Fallaron las respuestas

Enviado a Chile

"Ser un equipo de respuesta no significa meternos todos atrás y esperar un error del rival. También significa presionar bien, ser pragmático y aprovechar a los definidores que hay", dijo Óscar Tabárez en la conferencia de prensa previa al partido de ayer con Argentina.

Sin embargo, la selección de Uruguay fue, en un principio, respuesta en estado puro ante la propuesta de Argentina y su juego asociado.

La Celeste jugó con un marcado 4-2-3-1 desde el arranque. Y en esto de los números que grafican sistemas de juego no hay equipos que sean más o menos ofensivos por apelar a uno u otro planteo táctico.

Porque es según los movimientos que realicen los jugadores en la cancha, el lugar donde se paran las líneas del equipo (defensa, medio y ataque) y en qué sector del campo se agrupa el bloque lo que define la postura de un equipo.

Y lo de Uruguay ayer fue defensa pura. Se paró cerquita del arco de Fernando Muslera con una línea de cuatro dispuesta a no dejar centímetros de ventaja a los puntas Agüero y Di María.

Pero además de pararse cerca del arco, Uruguay puso a sus dos volantes centrales, González y Arévalo Ríos, bien cerca de los centrales, porque era en esa zona donde Argentina podía tornarse letal con las resoluciones individuales de Messi y el hábil manejo y la capacidad de pase de Pastore.

Los tres volantes que se pararon por delante del doble 5 (Rolan, Lodeiro, Cebolla Rodríguez) jugaron en constante repliegue y con muy intermitentes desdobles, cuidando las subidas de los laterales rivales (Zabaleta por derecha, Rojo por izquierda) mientras que Lodeiro intentó por el medio cuidar el primer pase de la gestación, generalmente a cargo de Mascherano.

Cavani, una vez más, fue un llanero solitario alimentado a pelotazos de 40 metros y al mismo tiempo un soldado obligado por instinto propio a replegarse para colaborar con la marca.

No puede decirse que durante los primeros 45 minutos el plan uruguayo haya sido exitoso más allá del 0 a 0 del marcador.

Porque la sociedad Messi-Pastore, con mucha mayor actividad del jugador de Paris Saint-Gemain que del astro de Barcelona, le generó muchos problemas al sistema de contención uruguayo.

También la movilidad de Agüero que como referencia central de ataque fue de muy difícil decodificación para la zaga nacional. La de Di María, no tanto.

Pero el gol rompe los esquemas y como estaban planteadas las cosas, era mucho más factible un tanto de Argentina que uno de Uruguay.

Llegó a los 55' y Tabárez se vio obligado a cambiar. A responder. Y ahí entró a jugar el plan B.

Tabárez apostó por un 4-4-2 con Sánchez por la banda derecha y Rolan por la izquierda con la salida del Cebolla. Después resignó pase con Lodeiro sumando otro punta, la Joya Hernández.

¿Mejoró Uruguay? Si. Lenta y paulatinamente. Sumándole a la pelota quieta otros elementos. Una presión más agresiva, más alta. Una mayor explosión por las bandas y un mejor aprovechamiento de remates a distancia.

Así Uruguay arañó el empate dejando una sensación de duda sobre el qué hubiera pasado si adoptaba una actitud más ofensiva desde el inicio.

Tal vez sorprendía al rival. Pero tal vez cambiaba fuego por fuego y se exponía en forma suicida a un ataque letal como el argentino desde el minuto cero.

Meros supuestos. La realidad se vio en el campo. Y en definitiva, cuando las respuestas de Uruguay terminaron fallando a pesar de todos los aciertos del plan A y del B.


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