebre en el último juego– cayeron todas las fichas. En la mente, en el físico, en el público y allí la serie comenzó a teñirse de amarillo, azul y rojo.

Martín Cuevas peleó palmo a palmo hasta que tuvo energías y quizás esas ansias de ser protagonista le impidió trabajar un poco más los puntos esperando el error del colombiano que, durante la mayoría del tiempo se dedicó a pasar la bola al otro lado de la red.

Uruguay dio pelea en una serie que se sabía difícil. Lo remontó cuando estaba perdido a puro corazón y luchó por una hazaña que no se dio por falta de aire.

 


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